Un posible pacto educativo puede ser un trampantojo nada taumatúrgico

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez.
Mariano Rajoy y Pedro Sánchez.

Un acuerdo entre los dos partidos mayoritarios  en el Parlamento sería en este momento altamente perjudicial para la enseñanza pública y para los intereses mayoritarios de los ciudadanos.

Un posible pacto educativo puede ser un trampantojo nada taumatúrgico

Un acuerdo entre los dos partidos mayoritarios  en el Parlamento sería en este momento altamente perjudicial para la enseñanza pública y para los intereses mayoritarios de los ciudadanos.

El pasado día 2 de febrero (1), Pedro Sánchez , después de firmar el ya cuarto pacto antiterrorista -en que de rondón nos colaban la aceptación de la cadena perpetua-, tuvo a bien explicar su aspiración a que no fuera el último y excepcional gesto de complicidad con los actuales gobernantes de casi todo. Pocos días han bastado para que, de pronto, se planteara en el horizonte de la responsabilidad opositora la posibilidad de que la educación constituyera el siguiente ámbito en que la confrontación política adquiriera estratégicos perfiles más sosegados (2). Este jueves y  viernes pasado, días cinco y seis, varios medios se hacían eco de esta perspectiva que, por otra parte, tan anhelada había sido otrora (3).

Tan ingenioso y raudo anuncio produce sensaciones encontradas. En primer lugar –y sin paliativos- la satisfacción indudable de que por fin parezca primar la racionalidad en un terreno suficientemente complejo como transido de una larga historia de confrontaciones y carencias. Tanto, que, si se sigue trabajando la diferencia, se puede lograr una mayor distancia entre los ciudadanos, propicia para el garrotazo incivil, pero en el que también puede caber la generosidad de unos y otros con provecho infinitamente más fructífero para todos.   

Lo insensato, de todos modos, sería quedarse en el desmemoriado recitado maquinal de la buenaventura y no lamentar el tiempo perdido. Más de tres años, si no más, desde que Ángel Gabilondo planteara como clave para su mandato en Educación el pacto social educativo, un intento que las perspectivas de triunfo electoral del PP desbarató por completo cuando ya estaba casi concluso (4). Una frustración, además, para cuantos habían aspirado a que las dos Españas se encontraran -o, al menos, se reconocieran un poco y se saludaran-, porque lo que vino a suceder en estos inmediatos años pasados fue que el rodillo de la mayoría parlamentaria ahogó todo intento de diálogo. Nada se hizo por continuar el valioso camino emprendido y sí mucho por cavar trincheras más profundas. Y mil dudas caben sobre los asuntos a acordar justo en este momento preciso..

¿Servirá este actual afán de acuerdo para borrar tanto orgullo esclarecido como el marcado por los reformismos de la LOMCE, la FP básica o el Decreto último sobre Grados y Másteres universitarios? ¿Lograrían nuestros excelsos representantes dar cuerpo real a la pregonada importancia de la educación, con medidas concretas que faculten a todo ciudadano acceder a una enseñanza científica y de calidad contrastada, hasta donde le sea posible? ¿Se pondrían de acuerdo en suprimir todos los signos de desigualdad y segregación que tiene actualmente el sistema? ¿Se ocuparían de que la función docente tenga las garantías de dignidad y mérito profesional que necesita, sin encomendarlo todo a la voluntariosa “vocación docente”? ¿Se encargarían, de una vez, de hacer que todo el sistema educativo –desde infantil a Universidad- fuera un todo capaz de realimentarse entre sí para dotarse de los mejores profesionales por medios y exigencia, y con amplio reconocimiento social? ¿Accederían a blindar los presupuestos de la educación publica para que tuviera la calidad indispensable que los tiempos requieren? ¿Tratarían de que la confesionalidad religiosa no sea un asunto del currículum escolar formal, como corresponde a un estado democrático y laico?...  ¿O se querría tan sólo confirmar la situación de deterioro y minusvalía de lo público a que  se ha llegado justo en este momento? ¿Ha de revalidarse como valioso cuanto se ha legislado y decretado en el transcurso de estos tres años últimos, de modo que la amenaza que pende sobre ello  -como se concertó justo cuando era aprobada la LOMCE- sea retirada de las perspectivas posteriores a las elecciones generales, como si aquí no hubiera pasado nada y todo estuviera en su debido sitio?

Los candidatos a suscribir este posible consenso de ahora harían mal en dejar en el aire todo lo que, antes de Wert, quedó escrito al respecto. Fue bastante y a menudo muy interesante, especialmente cuando –contra la inveterada tradición de sostener vergonzante cerrazón-  se tuvieron en cuenta muy plurales opiniones y se dejó constancia de “la educación que queremos” y necesitamos con urgencia. Tampoco es malo acordarse de lo que incluso el Consejo Escolar del Estado -pese a sus condicionantes- ha reflejado en cuanto a carencias y necesidades más perentorias. De no remar en tal dirección, de nada valdrá concordar algo, porque todo se quedará, otra vez más, en verborrea hueca. Un frente más amplio de partidos que vengan a no discrepar en asuntos como los planteados más arriba –y que en un pacto que merezca la pena no deberán soslayarse-, no ayudará a nuestra deficiente y desigual educación, sino que la aquejará más de inamovilidades indiscutidas. Podrá servir estratégicamente a sostener un frente incierto ante los ciudadanos votantes, especialmente ante los que, indignados por recortes injustos, se han movilizado ininterrumpidamente en la calle y en los medios a través de sindicatos, plataformas y mareas diversas, algunos de los cuales quieren ensayar una nueva vía participativa. Pero nada más, después de unos años tan duros de refriega contra imposiciones injustas, desmedidas y a contrapelo de todo diálogo.

Se supone que los posibles firmantes del deseado acuerdo reflexionarán previamente –antes de estampar su firma- sobre qué papel expresivo de sensibilidad social quieren representar ante sus votantes. E igualmente es deseable que no hagan de la necesidad virtud para lavar la cara en un año de tanta expectativa electoral en que se van a confrontar más virulentamente los intereses cívicos. En este sentido, la ansiosa duda que atenaza a la actual dirección del PSOE es particularmente inquietante (5). El miedo a quedar relegados al tercer puesto de intención de voto que mostraba la última encuesta del CIS, puede hacerles perder el valor que su partido  representó para muchos votantes y alejarse aún más de sus verdaderas señas de identidad. Al PP, en cambio, le vendrá muy bien la pérdida de sustancia del PSOE: no le propondría un pacto o acuerdo si, en contra de lo que hicieron cuando las encuestas les auguraron mayoría absoluta, no necesitaran ahora ampliar su circuito de confianza y salir de un desprestigio ganado a pulso. Nadie de cuantos han protestado estos años contra las políticas educativas del PP entendería que, por el prurito de sentirse interlocutor privilegiado -a la altura de presuntas responsabilidades de Estado que el duopolio partidista conlleva-, el líder del PSOE se abrazaran a las políticas que ha venido plasmando Wert hasta ahora mismo. Cometerían un grave error, además, si entendieran que el de la educación es un campo menor de intereses en conflicto y minusvaloraran su enorme carga simbólica para la gente joven que no quiera perder la esperanza de futuro. Sin contrapartida alguna para una educación más democrática, más justa y menos discriminatoria que la lograda hasta este momento, si firmaran el codiciado acuerdo es muy probable que acabaran reduciendo al PSOE a un papel meramente subsidiario en la vida política nacional.

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  1. http://politica.elpais.com/politica/2015/02/02/actualidad/1422891425_334894.html
  2. http://www.elmundo.es/espana/2015/02/04/54d1fc8de2704e8e388b4575.html
  3. http://www.rtve.es/noticias/20150205/gobierno-encantado-sentarse-estudiar-pacto-educacion-psoe/1093542.shtml
  4. http://elpais.com/diario/2009/12/27/sociedad/1261868402_850215.html
  5. http://www.malagahoy.es/article/espana/1955593/sanchez/intentara/forjar/con/la/comunidad/educativa/pacto/para/proponerselo/rajoy.html

 

Un posible pacto educativo puede ser un trampantojo nada taumatúrgico
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