El retrato deteriorado y marchito de Dorian Iglesias o Pablo Gray

Pablo Iglesias.
Pablo Iglesias.

Si Oscar Wilde levantase la cabeza, se pondría a escribir frenéticamente la increíble historia de este Dorian Gray español. Pablo sigue joven y Lozano, pero su imagen envejece prematuramente.

El retrato deteriorado y marchito de Dorian Iglesias o Pablo Gray

Si Oscar Wilde levantase la cabeza, se pondría a escribir frenéticamente la increíble historia de este Dorian Gray español. Pablo sigue joven y Lozano, pero su imagen envejece prematuramente.

Quién dices, ¿Pablo Iglesias? Hombre, por una parte yo qué sé y por otra qué quieres que te diga. En realidad fue ayer cuando salió hacia Bruselas con su flamante y merecida Beca Erasmus. Pero, chico, a mí me da la sensación de que han pasado un horror de años, un horror de cosas, un horror de casos y un horror de síntomas de esos que acaban desembocando en una repentina y trágica metamorfosis Kafkiana. Apenas hace unos meses, era el chico atractivo, alternativo, seductivo que elevaba el lívido de una España civil y una España mediática, miradlas, hartas de practicar sexo político con una derecha programáticamente menopáusica y una izquierda ideológicamente transexual.

Pablo, verás, era ese vecino gigoló que incitaba a un parte de la España conservadora a ponerle los cuernos a la calle Génova; o el oscuro objeto del deseo de una España socialista, miradla, que lleva años compartiendo un domicilio ideológico conyugal, Ferraz, 70, en el que la cúpula y los militantes duermen en camas separadas; o, bueno, el “malote” ese, arquetipo del siglo XXI, que atrae al dulce pájaro de juventud como los bancos suizos a otro tipo de pájaros de la variada fauna ornitológica nacional.

La foto de Pablo envejece como el retrato de Dorian Gray

A simple vista, el líder de Podemos sigue siendo el mismo, como el protagonista de una de las obras maestras de Oscar Wilde seguía siendo arrebatador para sus contemporáneos personajes literarios. Pero su fotografía envejece, como iba envejeciendo el retrato de Dorian Gray, al ritmo trepidante de los vicios de prepotencia, de autoritarismo, de intervencionismo, de actitudes, por acción u omisión, que acaban arrancándote un sincero y desinteresado murmullo en forma de lamento extraído del rico y sabio refranero español: de casta le viene al galgo. ¡Qué más quisiera un servidor, cualquier español de buena voluntad, que nuestros políticos, los viejos y los nuevos, no echasen siempre a correr a ciegas, a lo loco, detrás del poder, como los galgos detrás de los conejos mecánicos de los galgódromos!

Los nocivos efluvios del poder

Es la leche los nocivos efluvios que despide el poder a medida que se aleja o se pone a tiro en las encuestas y las citas electorales, oye. A Podemos, un partido recién estrenado, le han salido ya telarañas éticas y estéticas. Ciudadanos padece un ataque agudo de vértigo tras sus primeros metros de escalada por la cara sur de la cadena montañosa electoral Penibética. Rajoy se ha ido a desconectar al Parque de Doñana, ¡pobrecito mío! No comprendo cómo nadie le ha recordado: ¡pero, hombre, Mariano, si lleva usted tres años y pico más desconectado que el mismísimo Robinson en la dichosa isla de Julio Verne! Y, bueno, Sánchez sigue empeñado en que él es Pedro, y que sobre su “piedra” (digo yo que debe referirse a su cabeza dura)  ha levantado el titubeante templo electoral de Andalucía.

Susana del Gran Poder y las maldiciones del Sur

Al sur se ha ido precisamente estos días el Presidente del Gobierno, no sé yo si a hacer penitencia electoral o como ejemplar de especie política en extinción, con su prudencia galaica habitual, para reconocer sobre el terreno cómo funciona una paradigmática zona de supervivencia protegida. Siempre les quedará Santa Pola a Mariano y Viri, como siempre les quedará París a Bogart e Ingrid. Del sur regresó hace unos días Rosa Díez, proclamada sin remisión especie política extinguida. Y en el sur hemos descubierto que el retrato de Pablo Gray o Dorian Iglesias, a gusto del consumidor, corre serio peligro de envejecer a mucha más velocidad que su modelo real. Todo parecía indicar que la “casta” Susana iba a toparse con el Iglesias, pero ha sido el Iglesias el que se ha topado, en vísperas de Semana Santa, con la “casta” de Susana del Gran Poder. Allí abajo es que hay mucha malafollá, mucho malaje y mucha cosa que no viene en los libros de los polítólogos, oye. Allí, la Red, las redes, proporcionan más pescaitos, más gambas, más papeletas rústicas, je, que votos ilustrados y retwiteados.  

Los Iniestas se nos funden; los Iscos se nos desinflan…

En fin, que éramos pocos, teníamos pocos dinosaurios en el hábitat político español, y una plaga de progeria, un extraño síndrome de Hutchinson-Gilford amenaza de vejez prematura a los últimos hallazgos paraideológicos encargados de velar por la evolución de la especie. A España se le están fundiendo los Iniestas, pero no acaban de ponerle cachonda los Iscos. Todavía alinea en el equipo titular a las Susanas y sigue dejando en el banquillo a las Teresas. Aun sigue deshojando la margarita, si, no, si, no, entre lo pésimo conocido, lo malo recordado y lo regular por conocer.

No es que a Pablo Iglesias le haya mirado un tuerto, que va. Es que le han gafado Zapatero y Bono, que es mucho peor.

Nota.- Si es usted supersticioso, absténgase de pronunciar en voz alta los nombres de ex Presidente del Gobierno y el ex Presidente del Congreso de los Diputados. Podría perjudicarle seriamente la salud.

El retrato deteriorado y marchito de Dorian Iglesias o Pablo Gray
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