El laberinto griego, un cruce de deudas y evasión fiscal como hábito cultural

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Un manifestante griego quema la bandera de la UE

La economía sumergida representa el 30 % del total y cada año se birlan al Estado 20.000 millones de euros, más del 8% del PIB, suficientes para atajar el déficit fiscal en dos años.

El laberinto griego, un cruce de deudas y evasión fiscal como hábito cultural

Si un Estado no recauda, ¿con qué se sostiene? La economía sumergida representa el 30 % del total y cada año se birlan al Estado 20.000 millones de euros, más del 8% del PIB, suficientes para atajar el déficit fiscal en dos años.

Estos días se han venido mezclando las cosas de manera harto confusa, de modo que, según la perspectiva y la valoración que se haga de los datos y con qué se los ponga en relación, se pueden colegir cosas distintas. Así, para unos, el pueblo griego es víctima de la voracidad de sus prestamistas, y sobre todo de Alemania; o por el contrario, los griegos, o mejor sus sucesivos gobiernos, son los únicos responsables por endeudarse en exceso, mentir en los datos, y, sobre todo, permitir que no se paguen impuestos, un descontrol del gasto público y un desorden financiero general. Y además los gobiernos mintieron.

Por medio se tercia con la deuda no sólo moral de Alemania con los griegos a causa de la II Guerra Mundial y se pone como ejemplo el trato recibido por aquélla cuando en 1953 le fue condonada la deuda de guerra por los aliados y se benefició de la ayuda americana como nadie para su espectacular renacer.

Los fríos datos revelan que Grecia le debe a sus acreedores oficiales 242.800 millones de euros, resultado de los dos rescates de los gobiernos europeos y del FMI desde 2010. Los inversores privados aportaron 38.700 millones  en bonos del Gobierno griego tras una gran reducción y canje de deuda en 2012, que redujo la carga de deuda de Grecia en 107.000 millones y el valor de las tenencias privadas en un 75%. Por países, los acreedores principales son Alemania (57.230 millones de euros), Francia  (42.980), Italia (37.760) y  España (25.100). Los países de la zona euro ampliaron los vencimientos de sus créditos a Grecia a 30 años desde 15 años y redujeron las tasas de interés en algunos de los préstamos a apenas 0.5 puntos básicos por sobre su costo de endeudamiento.

Lo que se reclama a Alemania

Grecia, a su vez, echa sus cuentas con respecto a Alemania y concluye que el saldo le es favorable. El Gobierno griego fija en 279.000 millones de euros la demanda de reparaciones por la ocupación nazi de Grecia durante la Segunda Guerra Mundial. La comisión del Parlamento griego añade a su demanda la devolución de los préstamos concedidos por el Gobierno griego impuesto por los invasores y las piezas arqueológicas expoliadas. Y con independencia de las cifras, parece que no se les puede negar la razón a los griegos. Y en este sentido, el dedo acusador apunta a una Alemania moralmente y algo más en deuda con Grecia en esta hora crítica.

Y está el asunto del propio trato que recibió en el pasado la Alemania derrotada por parte de sus vencedores, Grecia incluida, aunque lo dirigieron los Estados Unidos. Pocas cosas se han alabado tanto como el “milagro alemán” o la recuperación alemana tras la destrucción del país y la derrota. Pero no lo hicieron solos ni hubieran sido capaces sin los viáticos recibidos.

Para evitar sus veleidades belicosas, que desde 1870 costaron tres guerras a Europa, se barajaron dos proyectos: convertir Alemania en una especie de cantones numerosos y reducidos que nunca pudieran articularse en la nación de antaño o, como querían los franceses, sus principales enemigos, reducirlos a una serie de colonias agrícolas, sin ejército ni nada parecido. Es curioso porque esto mismo pensaba hacer a la larga el Reich de los mil años con España e Italia.

Humillación y perdón

La deuda de guerra que se impuso a Alemania era peor que la humillación del Tratado de Versalles. Pero en 1953, en la Conferencia de Londres, tres de los cuatro grandes aliados, los ganadores, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, condonaron al país germano una parte considerable del débito. Se ha escrito mucho. Ya Patton quiso rearmar a la Alemania derrotada y lanzarla de nuevo contra los rusos. La guerra fría y la necesidad de establecer barreras en Europa al comunismo fueron las razones fundamentales de los acuerdos que permitieron a Alemania levantar cabeza. El país estaba desmantelado, los rusos se llevaron parte de su industria salvada de los bombardeos y se repartió con Estados Unidos los sabios (como el célebre Von Braum, padre de la carrera especial norteamericana)

Las reparaciones monetarias de guerra se cifraron 20.000 millones de dólares, y de los que la mitad se la llevaría a Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.  El reparto se hizo en función del grado de implicación de los vencedores en la derrota de la Alemania nazi, y Rusia puso sobre la mesa más muertos que nadie. Se estableció que el dinero lo recibirían prioritariamente las naciones que hubiesen contribuido directamente a la derrota sobre el enemigo. Además, en la conferencia de Yalta se acordó que, aparte de repartirse todos los bienes de equipo que sirvieran, “También se entregarán cantidades anuales de mercancías de producción corriente durante un periodo aún no fijado y se utilizará para todo ello mano de obra alemana”. Alemania perdió Pomerania, Silesia y Prusia Oriental.

Francia fue la primera en ceder y se conformó con la zona del país que le fue confiada, a compartir con el Reino Unido, Estados Unido y la URSS y que luego sería la República Federal Alemana. Pero quedaban por pagar, en moneda de la época, 52.300 millones de marcos (13.500 millones por deudas anteriores a la contienda, 16.200 por deudas de postguerra y 22.600 millones de intereses). Gracias a la expansión soviética y a la caída de lo que Churchill llamó “El telón de acero”, Alemania se salvó. Bajo la dirección de los Estados Unidos, el perdón se aceptó de modo general, la deuda se redujo drásticamente y se condonaron los intereses.

Con respecto a las reclamaciones de Grecia a Alemania, los historiadores dicen que otros países perdieron más, por ejemplo, Polonia o Yugoslavia. Y todos perdonaron o no fueron tenidos en cuenta en cuanto a las reparaciones. Alemania también se lucró de la ayuda directa que le facilitó Norteamérica, sino de las proyecciones del Plan Marshall (Unos 220.000 millones de dólares actuales). O sea que lo de la deuda de guerra es una cuestión donde las cifras se mezclan con la deuda moral.

¿Cómo se ha llegado a esto?

Y la otra gran cuestión, la de fondo, aparte del cruce de reclamaciones entre Alemania y Grecia, es cómo se ha llegado a esto y la propia responsabilidad del pueblo y de los sucesivos gobiernos griegos.

Se suele decir que en Grecia no pagar impuestos es un deporte nacional. Unido a la falta de control del gasto público y a los privilegios de que han disfrutado sus ciudadanos por encima de sus posibilidades, sobre todo si se compara con los de otros países con mayores niveles de IPC, el resultado de la quiebra era inevitable: jubilaciones anticipadas sobre la media europea, sueldos por encima de la renta media o una masa excesiva de funcionarios ociosos y mal acostumbrados.

Y ahora surge el dilema si las deudas hay que pagarlas o se invoca el patriotismo y el honor nacional para no hacerlo. “Pacta sunt servanda” (Los acuerdos se firman para cumplirlos, decían los romanos). El economista griego Yanis Stournaras ha dicho que de la deriva griega no se puede acusar sólo al Gobierno: “La evasión fiscal es un problema de mentalidad, de cultura, y esta crisis es una oportunidad para cambiar". ¿Por qué no pagan impuestos los griegos? Las explicaciones llegan a ser peregrinas y se remontan al pasado otomano, decenios en los que no pagar tributos se tenía por forma de resistencia al ocupante extranjero. "Se trata de una larga tradición en la que el ciudadano cree que el Estado es el enemigo", dice Loukas Tsoukalis, profesor de Integración Europea en la Universidad de Atenas. ¿Y si el Estado es el enemigo, para qué sostenerlo?

Y si el Estado no recauda, ¿con qué se sostiene? Hay algunas anécdotas divertidas: Cuando las cosas empezaban a ponerse mal, el diario La Vanguardia publicó un reportaje detallando la casuística de los episodios que llevaron al país a la bancarrota. La economía sumergida representa el 30 por ciento del total y cada año se birlan al Estado 20.000 millones de euros, más del 8% del PIB y suficientes para atajar el déficit fiscal en dos años.

La paradoja es que Grecia es un país de ricos, de millonarios con grandes fortunas. Pero nadie paga o pagaba, según Yanis Stournaras: “Más de la mitad de profesionales, ni un solo euro. Hasta ahora la exención fiscal estaba en 12.000 euros y, como por arte de magia, miles de médicos y abogados declaran ingresos anuales de 11.999. ¡Aunque vivan en barrios donde el metro cuadrado se vende a 6.000 euros!"

De los cuatro millones de declaraciones que se presentaban al año, la mitad quedaban exentas de pago. Dicen que eso se debe a la gran cantidad de autónomos. Pero, aparte de la ineficacia del Estado, hay otra peor, la de la Justicia con respecto a los evasores. Pero de lo que no hay duda es que o Grecia paga o pagamos otros, los españoles, sin ir más lejos.

El laberinto griego, un cruce de deudas y evasión fiscal como hábito cultural
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