Martín Junqueras King siembra la desobediencia civil: “jo tinc un somni”

Martin Luther King. / nuestropensar
Martin Luther King / nuestropensar

No es miedo, sólo precaución. Lo flipo constatando que los sueños personales y, a veces inescrutables, de tan pocos, inspiren las deficitarias páginas luminosas y las excedentarias páginas negras de la historia de tantos ¿Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos…?

Martín Junqueras King siembra la desobediencia civil: “jo tinc un somni”

No es miedo, sólo precaución. Lo flipo constatando que los sueños personales y, a veces inescrutables, de tan pocos, inspiren las deficitarias páginas luminosas y las excedentarias páginas negras de la historia de tantos ¿Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos…?

¡Qué bonito, oye! Oriol Junqueras tuvo un sueño, “I have a dream”, y lo proclamó al aire radiofónico de Cataluña el otro día, en vísperas de la gran marcha de la Diada. Es la ventaja que tiene eso de ser licenciado en Historia, oye. Te pones a remover en ella, practicas el lúcido, aséptico y científico análisis comparativo, y acabas encontrando antecedentes en aquel otro sueño que inmortalizó Martin Luther King en plena apoteosis de La Marcha sobre Washington, no sé si te acuerdas, que encendió la mecha de la desobediencia civil de millones de nietos del viejo Tío Tom. Hombre, no será un servidor el que discuta el derecho a soñar como algo consustancial al ser humano ¡Hasta ahí podrían llegar las bromas! Incluso confieso que navego desde hace tiempo en un mar de dudas sobre el derecho a decidir, el derecho a convocar un referéndum o el derecho a proclamar una independencia que, a mis escasas luces, eso sí, son cuestiones que pueden entrar en la historia por la puerta grande del acuerdo bilateral o por esas puertas de servicio en las que suelen desembocar los apasionados, los propagandísticos o los nocturnos y alevosos atajos unilaterales.

El problema no son los sueños, sino sus raíces y sus secuelas

Ahora, como te digo una cosa te digo la otra. El problema de la humanidad nunca ha sido su derecho colectivo o individual a soñar, sino el diagnóstico freudiano al que se podría llegar tras una interpretación de esos sueños. La cuestión no es que distintos y distantes respetables públicos catalanes hayan alcanzado ese común denominador onírico, sino cómo, por qué, para qué, con qué limpias o sucias intenciones, con qué transparentes u oscuros objetos del deseo. El asunto es que para entender lo que pasa por la cabeza de catalanes anónimos y celebridades, de payeses y Honorables, de sufridos viajantes del textil y beautiful people procedente del trasnochado y tradicional discreto encanto de aquella burguesía, no llega con una consulta en las urnas, que viene siendo un legítimo apaño democrático excesivamente condicionado por el hombre y las inescrutables circunstancias Orteguianas. Ca. Si quisieran, si quisiéramos saber la verdad, casi toda la verdad o lo más parecido a la verdad sobre el hipotético complejo de Edipo del pueblo catalán, sería más riguroso, más clarificador, más terapéutico, citarles uno a uno en la consulta de un psicólogo, a ver si me entiendes, tumbarles en el diván al amparo de la Ley de Protección de Datos y bajo secreto deontológico, naturalmente, y hacerles retroceder a sus respectivas infancias genéticas e históricas:

- ¡A ver! ¡Hábleme usted de sus últimos tres siglos!

Un país curado de sorpresas

Pero, bueno, volvamos al principio. De Oriol Junqueras no puede sorprender un llamamiento a la desobediencia civil, como no podría sorprender de Montoro una llamada a la subida del IVA, o de Rajoy otra llamada a una bajada de pantalones ante Bruselas, o de Pedro Sánchez una llamada al descarado plagio de estrategia galaica, ¡copión, que res un copión!, ahí parado, sin saber qué hacer, mientras España intenta adivinar si el PSOE está subiendo o bajando esa escalera de la escalada de la “Estelada” En este país es que hay cosas que ya no podrían sorprender a nadie. Qué sé yo: que Moragas haya tenido un lío por SMS con la exnovia de un Pujol; que Durán i Lleida, ese Pío Cabanillas catalán, susurre al oído de algún periodista: “no sé quiénes ganarán, pero ganaremos”; que algunos Mossos d´Escuadra estén ensayando una guerra de Gila; que a Botín muerto Botín puesto; que un internauta coñón asegure por la red que Julio Iglesias, truhán y señor, está organizando el partido político “Follemos”, je, en un arrebato de celos ante el éxito que ha logrado con “Podemos” su hermano Pablo.

Todo eso, verás, son secuelas de un pueblo previsible, fratricida, redundante, inquisitorial, garrulo, casposo y gafado que, generación tras generación, sólo ha podido contarse de padres a hijos desgracia tras desgracia: Armadas Invencibles vencidas, Tratados de Utrecht, invasiones napoleónicas, barcos sin honra, salidas por piernas de Cuba, desastres de Annual, siniestros oráculos de la Generación del 98, gripes españolas, semanas trágicas de Barcelona, guerras civiles, historias de un siniestro club de poetas muertos en un nauseabundo paseíllo, en una cárcel, en el exilio, dictadores derrocados por una flebitis, neodemócratas infectados de corrupción…Suma y sigue, tronco. Tanta polémica por la memoria histórica, por los símbolos, por los nombres de las calles, y resulta que en los callejeros de este país debería figurar un solo nombre para todas y cada una de las direcciones en las que vivimos 47 millones de españoles, como 47 millones de vecinos de Sabina: calle melancolía. Sí, sí. Todos esos lugares anónimos donde soñamos desde hace siglos con mudarnos a los barrios de alegría, ay, aunque siempre que lo hemos intentado hayan pasado de largo nuestros tranvías llamados deseo.

¡No citarás el nombre de Martin Luther King en vano!

La verdad es que la única sorpresa del último mantra de Oriol Junqueras, “jo tinc un somni”, ha sido citar el nombre de Martin Luther King en vano, oye. En primer lugar, porque el ilustre pastor afroamericano llamaba a la desobediencia civil para conquistar la integración, y no como el ilustre pastor catalanoespañol, por ahora, claro, que llama a la desobediencia civil para conquistar todo lo contrario, o sea, la segregación. Y luego otra cosa, que dejo al criterio de los lectores tras la lectura de un párrafo literal del sermón de MLK que asombró al mundo:       

“Pero 100 años después, debemos enfrentar el hecho trágico de que el negro todavía no es libre. Cien años después, la vida del negro es todavía minada por los grilletes de la discriminación. Cien años después, el negro vive en una solitaria isla de pobreza en medio de un vasto océano de prosperidad material. Cien años después el negro todavía languidece en los rincones de la sociedad estadounidense y se encuentra a sí mismo exiliado en su propia tierra”.

Si ustedes son tan amables, sustituyan la expresión 100 años por los 300 que reivindican los expertos en contabilidad histórica de Cataluña, el calificativo “negro” por el gentilicio “catalán”, y extraigan sus propias conclusiones personales, libres y secretas.

Entre razas superiores, Mesías prometidos y  RHs

Creo, como una oración, que una parte de los catalanes son muy libres de creerse una raza superior. También una parte de PP cree que Rajoy está haciendo el milagro de los panes y los peces, y una parte del PSOE que sobre la piedra de Pedro reconstruirá su templo socialdemócrata, y una parte de IU que son los guardianes del Santo Grial del Estado de bienestar, y la mayoría de Podemos que han descubierto la piedra filosofal de la democracia en los laboratorios de alquimia política/mediática de Monedero. Aquí, todo Dios tiene derecho a creerse lo que dé la gana. Incluso una parte de los vascos, erre que erre, sigue creyendo que la historia y el RH le otorgaron durante años licencia para matar ¿Qué le vamos a hacer…? Es la mezcla explosiva de la condición humana y un DNI español.

De manera que, hablando de los peculiares derechos a la española, los catalanes están  en el suyo de pensar que forman parte de esa minoría de pueblos elegidos que tantas veces, muchas de ellas con muy poca fortuna, no me tires de la lengua,  han sido “trending topic” a lo largo de la historia. Se empieza pensando que su territorio es algo más que un condado, se continua adquiriendo el carné de socio de “algo mes cum club” y se acaba incurriendo en la obsesión de convertirse en algo más, en mucho Mas, je, que una simple Comunidad Autónoma de ése bulto sospechoso al que todavía llamamos España. Claro, con estas premisas, incluso puedes acabar entendiendo que, si de verdad creen que el resto de España les ha estado robando durante años, ¡mangantes, que somos unos mangantes, hombre!, acaben siendo condescendientes con Jordi Pujol y familia, a ver si me entiendes, que en realidad han tenido un acto de patriotismo (incapaz de entender el juez Ruz) a imagen y semejanza de aquel otro de la II República con el dichoso Oro de Moscú. Quizá, en su catalanidad,  han preferido llevarse la pasta gansa a paraísos fiscales en vez de dejarla al alcance del largo, insaciable y trilero brazo del resto de los españoles.

Una humanidad dependiente de los sueños de unos cuantos

Es terrible descubrir hasta que punto lo bueno y lo malo de la humanidad depende de los sueños de tan pocos. El imperial de Napoleón, el lunático de Kennedy, el colonial de la Reina Victoria, el científico de Pasteur, el transoceánico de Colón, el pacifista de Gandhi, el pacífico de John Lennon, el bélico de las Azores, el incauto de Obama, el curricular de Rajoy, el contable de Merkel, el codicioso de Wall Street, el teórico de Lennin, el práctico de Fidel, el sanguinario de Stalin, el esquizofrénico de Hitler, el caníbal de la Escuela de Chicago, el placebo de Keynes, los de una noche de verano de Shakespeare, los de Cervantes a lomos de Rocinante, los de Beach Boys y los hoteles de California, los de estos chicos, Mas, Junqueras, en parte genéticos y en parte patéticos, no sé yo en qué porcentajes que, al final, si algún levante otoñal permite que el temporal desguace sus alas blancas, le plagiarán a Serrat el epitafio de su sublime canción: ¡qué le vamos a hacer si nosotros nacimos en el Mediterráneo…!  

Nunca pensé que tan pocos pudiesen soñar en el nombre de tantos. Jamás imaginé, Director, que los pocos dulces sueños y las muchas tortuosas y gratuitas pesadillas de tantos, dependiesen de tan pocos. No me extraña que sigamos preguntándonos quiénes somos, de dónde venimos y a dónde coño vamos.

Martín Junqueras King siembra la desobediencia civil: “jo tinc un somni”
Comentarios