Europa se enfrenta a desafíos que van más allá del cálculo económico sobre la crisis

Marine Le Pen está organizando la derecha radical a escala europea.
Marine Le Pen está organizando la derecha radical a escala europea.

El odio es consecuencia y causa ... se retroalimenta sin parar, aunque en la mayor parte de las veces no tiene fundamento alguno. Por supuesto, fundamento racional.

Europa se enfrenta a desafíos que van más allá del cálculo económico sobre la crisis

El odio es consecuencia y causa ... se retroalimenta sin parar, aunque en la mayor parte de las veces no tiene fundamento alguno. Por supuesto, fundamento racional.

Crece la ultraderecha y todos los ultras que acaban revolcados en la judeofobia. Es un pestilente guisote en el que se cuece comunismo, fascismo, anarquismo ... en sus peores, ignorantes y bárbaras ediciones. "Hay que aprender de la historia si no estaremos condenados a repetirla" , queda en eso, una frase. La política en la UE es inestable, no sin pausa vemos peones de la extrema derecha ganar en Europa y mostrarnos que no han aprendido nada en todos estos años.

Todo esto conlleva un peso negativo en temas como el futuro de la democracia, peligrando la integración de la misma, los derechos humanos, el racismo, etc.

Las elecciones al Parlamento Europeo fueron ganadas por partidos como el Frente Nacional (FN), de Jean-Marie Le Pen, que han querido mostrarse algo "tolerantes" con el racismo y el antisemismo. Mientras, Le Pen padre hace pública su estrategia y revela con ellas su nunca oculto fascismo. Por su piel exuda la xenofobia y el neoracismo más evidentes contra los naturales de países africanos musulmanes.

En defensa del mito esencialista de una Europa hecha a imagen y semenjanza suya, Le Pen padre desgrana desde teorías conspiratorias que desenmascaran a traidores y vendepatrias hasta la consideración de la inmigración no como un fenómeno debido a determinadas circunstancias políticas, sociales y económicas sino como un plan hábilmente urdido por mentes perversas para dominar y someter a la Europa ideal, imaginaria, que él posee en exclusiva, llegando a interpretar hechos históricos con un marcado sentido teológico.

Recordamos cuando Le Pen declaró que habría que “hornear” (en alusión a los hornos crematorios nazis) al cantante judeo-francés Patrick Bruel, por sus críticas a los Le Pen. Por citar cuando declaró que los problemas de la inmigración africana se podrían solucionar por el “señor ébola en tres meses” o aquella que decía que la ocupación nazi de Francia “no fue tan inhumana”. El FN se coloca como la primera fuerza francesa con capacidad de ejercer fuerte liderazgo en Europa frente a los temas ya referidos. Así votaron los franceses, en protesta por el desempleo y contra la relativa tolerancia inmigratoria de Bruselas. Es tanto un triunfo de la intolerancia política como un fracaso de la izquierda y el centro moderado para hacer política de calidad. Ambas, malas noticias.

Así votaron también en otros países, en donde ganan terreno otros partidos extremistas de derecha, como el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), el Partido por la Libertad holandés (PVV) o el Partido del Progreso noruego (PP). Intriga la persistencia del antisemitismo, del que creíamos curada a la política europea. Estos son partidos que no esconden sus fobias racistas. Además de antisemitas, son antiárabes y antinegros. Aun con la experiencia de la Alemania nazi en la memoria de al menos dos generaciones europeas, la sociedad y la política en Europa no son zonas libres de prejuicios y xenofobia.

Prevalece así la intolerancia contra la anómala otredad, generalmente personificada por inmigrantes provenientes del sur del mundo, que se caracterizan por ser “no blancos” y, en muchos casos, con perfiles ideológicos, pero sobre todo religiosos, distintos a los occidentales (muchos de ellos también intolerantes, como el fundamentalismo islámico, dicho sea de paso).

Todo esto está ocurriendo en las sociedades más avanzadas e ilustradas, y también con gran diversidad étnica y cultural. También es la evidencia del primitivo nivel de su política, más aún en tiempos de desencanto social, desempleo e incertidumbre económica, todo lo cual es aprovechado por sectores de la clase política, cuya narrativa evidencia torpeza e irresponsabilidad. El FN, el UKIP, el FPÖ, el PVV y el PP son antieuropeístas y lo que viene con ello. Los caracteriza una narrativa sectaria y excluyente. Aunque no necesariamente representan opciones de largo plazo ni sustentables políticamente, sí nos recuerdan los crudos tiempos en que este mismo discurso fue abanderado por Hitler.

Desde su laberinto antitético, harán todo lo posible por perdurar. Su coalición (PPE) en el parlamento tendrá 212 escaños, contra 185 de socialdemócratas y 71 de liberales. Su mayoría representa un peligro para la estabilidad de Europa y el mundo de hoy. Preocupa principalmente el contenido antisemita de su discurso. De hecho, su gradual ascenso ha provocado una importante ola migratoria de judíos a Israel, que huyen de sus ataques que incitan al odio a sus seguidores y a otros sectores que, aunque minoritarios, han sido perniciosos para la armonía social.

Debemos decir un no rotundo a este tipo de discursos procedan de donde procedan, decir no a todo lo que representan de odio, de exclusión, de marginación, de uso de la mendacidad como instrumento al servicio de unas ideas, que debemos repudiar abiertamente, no sólo porque en sus más crueles manifestaciones fuesen derrotadas en la segunda guerra, sino porque no debemos permitir que vuelvan a germinar para vergüenza de todos.Lo dicho: Europa se enfrenta a desafíos que van más allá del cálculo económico sobre el coste la crisis, de por sí muy alto.

Europa se enfrenta a desafíos que van más allá del cálculo económico sobre la crisis
Comentarios