Lalín, escenario de otra forma de hacer política, en un relato sin fronteras

Rafael Cuiña. / Mundiario
Rafael Cuiña. / Mundiario

Nueva serie en MUNDIARIO de la mano de un colaborador metido a candidato a la alcaldía de su pueblo, cuyas peripecias podremos seguir mediante su propio relato. Sin fronteras.

Lalín, escenario de otra forma de hacer política, en un relato sin fronteras

Este miércoles 11 de febrero de 2015 inicio una serie de artículos en MUNDIARIO, un espacio global y plural, en los que procuraré que se vea el trabajo, las emociones y los problemas del día a día de un candidato a la alcaldía de una villa gallega media, como es Lalín (Pontevedra), y que se pueda seguir con el mismo interés, por un vecino de Lalín o por una persona de Algeciras (Cádiz) o de Buenos Aires que quiera conocer de primera mano los intríngulis del trabajo de un candidato que quiere mejorar la calidad de vida de su pueblo. Por este objetivo -más "global", por así decirlo- será la primera vez en mi vida que utilizaré el castellano para hacer llegar mi voz a otros rincones del ciberespacio.

 

Primer paso

Presentar una candidatura a una alcaldía como la de una Villa como la de Lalín (Pontevedra) no es una decisión que se pueda tomar a la ligera, pues en mi caso concurren varios factores que la hacen, de alguna manera, un tanto especial...

Desde la entrada de la democracia, Lalín apostó claramente por mirar al futuro, bajo liderazgos firmes de personas hechas a sí mismas, que tuvieron que luchar contra los prejuícios típicos de élites franquistas que pensaban que esta Villa era su finca particular. Lo curioso es que este convencimiento provenía más de los aledaños del poder municipal, que del propio poder, ostentado por un alcalde franquista, que era una persona de bien, al contrario que los llamados "señoritos del casino", que no estaban a su altura humana.

A todo eso derrotó un hombre hecho a sí mismo, como fue Xosé Cuiña, ayudado por un número ingente de personas del ámbito rural, que querían mejorar las cosas, de la mano del hijo de un modesto molinero.

De esa "casta" me enorgullezco de venir yo, un candidato que apostó por marchar de su formación política natural, al ver que esos principios de origen se diluyeron, dejándose prostituir  por nuevas élites conformadas al amparo de aquellos que sí fueron decisivos para la transformación de esta Villa, que llegó a ser la referencia de Galicia en desarrollo y crecimiento sostenible, y a la que en época de "vacas flacas" los hijos políticos putativos de aquel líder que la transformó, demuestran no estar a la altura...

(Continuará)

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