La sociedad actual asiste atónita a la crisis territorial de la hacienda local

La fusión municipal no constituye un objetivo en sí mismo, sino es uno de los medios posibles para la consecución de la eficiencia en la prestación de bienes y servicios públicos.

La sociedad actual asiste atónita a la crisis territorial de la hacienda local

La fusión municipal no constituye un objetivo en sí mismo, sino es sólo uno de los medios posibles para la consecución de la eficiencia en la prestación de bienes y servicios públicos.

La experiencia federalizante llevada a cabo en algunos países, sin problemas heredados de un orden jerárquico preexistente, es diferente de la europea, en donde tuvo mucho peso la organización territorial derivada de la división municipal de base napoleónica. El modelo institucional que se abrió paso en algunos países como el nuestro, deudores de necesidad organizativa y de políticas eficaces para dar respuesta a la centralización, pronto puso de manifiesto que la excesiva fragmentación municipal era una fuente de problemas, que se agudiza a medida que los procesos de urbanización van emergiendo.

La sociedad actual, en continuo cambio, inmersa en un mundo global, asiste atónita a la crisis territorial de la hacienda local, moneda corriente en muchos países, que se revela más aguda cuanto menos se haya hecho por aliviarla. Constatamos la inadaptación de los límites administrativos a las realidades económicas y sociales, una reducida dimensión territorial o poblacional de las entidades, a la vez que se ha ido construyendo un territorio “relacional” que plantea entre sus mayores desafíos la racionalización de las estructuras institucionales.

La tentación lleva a proponer remedios 'mágicos', e incluso a repetir obviedades que no conducen a ninguna solución

 

Consecuentemente, el debate se afana en encontrar la congruencia entre estos territorios, busca la manera de encajar los círculos de los ciudadanos que se benefician de los servicios, de aquellos que contribuyen a su financiación y el de los decisores o políticos que gobiernan, en aras de una provisión más eficiente y equitativa de los bienes y servicios públicos.

Estamos ante una realidad en la que para hacer frente a la endémica situación financiera y competencial del espacio local, se ha optado por la práctica de técnicas de colaboración que, sobre el papel al menos, pretenden facilitar la cooperación interadministrativa, aportar flexibilidad en la gestión de los recursos e introducir criterios de eficiencia y eficacia que, sin embargo, no han dado los resultados esperados.

¿Soluciones o problemas?

En general, más que aportar soluciones han añadido problemas en el orden político tales como la pérdida de autonomía y transparencia municipal, así como una merma del poder democrático directo.

La tentación lleva, en ocasiones, a proponer remedios 'mágicos' y sencillos; incluso, a repetir obviedades que no conducen a ninguna solución real.  Partiendo de la base de que las pautas federales no son exportables como modelo acabado, es poco probable su estandarización, haciendo abstracción de las circunstancias específicas de cada país. La fusión obligatoria ha funcionado en los estados nórdicos, no así en los mediterráneos, donde lejos de aliviar las dificultades señaladas, ha introducido fuertes hostilidades entre administraciones, habiendo fracasado todos los intentos en este sentido.

Hacia una cultura de cooperación
La racionalización de los equipamientos y el reparto de las cargas es un objetivo, y éste  puede alcanzarse a través de fórmulas de geometría espacial variable bien diseñadas. Es decir, la fusión municipal no constituye un objetivo en sí mismo, sino es sólo uno de los medios posibles para la consecución de la eficiencia en la prestación de bienes y servicios públicos. Para ello, quizás sea necesario conseguir una cooperación efectiva previa entre municipios, pero de una manera diferente a la actual. Hay que crear cultura de cooperación, a través de incentivos, diseñando mecanismos ya inventados que introduzcan gestión profesional, democrática y transparente en estos entes. Sólo de este modo conseguiremos avanzar en la modernización de la gestión de los servicios de proximidad al ciudadano y en la cooperación intermunicipal que, en un estadio final, podría derivar en fusiones buscadas y promovidas por las propias entidades, pero nunca impuestas por otros niveles de administración.

 

La sociedad actual asiste atónita a la crisis territorial de la hacienda local
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