Es lógico que surjan partidos nuevos capaces de acoger a los descontentos

Albert Rivera, presidente de Ciudadanos.
Albert Rivera, presidente de Ciudadanos.

España parece asomarse a un cambio en la forma de hacer política, una política que hoy está inmersa en dos grandes corrupciones: la corrupción del  político y la corrupción política.

Es lógico que surjan partidos nuevos capaces de acoger a los descontentos

"No hay nada peor que el fracaso, solamente no haber intentado cambiar algo".

Franklin D. Roosevelt

España parece asomarse a un cambio en la forma de hacer política, una política que hoy está inmersa en dos grandes corrupciones: la corrupción del  político y la corrupción política.

La situación actual del marco político engendra en nuestra sociedad, debido a una deficiente gestión pública mantenida por el bipartidismo, una mayor diferencia entre las clases sociales, un privilegio para unos pocos y un sacrificio para muchos otros.

Tenemos por un lado la corrupción intrínseca del político. En este caso aprovecha su función pública e institucional para un beneficio particular. También está todo relacionado con la naturaleza humana, con sus costumbres, su moralidad y ética individual. Es decir, tenemos la corrupción del  político y la corrupción política.

Es vital para la evolución y coherencia de los Estados eliminar o, cuando menos, reducir la corrupción de la política, entendida como pérdida de eficacia en las leyes y las instituciones, en la no separación de poderes, el cumplimiento de una forma “anormal” de las funciones de las instituciones, etcétera. 

Maquiavelo señalaba que las circunstancias “siempre nuevas” acababan destrozando el Estado perfecto porque las leyes aunque se adaptan a la Constitución, en muchos casos acaban siendo ineficaces, impotentes para mantener la equidad y el orden civil.

Hacia una comunidad racional

Habría que estar optando por medidas extraordinarias que afectan a la constitución del Estado primario. El fin del Estado, por definición desde hace siglos, es posibilitar la existencia de una comunidad racional. Por ser comunidad ha de haber una identidad cultural y moral, por tanto la igualdad y solidaridad deben ser determinaciones de la voluntad de cada uno de sus miembros.

En este sentido se barajan varios modelos pero los más reseñados son el de El príncipe de Maquiavelo, que sólo podía producir súbditos, y el de Rouseeau, ciudadanos. En el primer caso es la voluntad del príncipe, en el segundo es la voluntad del ciudadano.

Queremos decir que el poder político debe de asumir la tarea determinación ontológica y no limitarse  a garantizar las reglas de juego de la competición de “todos contra todos”.

Praxis adecuadas

El Estado debería de alguna manera crear un tribunal ontológico donde se vele por unas praxis adecuadas dentro de esta determinación. Un tribunal de garantías fuera de cualquier partido donde haya seguridad en la praxis de las personas que engendran las leyes y constituyen los poderes del Estado. Un ideal ético, en donde la comunidad de la que se hablaba en su día esté en condiciones de conseguir su propia autodeterminación, recuperar la equidad, la justicia, y la solidaridad.

En esta situación de deterioro que vive España es lógico que surjan partidos nuevos capaces de acoger a los descontentos con esa caótica situación; es decir, a todos aquellos que suplican  un cambio. Un cambio en la forma de hacer política, una política que hoy en día está inmersa en  las dos corrupciones anteriormente mencionadas: la corrupción del  político y la corrupción política. Por eso mismo cabe tomar medidas que bien podrían revisarse cada cierto tiempo, como hace cualquier empresa con su estudio DAFO. Medidas sugerentes como suprimir las puertas giratorias, los mandatos de más de ocho años..., evitando en todo momento la existencia de políticos profesionales, que pasan por diferentes cargos públicos como concejal, diputado, senador o eurodiputado durante 30 años de su vida.

¿Hay algo peor que el fracaso?
Llegó la hora de la oportunidad legitima de los nuevos partidos, que merecen precisamente una oportunidad justa. La situación actual es de fracaso, la deuda pública sobrepasa el 100 % del PIB y cada día hay nuevos casos de corrupción y de casos sobreseídos. Por eso puede ser tan apropiada la cita de Roosvelt: "No hay nada peor que el fracaso, solamente no haber intentado cambiar algo".

 

Es lógico que surjan partidos nuevos capaces de acoger a los descontentos
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