El referéndum por la independencia de Escocia deja lecciones a observar en el futuro

Las dos caras de la votación en Escocia, según el Daily Star. / dailystar.co.uk
Las dos caras de la votación en Escocia, según el Daily Star. / dailystar.co.uk

En Escocia, el propio diseño y desarrollo del proceso de consulta ha influido tanto o más que las cuestiones de fondo a favor o en contra de cada opción.

El referéndum por la independencia de Escocia deja lecciones a observar en el futuro

En Escocia, el propio diseño y desarrollo del proceso de consulta ha influido tanto o más que las cuestiones de fondo a favor o en contra de cada opción.

Parece haberse extendido el consenso sobre lo modélico que ha resultado el referéndum por la independencia de Escocia. Ha tenido sin duda elementos de valor trascendente pero ha mostrado también defectos de singular relevancia que sería conveniente poner de manifiesto y valorar en su justa medida.

La voz del pueblo

Escocia ha ejercido su derecho a decidir su forma de estar en el mundo. Han sido los escoceses de manera soberana quienes han determinado lo que Escocia será durante, al menos, las próximas décadas. Y lo ha hecho a partir de un acuerdo institucional que se ha respetado escrupulosamente a lo largo de las distintas etapas del calendario diseñado.

El pueblo escocés ha dispuesto de tiempo para reflexionar de un modo sereno, no exento obviamente de emociones, sobre su futuro como país mientras que los partidarios de una u otra opción han tenido la ocasión de manifestarse en función de sus argumentos, evitando, con anecdóticas excepciones, la visceralidad, los exabruptos y las descalificaciones.

La altísima participación ha sido otra circunstancia digna de celebrar, la cual ha terminado por convertir la consulta en un auténtico legado de convivencia del cual tomar ejemplo e imitar. Sin embargo, este artículo quiere poner el énfasis en aquellas circunstancias que han condicionado el resultado, en una dirección o en otra, y que igualmente se deben tener muy presentes en futuros procesos.

Deficiencias singularmente relevantes

El primer y principal problema ha sido, en nuestra opinión, el objeto difuso del voto. Haber reducido la respuesta a blanco o negro, ha privado al elector de cualquier tonalidad intermedia. De esta manera, se ha negado una realidad posible. Así, se proponía mantener el status quo actual o quebrar la pertenencia al Reino Unido. ¿Qué elegirían pues quienes preferían optar por cambiar el status quo sin quebrar la pertenencia a Gran Bretaña?

Más allá de esta cuestión esencial, surgía una larga relación de interrogantes cuya resolución condicionaría de manera crítica el sentido del voto. Por ejemplo: el Reino Unido se constituye en el mayor mercado de los productos escoceses; ¿implicaría la separación perder la integridad comercial o se arbitraría alguna fórmula de funcionamiento transnacional?

Más cuestiones clave: ¿podrían utilizar los escoceses la libra esterlina? ¿En qué condiciones? ¿Podría acceder la banca escocesa a las facilidades de financiación y liquidez del Banco de Inglaterra? ¿Cómo se distribuiría la deuda pública? ¿Contaría el Estado escocés con algún tipo de aval por parte del Estado británico durante el período de transición en el cual tuviese que soportar los costes de la separación? ¿Cómo se tratarían los ingresos de las empresas escocesas con presencia en el Reino Unido? ¿Habrían de crear en algún caso filiales inglesas? ¿Facilitaría el Reino Unido el acceso de Escocia a la UE por la vía rápida o el nuevo Estado habría de superar el tortuoso procedimiento habitual?

Añado una pregunta de síntesis a la lista anterior: ¿Cómo se debería evaluar la calidad de los votos emitidos cuando una buena parte de los elementos básicos de constitución del nuevo Estado se desconocían? La respuesta más lógica habría sido ni Si ni No; Depende.

Esta incertidumbre que aderezó la consulta se reveló una herramienta crítica a favor de los llamados unionistas y condicionó sin duda el sentido del voto. El ciudadano escocés valoró la enorme trascendencia de su decisión y prefirió finalmente no arriesgarse a un futuro que se podría haber convertido en una auténtica aventura de conclusión incierta.

Existió algún otro elemento discutible, como adaptar el censo a la ocasión, permitiendo el voto a los mayores de dieciséis años, una auténtica frivolidad, o excluyendo a los escoceses en el exterior, ésta una arbitrariedad de difícil justificación.

Aplicación a Cataluña

La aplicación del proceso en Escocia a Cataluña resulta obvio. No se trata tanto de comparar como de aprender de la experiencia. La primera enseñanza se muestra descarnada. En Cataluña, la cuestión nace con el recurso al Estatuto de Autonomía aprobado por el Parlamento y el pueblo catalán en 2006. El hito siguiente se produce cuando el presidente español rechaza cualquiera negociación en torno a un posible concierto fiscal. Sin ambas circunstancias, el llamado “desafío catalán” no se habría producido. El proceso independentista no mana del entendimiento entre gobiernos sino, muy al contrario, de su enfrentamiento.

El órdago de la Generalitat y del consorcio articulado a su alrededor cala de manera incendiaria en la sociedad catalana ante la ceguera y la estulticia del gobierno español. Y se llega a la Ley de Consultas catalana y al recurso ante el Constitucional de previsible resolución. Pero por muchas barreras legales que se levanten, esto no tiene marcha atrás. Cataluña votará; la cosa es saber cómo y cuándo.

No puede, o no debe, hacerlo el 9 de Noviembre. Y no tanto por cuestiones de orden jurídico, que se podrían haber solventado con buena voluntad, sino porque la posible consulta no cumple los requisitos mínimos para garantizar la calidad del voto, un parámetro de imprescindible consideración ante la solemne relevancia del resultado.

En primer lugar, la doble pregunta se me antoja compleja y hasta engañosa. En segundo lugar, la presentación franca de argumentos y su debate abierto se ha substituido por declaraciones de carácter efectista y movilizaciones de elevada vistosidad. En tercer lugar y principal, la mayoría de factores constituyentes del posible nuevo Estado están, no ya sin definir, sino incluso sin empezar a tratar. ¿Quién puede atribuir ningún valor al voto emitido en tales condiciones? La única respuesta posible en estos momentos sería nuevamente: Depende.

Posibles escenarios

Son dos los factibles: que los políticos catalanes prosigan su carrera hacia adelante hasta provocar una colisión cuya resultado sea Todo o Nada, o bien que miren atrás, observen lo conseguido, y empiecen a negociar una consulta de acuerdo con el gobierno español. Dado que con el ejecutivo actual no son previsibles grandes avances, habrán de continuar tratando con el siguiente, seguramente más propicio. Y todo ello porque, se quiera ver o se prefiera ignorar, hay un hecho cierto que se impone sobre lo demás: Cataluña necesita de España, especialmente en caso de secesión.

El referéndum por la independencia de Escocia deja lecciones a observar en el futuro
Comentarios