Mariano Rajoy deshoja margaritas en su retiro veraniego de Ribadumia

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España.
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España.

¿Cambio de gobierno, de ejecutiva, de amigos…? ¡Vale, tío! Pero el mayor dilema de cualquier estadista es si rompe o no sus pactos diabólicos con mercados, bancos y Mefistófeles de Forbes.

Mariano Rajoy deshoja margaritas en su retiro veraniego de Ribadumia

En Ribadumia, lugar de Galicia, deshoja estos días margaritas Mariano Rajoy, mientras media España está deseando que descanse en paz y la otra media que en paz descanse, sentimientos que por un lado parecen lo mismo, pero por otro aspiran a todo lo contrario. Se sienta en el porche de “la casa de Alicia”, sin noticias del país de las maravillas, y va arrancando pétalos, si, no, si, no, decisivos para posibles cambios de Gobierno, reformas de Ejecutiva y cambios radicales de esos que al final acaban dejándolo todo exactamente igual. Se levanta todos los días temprano, a ver si es verdad que al que madruga Dios le ayuda, que ya va siendo hora, ¿me oyes, Dios?, y luego echa a andar hacia el futuro vestido de “boy scout” por esos inescrutables caminos del señor, del señor Louzán, claro, en ese paraíso  del Salnés donde la sombra del Presidente de la Diputación de Pontevedra es “especialmente” alargada.

Adiciones a los SMSs, el plasma y las malas compañías

Testigos llegados hasta aquí, procedentes del Camp David circunstancial galaico, aseguran que el Presidente está aprovechando el reposo del guerrero para dejar su adición al SMS, ese vicio que, si hacemos caso de lo que se comenta por “El Mundo” adelante, perjudica seriamente la salud política. Digo yo que, ya puestos a hacer del Presidente un hombre nuevo, podrían “desengancharlo” del plasma, de su voto de silencio con excepciones parlamentarias que confirman la regla y de su funesta manía de producir un “eclipse de España” cada vez que Europa se interpone en nuestra órbita. Luego, si quedase tiempo para una reconversión presidencial, sería cuestión de afrontar el gran problemón de este señor. Rajoy es que te es muy listo para muchas cosas, como muy bien indica su currículo. Pero, chico, eligiendo amigos, tiene menos ojo que Fernando Alonso eligiendo Escuderías. Mira que se lo dijeron en casa de pequeño: “Marianín, hijo, no me andes en malas compañías” Y, ahí lo tienes, ¡Marianín, hijo!, compartiendo mítines con Paco Camps, ejecutiva con Mayor Oreja y Arenas, contabilidad con Bárcenas, gobierno con Ana Mato o footing con Rafael Louzán. ¡Que Dios le libre de sus amigos, que de sus enemigos ya se libra él solito! Pregúntales, si no, a Josemari Aznar, a Rodrigo Rato, a Esperanza Aguirre, señores y señoras de esas que van rumiando en los reservados de los restaurantes un cásico de la sabiduría popular hispana: ¡cría cuervos…!

Un Presidente poseído por el Fausto de Gohete

Pero dejemos las formas del Presidente y entremos de lleno en el fondo. ¿Está ocurriendo algo trascendente en una casa rural de Galicia? ¿Podremos llamarle alguna vez, a este breve período zen del sexto Primer Ministro español después del franquismo, “el espíritu de Ribadumia”? Hombre, por una parte yo qué sé y por otra qué quieres que te diga. A efectos de encuestas del CIS, sería un revulsivo  anunciar eficaces insecticidas contra la corrupción, enviar hombres y nombres a la guillotina política, desaforar a sus Señorías, hacer concesiones democráticas de cara a la galería, abrir las listas electorales, cerrar el Senado, abrir el melón constitucional, convocar un megareferéndum, mantener al pueblo de permanente botellón en twitter: ¿Un modelo de España centrífugo o centrípeto, Monarquía o República, la rojigualda o la tricolor, el himno sin letra o el himno de Riego, somos huevones o leones…? Cosas así. A mis escasas luces, sería muy higiénico. Y Ribadumia pasaría a la historia como el paradigma geográfico en el que se descubrió una vacuna contra la pandemia de rabia y de pena que había padecido España entre la primera y segunda decena del siglo XXI.

Ahora, también te digo una cosa. Rajoy no es sólo el Presidente del Gobierno español. Ese hombre que juega al escondite en Ribadumia, con brotes de agorafobia, síntomas de misantropía, manías persecutorias y alergias mediáticas, es la réplica española de los conmovedores Faustos que en la actualidad okupan los Olimpos de occidente. La tragedia que inmortalizó Gohete se ha globalizado, señores. Y los Mefistófeles de ahora, o sea, eso que llamamos los “hombres de negro”, ya no compran almas, como aquel que firmó un pacto con el genuino doctor Fausto, sino pedazos de soberanía, de libertad, de democracia, de justicia social, a cambio del éxito macroeconómico. Por una bajada de la prima de riesgo y del déficit público o una subida de la Bolsa y del PIB, un canciller occidental vende a su madre, a su padre, a su pueblo, a su constitución y a lo que le pongan por delante.

Y esa es la cuestión de fondo que estos días subyace en Ribadumia, el Camp David circunstancial en el que MR practica su reposo del guerrero ¿Nos conformamos con un apaño de chapa y pintura a la carrocería de la democracia de consumo nacional o le metemos mano al motor de la democracia europea, de la democracia mundial, gripada por los putos mercados, estafada en los talleres políticos de reparación, con la caja de cambios de la sociedad escoñada y las juntas de la culata institucionales (UE, BCE, Ecofin, Comisión Europea, Europarlamento, FMI, G-8, G-20, ¡la madre que los parió!, fundidos?  

Poder, BOE, coche oficial, a cambio de democracia y libertad

Digan lo que digan las encuestas, Rubalcabas, Valencianos, Rosadíez, Cayolaras, 15emes, indignados, independentistas, salvapatrias, jueces, fiscales, tertulianos, expertos, comisiones de investigación, juntaletras de derechas y de izquierdas, ustedes, un servidor y un señor de Murcia, el drama de España no depende de que el inquilino de La Moncloa deje de llamarse Rajoy, sino que nunca más entre en esta Moncloa, en cualquier Moncloa de occidente, un inquilino o inquilina, progresista o conservador, ¿qué más da?, dispuesto a vender la democracia, el alma colectiva invisible de los pueblos, con pactos diabólicos con los mercados, con la Banca, con los príncipes de las tinieblas de Forbes, como Fausto vendió su alma individual a Mefistófeles. Que nunca más las urnas den a luz un Fausto de esos que pactan el Poder, el BOE, el coche oficial a cambio de la libertad individual y colectiva.

Ya sé, ya sé que en Ribadumia Rajoy está sometido a las malas influencias de Rafael Louzán, de profesión “Faustiño” comarcal. Que igual se ha puesto cachondo con los nanobrotes verdes de Alemania, Francia y Portugal. Que alguien le habrá susurrado a su oído de César: “Si España se planta en 2015 con más del 2% de crecimiento del PIB, ni Dios te desahucia de La Moncloa, Mariano” ¡Qué le vamos a hacer! Lo único que puede incluir a Ribadumia en la historia es que Mariano Rajoy, el hombre que ha roto tantos pactos con los españoles, se atreva a romper los pactos con los Mercados, con la masonería financiera, con los intocables de Forbes, con los talibanes del IBEX 35, con los sicarios de Bruselas, con los cobardes que presiden tantos Consejos de Ministros que practican el gobierno del pueblo, contra el pueblo y sin el pueblo.

Mariano Rajoy deshoja margaritas en su retiro veraniego de Ribadumia
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