Oponer república a monarquía carece de sentido sin reformar la Constitución

Manifestación republicana en A Coruña. / Xurxo Lobato
Manifestación republicana en A Coruña. / Xurxo Lobato

Basta echar un vistazo al panorama internacional para darse cuenta de que las repúblicas tienen muchos apellidos: socialista, semipresidencialista, bolivariana, federal... Algunas son huevos y otras son castañas.

Oponer república a monarquía carece de sentido sin reformar la Constitución

Basta echar un vistazo al panorama internacional para darse cuenta de que las repúblicas tienen muchos apellidos: socialista, semipresidencialista, bolivariana, federal... Algunas son huevos y otras son castañas.

 

Dado que ninguno de nosotros estaba allí, unos por edad, otros por falta de representación, debería volver a consultarse. En efecto, ha pasado ya mucho tiempo desde que el 10 de diciembre de 1948 los 58 estados miembros de la Asamblea General de la ONU votaron en París, con solo 48 papeletas afirmativas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos. A lo mejor hoy se alcanza un consenso mayor; o menor, vete tú a saber.

Rusia, por ejemplo, que ya no es la URSS, podría arrimarse al club de los declaracionistas. Y seguro que Sudáfrica, que ya no mantiene el apartheid, también.

Estos días se habla mucho de la república y de la cantidad de españoles que no votaron la Constitución, pidiéndose un referéndum sobre la forma de Estado, lo cual resulta sumamente contradictorio, porque el único camino legal para reformar la Constitución es precisamente, por una de esas casualidades de la vida, la reforma constitucional de la Constitución.

Las manifestaciones, por muy numerosas que sean, no están contempladas en el ordenamiento jurídico a tales fines, quizá por la dificultad de contar a los asistentes y de distinguir a los ausentes.

Por otra parte, dada la naturaleza política de los convocantes, no de los individuos, da la impresión de que frente a una monarquía con apellido de parlamentaria, se quiere oponer una república también con algún apellido distinto; por ejemplo, bolivariana, como Venezuela, socialista, como Cuba, federal, como Alemania, o semipresidencialista, como Francia, lo cual nos llevaría a definir antes de qué modelo estamos hablando. Todo ello tiene un cauce legal a través de la soberanía nacional que reside en el pueblo, de los partidos que la representan y de las mayorías necesarias para abordarlo. El resto es fiesta.

Oponer república a monarquía carece de sentido sin reformar la Constitución
Comentarios