Los presupuestos para 2016 demuestran la alarmante falta de ideas de Rajoy

El presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy.
El presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy.

Visto el contenido de estos Presupuestos Generales del Estado, aún se entiende peor esa urgencia por presentarlos a cinco meses vista de su supuesta implantación.

Los presupuestos para 2016 demuestran la alarmante falta de ideas de Rajoy

Visto el contenido de estos Presupuestos Generales del Estado, aún se entiende peor esa urgencia por presentarlos a cinco meses vista de su supuesta implantación.

 

Como se repite cada año, los Presupuestos generales se revelan el primer instrumento de la política económica de un gobierno. Sin embargo, estos de 2016 en España parecen obedecer a otra realidad. La política económica del ejecutivo Rajoy se plasmó en una reforma laboral encaminada a desmochar los derechos de los trabajadores, en una reforma de las pensiones dirigida a cercenar los ingresos de los jubilados, en la modificación de la cobertura del desempleo para reducir las prestaciones a los parados, en el recorte de las condiciones profesionales de los funcionarios y en una reforma fiscal que reservó los mayores beneficios para los contribuyentes de rentas altas. A ese paquete de medidas habría que añadir la drástica contracción de la inversión pública. El resultado de esa política es de sobra conocido: una deuda pública próxima al 100% del PIB.

Los presupuestos para 2016 ni reinciden en la estrategia anterior ni tampoco la corrigen. Se limitan a realizar pequeñas variaciones cosméticas a efectos de poder vender las dos ideas que el Partido Popular está empeñado en colocar al frente de su inminente campaña electoral: aumento del gasto social y rebaja de impuestos.

La clave de los ingresos

Sabemos que todo presupuesto se compone de unos ingresos, unos gastos y un saldo que, de ser positivo determinaría un superávit y en caso contrario, un déficit. Aunque la mayor parte de las acciones del gobierno Rajoy se han ensañado con el gasto, hemos de repetir una y mil veces que el problema de las cuentas públicas españolas reside en los ingresos. El gasto público sobre PIB español se encuentra en valores comparables con la media de la Unión Europea y por debajo de países que consideramos eficientes en la gestión de sus administraciones. Y ello, como también he señalado en varias ocasiones, a pesar de que el gasto del desempleo sea mayor en España así como el derivado de los intereses de la deuda.

La economía española requiere una política fiscal diametralmente opuesta a la actual del Partido Popular que permita aumentar al menos 10 puntos los ingresos públicos respecto al PIB. Ese habría de ser el objetivo del ejecutivo de Rajoy que, sin embargo, se encuentra cautivo del correoso lobby ideológico de la derecha capitaneado por el expresidente Aznar quien no desprecia ninguna oportunidad para insistir en la necesidad de reducir impuestos. Habría que responderle que la aplicación continua de tan pertinaz principio implicaría abordar en pocos años el supuesto de Estado con impuestos nulos lo que a su vez supondría la eliminación del sector público en beneficio de un plenipotenciario sector privado. Hay que afirmarlo bien alto: reducir impuestos en España es un disparate hasta que no alcancemos el índice de ingresos públicos medios de Europa.

Pero hay otra cuestión fundamental por el lado de los ingresos: la Seguridad Social, que presenta año a año un déficit relevante, alrededor de 10.000 millones de euros en 2014. Como es conocido, el gobierno Rajoy ha recurrido durante este mandato a la llamada “hucha” de la Seguridad Social en varias ocasiones. Su saldo ha pasado de 70.000 millones de euros a menos de 40.000 con la amenaza de que la disminución continúe. O bien se articula un nuevo procedimiento para aumentar la recaudación o bien podemos contar con una Seguridad quebrada en pocos años. ¿Qué se ha hecho a este respecto en los Presupuestos 2016? Absolutamente nada.  

Otro presupuesto es posible

Claro que otro presupuesto es posible. Uno que parta de una estrategia de crecimiento, innovación y diversificación productiva, de la búsqueda de recursos suficientes que financien esa estrategia sin incurrir en déficit y de una distribución justa de las cargas entre los segmentos con mayor capacidad contributiva. Los datos que se han conocido la semana pasada sobre la cuota real impositiva que soportan las grandes corporaciones (en torno al 5% de sus ingresos en los últimos seis años) confirman que la economía española está completamente desequilibrada. Es necesario realizar un análisis a fondo de sus fortalezas y, sobre todo, de sus debilidades reales a fin de diseñar estrategias que garanticen el dinamismo y la competitividad en los próximos ejercicios. Esas estrategias deben trasladarse a los modelos econométricos del gobierno y confeccionar a partir de ahí los presupuestos generales. Este habría de ser el flujo de actuación. Me temo que el plan ni siquiera se ha intentado poner en marcha. Faltaría el primer eslabón: el de las ideas.

 

Los presupuestos para 2016 demuestran la alarmante falta de ideas de Rajoy
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