España: ¡El Juancarlismo ha muerto!, ¡viva la Reypublica Filipina!

Felipe VI y Juan Carlos I
Felipe VI y Juan Carlos I

El fantasma del 14 de abril se desvanece a medida que se acerca el 24 de mayo. Los análisis clínicos del CIS auguran que España, mañana, puede ser Reypublicana, un inédito híbrido institucional.

España: ¡El Juancarlismo ha muerto!, ¡viva la Reypublica Filipina!

El fantasma del 14 de abril se desvanece  a medida que se acerca el 24 de mayo. Los análisis clínicos del CIS auguran que España, mañana, puede ser Reypublicana, un inédito híbrido institucional entre Monarquía y República.

En España, su país y el mío, se nos ha desvanecido como del rayo el Juancarlismo, con quien tantas cosas hemos vivido. La verdad es que ha resultado menos traumático de lo que auguraban abundantes profetas republicanos y escasos profetas monárquicos. O sea, nadie ha tenido que gritar: ¡el Rey ha muerto!, ¡viva el Rey!, para que se cambiase con toda normalidad de retrato en las escuelas, de firma estelar en el BOE, de rostro en las nuevas monedas de euro, de nombre en el titular del Principado de Asturias, de rúbrica en los majestuosos títulos académicos, de anfitrión en los Premios Cervantes, de mando supremo en las Fuerzas Armadas, de género en la línea de herederos, de cabeza de familia en la Casa Real o de cabeza de turco en la final de la Copa, ya sabes, Nou Camp,30 de junio de 2015, Barça-Atletic (para que su nueva Majestad vaya abriendo boca) y el previsible y estruendoso silbido que, en tan señaladas ocasiones, ni siquiera permite escuchar el omnipotente silbato del juez árbitro.

Las cosas de Palacio no van tan despacio…

¡Ya ves! Incluso en Zarzuela han tenido más reflejos que en Génova, 13 y Ferraz, 70. ¡Con la que le caído a esa gente durante ese tiempo en el que, si llegan a montar un circo, oye, de verdad, le habrían crecido talmente los enanos! A una de sus infantas, por ejemplo, le pillaron con sus presuntas manos en la masa, y a un yernísimo, ¡anda la ostia, Iñaqui!, llevándoselo presuntamente crudo, y a uno de sus jefes de la Casa tirando presuntamente de tarjeta black, y a su propio Rey disparando furtivamente a todo lo que se movía en la sabana y, presuntamente, dicen, a todo lo que se movía en las sábanas, a ver si me entiendes, dicho sea sin ánimo de hurgar en cumbres borrascosas. Y, sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos, de telediarios, de jaurías humanas, de alarmas sociales, han enviado a Cristina al desguace, como una vez al célebre yate de Onásis; a Spottorno al carajo, con perdón, como una vez a Godoy; a Juan Carlos I al destierro, como una vez a su abuelo Alfonso XIII, aunque en vez de pirarse clandestinamente por Cartagena se haya salido, por sus propios eméritos, je, por la tangente ¡Para que luego digan que las cosas de Palacio van despacio, oye!

¡Será del Palacio de la Moncloa, coño! Porque, al lado del PP y del PSOE, con sus trasnochados Canovismo y Sagastismo dando el coñazo en este último tramo de historia contemporánea, la vieja institución monárquica va como una moto, lo que yo te diga. Mismamente, Felipe VI está escalando en los índices de popularidad del CIS con la facilidad de Contador en los puertos de montaña del Giro.  En un solo año de reinado, verás, ha cambiado más veces de look la Reina Leticia que Rajoy de ministros en tres años y pico largos de Gobierno, o como quiera que se llame eso que han estado haciendo el Presidente y sus mariachis. Te digo más: si la Corona hubiese llegado al 24-M de 2015 sobre la misma cabeza que todavía la lucía en mayo de 2014, estas elecciones del próximo domingo no serían simplemente autonómicas y locales, sino plebiscitarias. No decidirían quiénes iba a ser alcaldes o presidentes/as autonómicos, sino quién, cómo, en qué tipo de modelo constitucional iba a ser Jefe del Estado. No entrarían en la historia por la puerta de servicio de otra cita convencional de mi pueblo y mi gente con las urnas, sino por la puerta grande, solemne, traumática y paradigmática que se abrió, por última vez, ¿recuerdas?, un 14 de abril de 1931.

Felipe&Felipe jugando al tiki-taka

De las tres instituciones que recuperamos de su exilio tras la larga flebitis política, sociológica y clínica del franquismo, la socialdemocracia, la derecha liberal y la Corona, sólo esta última ha tenido los reflejos necesarios para hacer saltar al terreno de juego institucional a un hombre y un nombre sentado en el banquillo de los suplentes. Génova, 13, erre que erre, ha mantenido a Mariano contra corrupción, contra crisis, contra indignación, contra viento y Mareas. Y Ferraz, 70 ha echado mano de su fondo de armario y ha sacado de su chistera, que debe derivar de chiste, digo yo, a ese chico al que llamamos Pedro Sánchez, que, a mis escasas luces, se parece un horror a un fútil muñeco hinchable clonado de aquel otro bluf al que llamábamos Zapatero. Aquí es que mucho hablar de Luís Enrique, de Ancelotti, de Unai Emery, pero la gran jugada estratégica de esta Liga la ha diseñado Felipe González: el hombre que ha hecho jugar a la Casa Real al tiki-taka. Ni Messi de falso nueve, ni Ramos de sorprendente y sorprendido mediocampista pivote, le llegan a la suela de los zapatos a este Felipe VI jugando al mismo tiempo de falso Rey y de falso Presidente de República, a ver si me entiendes, en un proceso híbrido inter-constitucional que suena a obertura, a prologo de la proclamación implícita de una Reypública. Felipe G&Felipe VI, a la chita callando, han revolucionado El Clásico genuinamente español de República versus Monarquía.

El hallazgo de una Reina del pueblo en Malasaña

Que conste en acta, Director, que ya lo anuncié en estas páginas hace casi un año: ¡El Rey ha muerto!, ¡viva la Reypública! Cierto es, señores del jurado, que por entonces no sabíamos que el nuevo Rey hablaba en inglés que lo flipas, usaba menos la corbata que Rajoy y la cabeza para mucho más que para llevar la Corona y contaba con mejores “fontaneros” en La Zarzuela que Rajoy con Pedro Arriolas, Pedro Sánchez con José Enrique Serranos, Pablo Iglesias con Íñigo Errejones y tantos políticos con tantos chapuceros con derecho a oídos de los césares. No es por casualidad, que va, que coincidiendo con el ocaso de la princesa del pueblo que emergió del barrio de San Blas, ¿recuerdas?, haya surgido la leyenda urbana de Lady Letizia, carne de twitter, amistades peligrosas, sangre roja, muy bueno lo tuyo, Leti, como “reina del pueblo”, miradla, flotando sobre los océanos pacíficos de birra y rosas y cambiando el coche oficial por La Bicicleta, ese local de copas que es para el otoño, para el invierno y para esa primavera que lo peta en el barrio cheli, cañí y en la onda de Malasaña.

Juego de Tronos: el regalo de Pablo que le abrió los ojos a Felipe VI

Pasa Leonor, la joven heredera, y va vestida de normal, como de Heidi en uniforme colegial, para recibir el cuerpo de Cristo, que viene siendo el Cuerpo Diplomático del más allá. Y dicen que sus Majestades se lo han pasado chévere entregando premios a los ácidos y sarcásticos monologuistas, oye, que vienen siendo los bufones de la Corte que no se cortan un pelo ni ante la Monarquía. Le está bien empleado a Pablo Iglesias, por haberle regalado a Felipe VI Juego de Tronos. Así, como se lo puso Pablo a Felipe VI, se las ponían antaño a Fernando VII, oye. El joven Mesías prometido de Podemos estaba convencido de que había dado ante Dios, Europa y la historia un golpe mediático de efecto y de Estado genuinamente republicano. Pero, en realidad, había dado una pista infalible para iniciar un proceso de instauración de la Primera Reypública Popular.

No, ahora en serio, colegas. Cada nuevo análisis clínico que le hacen a la Corona en los sofisticados laboratorios del CIS, ya ves, le está bajando el colesterol, los triglicéridos, las transaminasas, la urea, la tensión arterial y los funestos glóbulos azules portadores de hereditarias enfermedades endogámicas eternas. Increíblemente, ladys anda gentlemen, Felipe VI ha salido de la UCI y empieza a gozar de una pésima buena salud de hierro reypublicana. Entre la espada nostálgica de la República y la pared de cartón piedra del Juancarlismo, el fantasma del 14 de abril se desvanece a medida que se acerca el 24 de mayo. Las “gaviotas" visitan al psiquiatra, las “rosas” se marchitan en Callao, la “marea” sube y baja en El Retiro y Ciudadanos brilla como un sol fugaz a gas butano. Allá donde se cruzan los caminos, donde el futuro aún no se puede concebir, donde no regresan los cerebros: ¡pongamos que hablo de Madrid, de España…!

España: ¡El Juancarlismo ha muerto!, ¡viva la Reypublica Filipina!
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