¿Quién dijo que había que entregarlo todo cuando sientes amor hacia alguien?

Salir ilesos del amor.
Salir del amor ilesos.

Si deja de quererte ¿qué haces con todo lo que sientes? y si continuas queriendo pese a todo, ¿quién se encargará de todo ese sentimiento derrochado?

¿Quién dijo que había que entregarlo todo cuando sientes amor hacia alguien?

Si deja de quererte ¿qué haces con todo lo que sientes? y si continuas queriendo pese a todo, ¿quién se encargará de todo ese sentimiento derrochado?

¿De toda esa emoción perdida? ¿Qué ocurre al despertar por la mañana y darte cuenta que el vacío es inmenso, que la soledad te sonríe desde cualquier esquina y que tu estómago le responde con un dolor tan agudo como si te hubieran regalado el tacto de un puño firme y certero? Dime, ¿qué ocurre esa mañana en las que no deseas despertarte y tampoco puedes continuar durmiendo?

No puedes entregarte por completo, no debes, no se puede querer a nadie por encima de lo que te quieres tú, a ti mismo. Es una trampa de la que quizá no salgas vivo y tengas que nacer en otra vida dentro de la que ya tienes para sobrevivir al naufragio del barco que creías que jamás se hundiría, de tu propio Titanic directo a un corazón congelado.

Deberás hacerte un traje de olvido a la medida, porque el camino te recordará que hubo árboles más grandes y flores que olían mejor. No puedes entregar tu pensamiento, regalarlo y tampoco venderlo. Porque no puedes abandonarte si te abandonan, tu viaje es único e intransferible y el amor, son momentos en los que aportas a un tiempo en compañía pero no hay deudas, ni deudores, no hay obligaciones, ni intercambios medidos a razón de lo que pone cada uno encima de la mesa porque esto no es un juego de mesa a pesar de que una mesa siempre ofrezca mucho juego...

No puedes sentir el tic tac de un corazón que no late encerrado en tu pecho, aunque sea muy romántico, jamás bombeará tu propia sangre. No puedes perderte en la ruta de un mapa que marca los caminos a seguir de otra vida que no te pertenece.

Así que cuando se vaya, entiéndelo como una enfermedad pasajera que tendrás que sudar y acabar meando mientras tomas zumos de minutos, galletas de horas y sopitas de días porque es  una enfermedad pasajera que también podrás superar incubando un virus mayor, un virus nuevo, que te revolucione por dentro y por fuera, que te escuche y te sonría. Uno de esos virus que saben esperar, que te vacunan de lo anterior y te refuerzan para lo posterior. Para el que te recetarán música a todas horas, cantar en la ducha y fuera de ella, bailar antes del desayuno y mirarte al espejo para decirle y recordarle a tu reflejo que eres lo mejor que tienes en este mundo. Porque quererte con locura no implica orgullo, ni un ego mal entendido y digerido.

Y a partir de ahora desea sentir con quien quiera sentirte. Levántate, sacúdete del pasado y vístete de presente, con colores vivos, suaves o intensos, los que quieras y no regales tu dolor a nadie.  Gestiona tus lágrimas de modo que nadie tenga derecho a verlas de forma gratuita a no ser que te estés muriendo de risa. Amate mucho, porque eres único e irremplazable. El mundo continuará girando cuando no estés, pero ahora estás aquí…

¿Quién dijo que había que entregarlo todo cuando sientes amor hacia alguien?
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