El Estado Islámico comparte las ideas de Al Qaeda y también tiene territorio

Miembros del llamado Estado Islámico. / geic.com.ar
Miembros del Estado Islámico. / geic.com.ar

Desde Al Qaeda, Ayman al Zawahiri pretende restaurar el califato. Pero Abu Bakr al Bagdhadi, desde el Estado Islámico, lo ha instaurado en la práctica, de una manera brutal.

El Estado Islámico comparte las ideas de Al Qaeda y también tiene territorio

Desde Al Qaeda, Ayman al Zawahiri pretende restaurar el califato. Pero Abu Bakr al Bagdhadi, desde el Estado Islámico, lo ha instaurado en la práctica, de una manera brutal.

El grupo yihadista Estado Islámico (EI) adoptó esta denominación en junio de 2014, si bien sus antecedentes se remontan a 2004. En abril de 2013 fue cuando se produjo la ruptura entre Al Qaeda y el actual EI, una de sus dos ramas territoriales en la región de Oriente Próximo. En todo caso, EI y Al Qaeda comparten ideología y fines.

El llamado Estado Islámico moviliza seguidores y recluta militantes o colaboradores, dentro y fuera de su región, en países con poblaciones predominantemente musulmanas y entre las colectividades islámicas que existen en el seno de las sociedades occidentales como Francia, Reino Unido, Alemania, Holanda o Bélgica. Su líder es Abubakr al Bagdadi, que concentra en su persona la máxima autoridad religiosa y política. Decapitaciones, expulsión de minorías religiosas y un ominoso trato a las mujeres son algunas de sus manifestaciones más conocidas.

Fervientes seguidores de la versión fundamentalista y belicosa del islam, que se denomina salafismo yihadista, su objetivo último declarado es extender por la fuerza la observancia de esa religión, en su expresión más excluyente y rigorista, sobre el conjunto de la humanidad y reinstaurar el califato, una suerte de imperio político panislámico, sobre el conjunto de territorios en los que rigen o han regido alguna vez, desde el siglo VII, las estipulaciones plasmadas en el Corán.

La diferencia está en que el EI, ante su población de referencia, por otra parte la misma de Al Qaeda, presenta como resultados lo que para esta última siguen siendo aspiraciones. Los suníes abrazan su causa, que si bien es repudiada por sus imposiciones y la brutalidad, también es valorada por la relativa seguridad y estabilidad que aporta a zonas que estaban en guerra.

Mientras que el EI controla amplias franjas de Siria e Irak, actualmente objeto de ataques occidentales, la llamada Al Qaeda central se encuentra recluida, desde 2002, bajo la protección de islamistas radicales, en las áreas tribales de Pakistán. Otros países en los que tienen presencia y cierto control del territorio som Yemen y el norte de Mali. Ayman al Zawahiri es el principal dirigente de Al Qaeda, que pretende restaurar el califato. Ibrahim al Badri, más conocido como Abubakr al Bagdadi y proclamado califa Ibrahim el pasado junio, lo ha instaurado en la práctica.

Al Qaeda ha subrayado la utilidad del terrorismo en relación con, por ejemplo, las consecuencias económicas o políticas que imputa a atentados tan letales como los del 11-S o el 11-M, pero la brutal implantación del califato hecha por el EI está superando esas y otras manifestaciones, según Fernando Reinares, investigador principal de Terrorismo Internacional en el Real Instituto Elcano y catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos.

El terror gobierna ahora el nuevo califato, desde el que el Estado Islámico gestiona un territorio entre Siria e Irak con ocho millones de habitantes, bajo su propia bandera, gracias a la violencia y al contrabando de petróleo en la frontera de Turquía. Controla tres campos de extracción en Siria y cinco en Irak y una refinería.

Raqa, ciudad siria, se ha convertido en su capital, tras conquistarla en la primavera de 2013. El llamado EI ocupa ahora amplias zonas de Siria e Irak. Según El País, unos 130.000 kilómetros, tanto como Austria y Suiza juntas. Cuenta con un ejército de 31.000 combatientes, según la CIA, y dispone de financiación propia.

El Estado Islámico tiene, por tanto, una administración, promulga leyes, recauda impuestos, administra justicia, e incluso provee servicios sociales. Su jefe, proclamado califa Ibrahim, tiene dos delegados: uno para las provincias sirias y otro para las iraquíes. También encabeza un consejo consultivo, llamado shura, que dirime asuntos ideológicos y religiosos, un consejo militar, y una especie de gobierno que se encarga de seguridad, finanzas y propaganda. La vida, con todo, es dura, por falta de luz, agua y servicios médicos. Para los mujeres lo es más: no pueden salir solas a la calle y tienen que ir cubiertas con niqab, una funda que solo deja al descubierto los ojos.

La red de ciudades del Estado Islámico, encabezada por Raqa, se completa con Manbij, El Bab y Deir Ezzor, en el norte de Siria, y Mosul, en el norte de Irak. "Ha creado un sistema en las ciudades bajo su control, en Raqa primero y ahora en Mosul”, señala en El País Julien Barnes-Dacey, experto en Irak y Siria del European Council on Foreign Relations (ECFR).

¿Cristianos a salvo?
Los yihadistas afirman que los cristianos pueden vivir "a salvo" dentro del EI siempre y cuando paguen un diezmo al Estado en concepto de "dihmma" a cambio de "protección", además de no profesar públicamente su religión, un caso único de entre las demás minorías: turcomanos, chabaquíes y yasidíes. Estos últimos han sido objeto de implacables persecuciones y muchos de ellos han muerto.
La supuesta "tolerancia" con los cristianos se basa, según el diario ABC, en los criterios de un juez del tribunal islámico para asuntos no musulmanes del EI, que interpreta un pretendido pacto entre cristianos y el 'califa' Abubakr al Bagdadi , líder del EI, en enero de 2014, que establece que si se niegan a convertirse al Islam deben pagar un diezmo.

 

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