La resistencia a desclasificar los papeles alimenta las sospechas del 23-F

Portada del libro La gran desmemoria. Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar. / Mundiario
Portada del libro La gran desmemoria. Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar. / Mundiario

Una versión tan grave como la que da Pilar Urbano sobre la actuación del Rey en el 23-F no admite el recurso de los dimes y diretes. Se requiere transparencia.

La resistencia a desclasificar los papeles alimenta las sospechas del 23-F

Nueva versión de las dos Españas. Una que ensalza la figura del Rey como salvador de nuestra democracia en aquella nefasta fecha del 23-F y la otra que lo condena como el instigador de aquel movimiento golpista apoyándose en su estrecho colaborador Alfonso Armada. Unos y otros dicen tener indicios y pruebas de lo que afirman y sostienen. ¿A quién creer? Como el hombre es desconfiado por instinto (desconfía y acertarás), resulta más fácil alinearse con las leyendas "malévolas" que con las "benevolentes". Por si fuera poco, Pilar Urbano echa más leña al fuego de esta segunda hipótesis. ¿Y qué hace la Casa Real? En primer lugar tarda tres días en salir al paso bajo la excusa de que hay esperar a que la autora presente el libro, argumento de difícil encaje. Mientras tanto irrumpe en la escena el hijo de Adolfo Suárez, supongo que tras una llamada del monarca, para pedir la retirada del libro porque publica una foto sin su autorización, lo que no parece un motivo muy consistente. Por fin Casa Real emite un comunicado en el que desmiente y adjetiva de ficción el relato de Urbano. Felipe González, al que supuestamente dieron vela en aquella noche del asalto al Congreso, dice de la periodista y escritora que miente más que habla.

Rumorología

Vemos como una vez más, un asunto tan grave se trata de resolver con dimes y diretes, con asertos y desmentidos. Si lo que cuenta Pilar Urbano es todo mentira, afectando a la más alta Jefatura del Estado, tendría que ser empapelada judicialmente ipso facto, trámite que no se da, al menos no se anuncia. Pero además, lo que contribuye a sembrar más sospechas y, por consiguiente, a dar solidez a la teoría "malévola", es que los documentos relativos a la acción de Tejero y compañía no se quieren desclasificar. Sería la única manera de desentrañar el misterio que rodea al 23 de febrero de 1981 y de aclarar las dudas que se plantean. Cuanto más se tarde, mayor razón asistirá a quienes piensen que con el levantamiento del secreto, los papeles habrán sido ya contaminados y esta prueba, en teoría inequívoca, merecerá poca o nula credibilidad por parte de la ciudadanía. Han transcurrido treinta y tres años y seguimos dando pábulo a la rumorología, deporte en el que los españoles parecemos ser unos campeones. 

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