Gibraltar se ha convertido en el gran 'blanqueadero' de dinero negro de Europa

Vista del Peñón de Gibraltar.
Vista del Peñón de Gibraltar.

Desde Gibraltar se controla ya gran parte del sector inmobiliario de Andalucía. La marca colonial cruza la verja. Las sociedades gibraltareñas compran la Costa del Sol.

Gibraltar se ha convertido en el gran 'blanqueadero' de dinero negro de Europa

Los llanitos quieren ser andorranos, pero sin copríncipes. Dicen que si en Europa existen Andorra, Mónaco, San Marino, Liechtensten, Malta -que también fue colonia británica- y Luxemburgo, ellos no quieren ser menos y que tienen todo lo que necesitan: un territorio y una población de 30.000 almas, cuyo presupuesto anual es, por cierto, como el de Vigo.

Esto es una bicoca: Gibraltar pretende, de momento, mantener su singular estatus como territorio dependiente del Reino Unido dentro de la UE. Pero en la roca no se aplica el IVA ni el CAP y se halla excluida de las tarifas aduaneras comunitarias. Fue el historiador e hispanista Hugh Thomas, asesor de Margareth Thatcher, el autor de la idea de que Gibraltar, Ceuta y Melilla adquirieran el mismo estatus que Andorra.

Enclave económico

Gibraltar se ha convertido en uno de los mayores enclaves financieros del mundo y el primero de Europa: puerto franco, paraiso fiscal, resguardo del secreto bancario. Contra el pago de 225 libras anuales, y la condición de que no se efectúa ninguna transacción con gibraltareños, toda sociedad mercantil establecida en la roca vive un régimen de carencia impositiva total. Esto es jauja.

Miles de sociedades reales o fantasmas se benefician de esta situación singular. Es el gran 'blanqueadero' de dinero negro de Europa. Todo el mundo lo sabe. Desde Gibraltar se controla ya gran parte del sector inmobiliario de Andalucía. La marca colonial cruza la verja. Los llanitos de a pie se compran una casa para el "week end" en la Costa del Sol. Las sociedades gibraltareñas compran la Costa del Sol.

Tiene gracia: Alejandro Dumas, en un artículo sobre la roca la definía como "inmenso arsenal y gigantesco comercio de contrabando".

Y ahora, independientes

"Y no es que no queramos ser españoles, es que preferimos ser independientes". Eso dicen ahora, aunque de momento les tiene en cuenta ser británicos, aunque sea de segunda. En la cola para entrar en la roca me encuentro con algo inesperado: el llanito que va delante ha colocado tres pegatinas en su coche que simboliza la nueva filosofía que rige en la colonia. A saber, la bandera de Europa, la de España y el distintivo de Great Britain Zone.

Les gustaría ser un país más dentro de la UE o mantener su privilegiada situación. He ahí la novedad, "ni british for ever (británicos para siempre, como proclamaban antes las paredes de la roca) ni españoles nunca, gibraltareños", te repiten en los comercios de Main Street. En la calle comercial del enclave hay tantos letreros en castellano como en inglés. Cada día los bancos españoles abren una nueva sucursal.

La gente es amable y no hallas el menor resquicio de gestos antiespañoles. (Han borrado algún que otro insulto contra Rey que había visto antes). La reivindicación de la roca que el Rey don Juan Carlos realizó hace años ante las Naciones Unidas había vuelto a poner de actualidad este viejo contencioso hispano británico, máxime después de que se hubiera lanzado la peregrina idea de transferir la soberanía a la UE.

En 1915, en un artículo publicado en la revista Mundo, Jorge de Aragón escribía: "Porque es muy cierto, y serla una insensatez negarlo, que hay dentro de la constitución interna del pueblo inglés una levadura de ductilidad y flexibilidad de que la mayoría de los demás carecen, y solo por esta afirmación puede quedar expresada la serie de movimiento y evoluciones experimentada en aquella sociedad política, que, en puridad, no tiene otra base que la Carta Magna de Juan sin Tierra, arrancada en Francia a aquel Rey por los barones ingleses. Si Inglaterra ha hecho por Australia y Nueva Zelanda lo que nunca hubiera podido imaginarse, e incluso por el Transvaal, después de haber sostenido una dolorosa guerra, ¨cómo negar que el Reino Unido nos devuelva algún día Gibraltar".

Se lo había advertido a Carlos III el Conde de Floridablanca: "Señor, hemos cedido en el asunto de Gibraltar, sólo por ahora. Debemos conseguir su devolución siempre que podamos, bien sea por la negociación o por la fuerza si hay guerra. La negociación exige sagacidad, constancia, tiempo y gastos". Sin duda el conde sabía lo que decía.

Don Salvador de Madariaga advertía: "al seguir ocupando un trozo de territorio que pertenece por derecho natural a otra nación europea, Inglaterra contribuye a perpetuar la era del "Viva quien venza" en las relaciones internacionales, socavando así su propia autoridad moral como nación dirigente de una nueva era de unidad orgánica y de salud internacional".

Cuestión de población, cuestión de territorio

Los ingleses han acuñado una frase muy expresiva que se interpone en la mesa de negociaciones cada vez que se trata el problema de Gibraltar. "Para ustedes -nos dicen- es un problema de territorio; para nosotros, de población. Y nos hemos comprometido a tener en cuenta los intereses de los habitantes de la Roca en cualquier solución posible". Así se refleja en la "Constitución" de 1969.

Han sido los propios británicos, que en tiempos de López Bravo nos invitaban a "pensar juntos" para resolver este viejo contencioso, quienes, desde las páginas de un prestigioso rotativo, lanzaron una posible salida: la transformación de la Roca en un territorio compartido entre Su Graciosa Majestad y Su Majestad Católica, es decir, entre el monarca británico y el español. Sería una especie de Andorra. La única personalidad española que se pronunció inicialmente a favor de esa posibilidad fue el Conde consorte de Motrico, José‚ María de Areilza, quien resaltó que cualquier avanza era bueno y es preciso, ante todo, tener imaginación.

En su testamento político, al abandonar la presidencia de la colonia, Joshua Hassan pidió a los gibraltareños que, ante España, decidan con la cabeza, no con el corazón. Hassan ha tratado de hacer ver a sus convecinos que el futuro de la Roca pasa por la colaboración con el entorno español. El actual premier  Fabian Picardo quiere mantener todos los privilegios comerciales y de relación con España de la colonia sin ceder nada a cambio.

La doctrina de las Naciones Unidas sobre la roca está contenida en el Consenso de 16 de octubre de 1964 y en la famosa Resolución 2.469, de 18 de diciembre de 1968 que establece que la situación de Gibraltar es colonial y que debe ponérsele fin mediante conversaciones directas entre el Reino Unido y España. La "fecha tope" para la descolonización era el 1 de octubre de 1969. Tiene gracia.

En Gibraltar manda una generación marcada por el bloqueo de Castiella que no quiere ni querrá ser española. La propia salida de la soberanía compartida, aunque sería un avance considerable sobre la situación actual, pero para España no pasaría de ser una fórmula transitoria, un fideicomiso temporal hasta obtener la plena restitución de la integridad territorial.

Los radicales se oponen a cualquier avance y vetaron el uso conjunto del aeropuerto, consecuencia inevitable al desaparecer la verja y las fronteras interiores dentro de la CE. Un aeropuerto construido en terrenos usurpados a España y nunca cedidos. Pero la política del actual gobierno les ha ido dando bazas a cambio de nada.

El compromiso británico con los gibraltareños es una constante que España no puede ignorar. Pero al mismo tiempo, son los propios ingleses quienes han sacado de la cabeza a los llanitos la posibilidad de que puedan alcanzar la independencia. Los últimos acontecimientos en Europa central han despertado de nuevo la euforia independentista y los llanitos proclaman ahora: "ni ingleses ni españoles, gibraltareños". Ello ha dado lugar al nacimiento de una escasamente perceptible corriente anticolonial en la Roca.

Es evidente que en ningún foro internacional la tesis de la autodeterminación de los llanitos puede prosperar (en la ONU no, desde luego), ya que no se trata de una población autóctona, sino de un agregado de emigrantes instalados a la sombra de los cañones ingleses. Aunque las autoridades británicas estén de acuerdo en ello (Margareth Thatcher había dicho que la colonia sería inglesa o española), con enorme sutileza han conseguido crear una situación sin salida visible, al transferir a los llanitos una decisión que debe tomar el Gobierno, el Parlamento o la Reina.

Es una situación muy compleja y difícil de remontar: los ingleses sostienen obstinadamente que la población es algo independiente, que tiene entidad en sí misma, al margen de la propia situación colonial. Sin embargo, es evidente que la población llanita es consecuencia de la colonia, que no estaba antes ni surge allí. Los habitantes de Gibraltar, salvo media docena de renegados y un cura, abandonaron la Roca llevándose el pendón de la ciudad y se establecieron en San Roca, "donde reside Gibraltar".

Cuando quisimos cambiar Gibraltar por Puerto Rico

Lo cierto es que, a lo largo de la reciente historia, entre las numerosas soluciones imaginadas por España para recuperar la Roca se han barajado las más diversas permutas: desde cambiarla por Puerto Rico, isla en la que los ingleses tengan especial interés, a un trueque con Ceuta, del que se llegó a hablar en tiempos de Primo de Rivera.

Pese a todos los problemas, es evidente que está produciendo una ósmosis lenta, pero efectiva, que va integrando poco a poco Gibraltar en su campo. Las relaciones con la Línea son cada vez más profundas y los jóvenes de ambas poblaciones aprenden a vivir juntos, a comprenderse.

"El Reino Unido nos ha dado unas oportunidades que, hoy por hoy, España no puede ofrecer". Eso es, más o menos lo que piensan los treinta mil habitantes del peñón, una mezcla de malteses, genoveses, hebreos, y británicos diversos, procedentes de otras colonias, junto a hindúes y marroquíes.

Cinco banderas en la frontera

En la frontera llaman la atención cinco banderas. De nuestro lado, junto al antiguo puesto militar, la de España. Del otro lado, sobresalen cuatro. Han colocado juntas, como todo un símbolo, las de Europa, el Reino Unido y Gibraltar (blanca y roja con un castillo y una llave). Pero también está, a la misma altura, la de la Shell. La colonia es, ante todo, una plaza comercial. Los ingleses, muy pragmáticos, fueron los primeros en desdramatizar la posición retirando el punto militar, es decir, el centinela. Y por retirar se han llevado ya a gran parte de sus efectivos militares: unos dos mil soldados que periódicamente iban rotando, entre las diversas unidades de la metrópoli. La última fue el "Royal Green Jackets",los guerreras verdes.

España mantenía un puesto militar en la frontera. Cada tarde, al arriar la bandera, se tocaba el himno nacional y después, dando frente al peñón, el toque de oración. Ello obligaba a mantener una guarnición militar en La Línea.

Ahora, en la roca, los soldados que montan guardia en el Palacio del Gobernador, un edificio de ladrillo, de corte colonial, desconchado y con ventanas sin cortinas, como símbolo de la decadencia del imperio, esos soldados son más bajitos de lo habitual. Se trata de los voluntarios del Gibraltar Regiment.

Pese a la ceremoniosa liturgia del cambio de guardia (los martes se celebra con la teatralidad habitual), esto ya no es lo que era.

Pero en la roca, que en cinco kilómetros cuadrados encierra cuarenta kilómetros de túneles y galerías) está la base del mando del Estrecho de la Alianza Atlántica (el Gibmed). El aeródromo está bajo el mando directo de la RAF. Es un aeropuerto militar con uso civil.

Y también dependen de la custodia militar los famosos monos. Por cierto que todos son conocidos con nombres de preeminentes figuras de la política inglesa, disponen de diversos empleos castrenses, tienen asignada soldada en los presupuestos de la guarnición y están severamente protegidos de los excesos de los turistas. De ahí, la famosa advertencia en castellano de que se puede mirar, pero no tocar: los primeros españoles que volvieron a entrar, por tierra en Gibraltar, tras la apertura de la frontera, se daban de narices, al regresar a la línea con esta advertencia: "En Gibraltar no se conoce la rabia. Se prohíbe la entrada de perros". Después, cuando los turistas empezaron a fluir (un paseo en coche por la ciudad, con visita a los baluartes militares y las galerías costaba 2.000 pesetas), los británicos colocaron otro cartel en castellano: "Se prohíbe dar comida a los monos".

Hoy en día, todas las tiendas de Main Street, su arteria principal, anuncian sus artículos en el idioma de Cervantes por medio de grandes reclamos e incluso se han imprimido unas pegatinas de propaganda en las que se anuncia: "Gibraltar, tienda para España".

Publicidad para españoles

Una parte esencial de la publicidad turística gibraltareña se orienta hacia los visitantes que llegan de España y que sobrepasan elevadamente en número a los cruceristas británicos o a los que arriban en vuelo desde la metrópoli. Desde 1985, la colonia vive una etapa dorada. En los meses de julio y agosto, más de diez mil vehículos y cerca de ochenta mil personas visitan la Roca por semana. Desde diversos lugares de la Costa del Sol se organizan viajes turísticos en autobús con dos destinos preferentes: Gibraltar y la Escuela Española de Equitación y las Bodegas de Jerez.

En el momento de la reapertura plena de comunicaciones con España, Gibraltar no contaba con otra cosa que 1.800 camas. Los turistas no pernoctan en la plaza. Recorren la ciudad, suben las Cuevas de San Miguel, retratarse en (Apes Den), el rincón de los monos (de cuya custodia, por cierto, se encarga un sargento de fusileros de su Graciosa Majestad) y callejean por Main Street donde los hindúes hacen su agosto.

"No sé de que‚ se quejan los comerciantes de Ceuta -comenta el propietario de un pequeño pub en la calle principal a propósito del quebranto que la reapertura de la verja causó en la plaza española-, si estos indios son primos, hermanos y parientes de los de allí".

Los alcaldes del Campo de Gibraltar entienden que a España no le queda otro camino que ganarse a la población de la roca, logrando superar el sentimiento antiespañol generado por los años de aislamiento que causar daños concretos en los intereses de los habitantes de la colonia, buena parte de los cuales tenían propiedades de este lado de la verja, bienes de los que hubieran de desprenderse precipitadamente al producirse el cierre de las comunicaciones.

"Fue muy doloroso", te cuentan los que hoy sobrepasan los setenta años, señalando hacia la Línea. "Allí tenía yo una cosa", dicen con nostalgia.

En 1997, los ingleses devolvieron Hong Kong a China. Dicen que es prueba del pragmatismo británico y de la paciencia china...o de que tiene tiene mil millones de argumentos. También Hong Kong había sido cedido a perpetuidad por medio de un tratado desigual.

Los folletos turísticos que reparten aquí dicen: "Gibraltar has always benn know as a symbol of strength" (Gibraltar ha sido visto siempre como un símbolo de poder". De momento, en la montaña de Tarik, en el primer edificio que los árabes construyeron en Europa -que es la cárcel local-, sigue ondeando la bandera de la Unión Jack.

Desde que se abrió la verja que en 1969 cerró Castiella, España no ha avanzado ni un paso en su objetivo de recuperar lo que el Rey Juan Carlos calificó ante el Parlamento británico de “reliquia del pasado”. Esa es la realidad.

Ahora, los residentes en Gibraltar pueden recibir asistencia en el hospital de La Línea a cuenta de la Seguridad Social española. Algunos impertinentes exigen incluso que les hablen en inglés en sus sesiones de hemodiálisis, y hay vuelos entre Madrid y la Roca. Los aviones de Iberia aterrizaban –ya no van ahora- con permiso en un trozo de España que fue usurpado al margen del Tratado de Utrecht. Por cierto que allí se dice que Gibraltar no tendrá comunicación por tierra con el territorio circunvecino. Eso fue lo que aplicó Castiella. Ciertamente, si el instrumento jurídico que legaliza la ocupación es el célebre tratado con el que pagamos la llegada de los Borbones, tan aplicable es el artículo que establece la cesión como los que marcan sus condiciones.

Y gracias a la diplomacia Zapatero-Moratinos los llanitos adquirieron voz, voto y reconocimiento jurídico junto a los ingleses en la mesa de negociación. “Dos banderas, tres voces”. En este caso, España debería haber incorporado a los descendientes de los gibraltareños que dejaron el peñón cuando fue cedido a los británicos y que residen en San Roque desde entonces. Pero ese foro ya no se convoca porque España ha cambiado de política. Y yo estoy de acuerdo.

Gibraltar se ha convertido en el gran 'blanqueadero' de dinero negro de Europa
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