Sin Rubalcaba no puede entenderse lo que llegó a ser el PSOE en España

Alfredo Pérez Rubalcaba, ex secretario general del PSOE.
Alfredo Pérez Rubalcaba, ex secretario general del PSOE.

De González a Sánchez, pasando por Almunia, ZP y Rubalcaba, ¿existe una línea continua de coherencia política y orgánica en estos cinco secretarios generales del PSOE post franquista?

Sin Rubalcaba no puede entenderse lo que llegó a ser el PSOE en España

De González a Sánchez, pasando por Almunia, ZP y Rubalcaba, ¿existe una línea continua de coherencia política y orgánica en estos cinco secretarios generales del PSOE post franquista?

Conciencia y consciencia son dos palabras que se parecen, pero no significan lo mismo. En cambio PSOE y Rubalcaba, siendo tan distintas, se confunden en un mismo significado. Es cierto que muchos dentro del propio socialismo han querido negarle cualquier reconocimiento y respeto al hasta hace pocas semanas Secretario General, pero para mí Alfredo Pérez Rubalcaba siempre estará entre las figuras indiscutibles e inseparables de la historia del socialismo español tras la muerte de Franco en 1975. Sin Rubalcaba no puede entenderse lo que llegó a ser el PSOE en España, y también con Rubalcaba coinciden los peores momentos del partido en el reparto institucional de poder. 

Posiblemente sean estas dos caras opuestas de la misma moneda lo que haga complicado un análisis sereno y justo de su significado tanto en el Partido Socialista como en los gobiernos de España donde él ha participado. Rubalcaba no fue, solamente, el ministro del Interior que gestionó el final de la ETA, sino la única figura heroica que quedaba galopando del felipismo de oro, ya que Almunia, como mucho, podría ser encuadrado dentro del felipismo de latón. De Felipe González a Pedro Sánchez, pasando por Almunia, Zapatero y Alfredo. ¿Existe una línea continua de coherencia política y orgánica en estos cinco secretarios generales del socialismo post franquista? Posiblemente no al nivel que hubiese permitido al socialismo sobrevivir de mejor manera a los cambios de líderes desde la marcha de Felipe en 1997. Vamos camino de 20 años desde entonces, y nunca se ha podido recuperar de manera íntegra el legado político y de poder que llegamos a tener hasta 1995. Solo los 7 años de gobierno de Zapatero han salvado al socialismo de una travesía en el desierto que sí se ha mantenido en niveles preocupantes si miramos al poder autonómico y local. En ciertas comunidades, como Valencia o Murcia, gente en edad de votar no recuerda cuándo fue la última vez que tuvieron un presidente autonómico del PSOE.

Pero a mí me gustaría esta semana centrarme en la figura de Alfredo para reivindicarla sin ningún tipo de complejo. Yo he sido y seré siempre un enamorado políticamente de Rubalcaba, a pesar de que he publicado muchos artículos críticos con él y con su gestión del partido en estos últimos dos años. Hay quien confunde la lealtad con la sumisión, pero no hay mejor lealtad en política que la sinceridad con aquel compañero al que has decidido confiarle tu voto. Alfredo se encontró no ya con un partido destrozado externamente sino enfrentado internamente, con un problema agregado: aquella que perdió frente a él en Sevilla no solamente rechazó la integración y trabajar en el proyecto común socialista, sino que se dedicó a torpedear desde el siguiente día a la nueva ejecutiva salida de ese congreso extraordinario, tomándose un año de vacaciones en Miami desde donde hacer “mejor” ese socialismo que no conseguían lograr los que se quedaron aquí dando la cara día a día en el peor momento del partido en las últimas décadas. Con sus errores evidentes, pero siempre de frente. Tiene que ser muy duro salir por la puerta de atrás de un partido por el que te han partido la cara hasta la saciedad, mientras ves como deslealtades y ambiciones egocéntricas son premiadas y entran por la puerta grande en la nueva dirección socialista. 

Si tuviera que hacer una señal en la carrera política de Alfredo, la cual nunca tuvo que haber traspasado, sería el 20-N del 2011. Una vez derrotado en las urnas como todos sabían, Rubalcaba debió de haber dado un paso atrás y abrir una nueva etapa para el socialismo. Una etapa que tendría 4 años por delante para desarrollarse e implantarse, y quizás las cosas habrían sido distintas, o no, pero seguro que le habría dado al ex ministro del Interior una autoridad política de la que careció desde entonces, porque Alfredo siempre tuvo conciencia de lo que era ser socialista pero careció de consciencia de cómo gestionar internamente su autoridad como número uno.

Sin Rubalcaba no puede entenderse lo que llegó a ser el PSOE en España
Comentarios