Sin transparencia, gobiernos y ciudadanos acaban enfangados en el clientelismo

Billetes de euros. / 123rf.com
Billetes de euros. / 123rf.com

La justicia fiscal se fundamenta en la transparencia y en la capacidad económica del contribuyente, no en las ideologías ni en la política partidaria, subraya este autor.

Sin transparencia, gobiernos y ciudadanos acaban enfangados en el clientelismo

La justicia fiscal se fundamenta en la transparencia y en la capacidad económica del contribuyente, no en las ideologías ni en la política partidaria, subraya este autor. 

Cuando se aproximan las elecciones políticas, los gobiernos se excitan e ignoran los deberes que tiene el espacio fiscal propio. Este espacio aporta, en las administraciones territoriales (municipios, diputaciones y comunidades autónomas) equilibrio, redistribución e incentivos al crecimiento. Y junto a los ingresos por transferencias y subvenciones, configura el grueso de los recursos que financian sus obligaciones de gasto. El espacio fiscal propio aporta, pues, capacidad para establecer, suprimir, modificar y gestionar los tributos, para diseñar políticas fiscales distintas y para ofertar patrones alternativos de cargas tributarias. También permite cuantificar los ingresos fiscales que aportan los residentes de la jurisdicción al presupuesto de cada administración territorial. 

Estamos ante actividades imprescindibles para reforzar la justicia y la política. Por eso desconfíe usted del gobernante que solo habla de impuestos para suprimirlos, reducirlos o condenarlos. El coste de sus promesas también recae sobre los ciudadanos contribuyentes, pero de forma más más sutil e injusta. Las transferencias y subvenciones son impuestos que pagan los ciudadanos residentes en jurisdicciones ajenas y los ingresos por deuda son impuestos que soportarán las generaciones futuras. 

Y si los alcaldes y presidentes autonómicos entienden que reducir impuestos es defender mejor los intereses del ciudadano residente, aquellos que aportan las subvenciones, ayudas o prebendas diversas, están obligados a dar explicación pertinente a los contribuyentes que las financian. La justicia fiscal se fundamenta en la transparencia y en la capacidad económica del contribuyente, no en las ideologías ni en la política partidaria. Estamos, pues, ante una situación que surgirá en los presupuestos de la Comunidad Autónoma gallega para el próximo ejercicio. Su Presidente ya anunció que habrá reducciones fiscales en el IRPF e Impuesto de Sucesiones y Donaciones. También anunció el “cheque bebé” como incentivo ilusorio para corregir nuestra grave crisis demográfica. Y es que a ciertos gobernantes les encanta vernos como mercancías que se compran y se venden.  

En los debates sobre la financiación autonómica y local apenas se mencionan estas cosas. La obsesión del gobernante territorial es lograr más dinero del Estado, ya sea por vía de impuestos cedidos, transferencias o subvenciones. La capacidad normativa se utilizará después para reducir impuestos visibles (IRPF, patrimonio neto, sucesiones y donaciones), aumentando los que tienen una percepción más compleja o difusa (transmisiones patrimoniales, actos jurídicos documentados, etc.). Por eso interesa cuantificar y dar publicidad al saldo tributario resultante. Sin transparencia ni responsabilidad fiscal, gobiernos y ciudadanos acaban enfangados en el paternalismo y en el clientelismo político, circunstancia que siempre afecta a la eficiencia, equidad y razón democrática de las administraciones públicas.

Ahora el 1% de la población más rica tiene ya más riqueza que el 99% restante 
Pero casi nadie menciona los destrozos y peligros de la situación mundial, así como las amenazas que ciertas políticas económicas incorporan. Las patologías del beneficio máximo existen y provocan pobreza, desigualdad, exclusión, emigración, dictaduras y estallido social, cuando esos efectos apenas se reconocen y afrontan. Las cifras son esperpénticas. Ahora el 1% de la población más rica del planeta Tierra tiene ya más riqueza acumulada que el 99% de la población restante. Y por eso la destrucción de la dignidad humana y de la naturaleza avanzan de forma acelerada. Son consecuencias y efectos crueles de nuestra organización social, de nuestra ignorancia y de nuestra estupidez.

 

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