España ante un problema irresoluble: la cuadratura democrática del 'círculo'

Manifestación de Podemos en Madrid. / Facebook
Manifestación de Podemos en Madrid. / Facebook

Cuanto más maduro se hace el proyecto de Pablo Iglesias, más temo por la suerte del próximo alcalde de Madrid. Si no es de la cuerda de Podemos, claro…

España ante un problema irresoluble: la cuadratura democrática del 'círculo'

Cuanto más maduro se hace el proyecto de Pablo Iglesias, más temo por la suerte del próximo alcalde de Madrid. Si no es de la cuerda de Podemos, claro…

Por la brecha que ha abierto en España el iceberg de la crisis, sigue entrando agua. Agua gélida que le llega ya por el cuello a los pasajeros de tercera clase, los que que todavía no se han ahogado, claro. Agua turbulenta que se filtra por los camarotes de los pasajeros de segunda clase con síntomas, quizá reversibles o irreversibles, de hipotermia. Agua tibia que barre la cubierta en la que los pasajeros de primera clase, con honrosas excepciones, han ido ocupando los escasos botes salvavidas que les permiten abandonar el barco a imagen y semejanza de las ratas. La vieja y fantasmagórica silueta del Titanic surca el océano glacial ártico de nuestras pesadillas nacionales, como episodios póstumos de Benito Pérez Galdós. Creíamos que a España no podía hundirla ni Dios, pero en realidad la puede hundir un simple mortal, un Zapatero o un Rajoy, un Pujol o un Mas, una Susana o una Esperanza, un Pablo Iglesias o un Albert Rivera, una Dolores de Cospedal o una Rosa Díez, cualquier individuo o individua convencido/a de que ha sido elegido/a para llevar a su pueblo a una de sus virtuales tierras prometidas.

“Salvapueblos” pescando en aguas revueltas

¿Son imaginaciones mías o Mariano Rajoy, como in illo témpore su paisano Méndez Núñez, prefiere el barco del Estado que la honra, la dignidad, el empleo y la esperanza de los españoles? ¿Sólo me lo parece a mí o Pedro Sánchez es un iluso Sancho Panza que sueña con gobernar en otra ínsula de Barataria? ¿Sufro alucinaciones o Pablo Iglesias ha empezado a echar eso que hemos llamado toda la vida “barriguita de la felicidad”, ideológica, claro, tras una larga luna de miel con las encuestas? Hay en el aire, ¿no lo hueles?, un tufo receso a discreto encanto de la burguesía que mantiene en alerta mi membrana pituitaria. Proviene de los últimos mítines de los muchos y egocéntricos proyectos políticos alternativos. Debe ser el ácido sulfúrico de los laboratorios donde polítólogos, Juanes Nadie, Juanas de Arco y demás “salvapueblos” pescando en aguas revueltas, han ido diseñando, plagiando, improvisando eclécticos antídotos placebo extraídos del pueblo, para el pueblo, pero sin el pueblo.

La cuadratura de los círculos

Ya sé, ya sé que la endogámica, despiadada y corrupta burguesía de la calle Génova, que se ha extendido como una siniestra enredadera por la geografía española, resulta indigesta y obscena. Ya sé que la vergonzante burguesía de la calle Ferraz, que ha ido emergiendo como un vil, inconfesable y oscuro objeto del deseo de la socialdemocracia, se ha convertido en una réplica en plural de un “beso de Judas” estampado en el rostro millones de españoles. Pero en un mundo en el que el hombre lleva un horror siendo lobo para el hombre, permítanme que tampoco crea en las milagrosas “cuadraturas del círculo”, de todos los círculos que han ido proliferando desde que se levantó el campamento del 15-M tras el ocaso en La Puerta del Sol.

Esperando a un mesías; esperando a Godot

Soy un escéptico, no lo puedo evitar. Escucho, contemplo, escudriño a través de la “caja tonta” a estos chicos y chicas, los Pablos, los Albert, las Colaus, las Tanias y demás ocurrentes e innovadores monologuistas del gran Club de la Comedia electoral y, oye, de verdad, me siento conmovido por un pueblo, ¡oh, los españoles!, condenados a pasarse la historia desguazando lo malo conocido y aferrándose al clavo ardiendo de lo bueno por conocer. Conmigo que no cuenten para este viaje a ninguna parte que se ha repetido como una pesadilla por los siglos de las siglas. No quiero seguir perteneciendo a un club de ciudadanos muertos, de zombis errando a través del tiempo y del espacio sin detenerse jamás a reconocer que, las alegóricas campanas del viejo Tío Hem, daaang, daaang, han doblado siempre, en el pasado, en el presente, en el futuro, por ellos, por nosotros, por tantas generaciones perdidas de antaño y del mañana que siguen esperando un caudillo, un salvador, un mesías prometido, como los enternecedores personajes de Beckett llevan 60 años, y los que les quedan, tronco, esperando inútilmente a Godot.

El indignado Voltaire versus el indignado Pablo

Con esto de la indignación ciudadana es que ocurre algo parecido a eso otro del colesterol, oye. Que hay indignación benigna e indignación maligna, como hay colesterol bueno y colesterol malo. Mismamente, Voltaire era un paradigma de indignación saludable. Me lo puedo imaginar participando en la primavera de Praga, plantado frente a un tanque en la plaza de Tiananmen, lanzando piedras en una Intifada, rodeando un Congreso de los Diputados, acampando en la Puerta del Sol, atendiendo al relato del sueño que tuvo una vez Luther King o luciendo palmito con la camiseta estampada con el círculo de Podemos. Eso sí, era un indignado rico, con las espaldas incluso más cubiertas que las espaldas del indignado Juan Carlos Monedero, las cosas como son. Por otro lado, era un indignado con piquito de oro, capaz de robarle cámara y micrófonos al mismísimo Pablo Iglesias si hubiesen compartido época. Pero, por encima de todo, era un indignado demócrata, a ver si me entiendes, incapaz de haber votado en el Parlamento Europeo en contra de una resolución de amonestación a Venezuela: ese país donde encarcelan a molestos líderes de la oposición, a moscas cojoneras disidentes y a alcaldes de Caracas elegidos en las urnas. Con razón se le atribuye una frase que nos resultaría muy difícil atribuir a Pablo Iglesias, ese “Voltaire probeta” cañí: “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”

Cuanto más maduro se hace el proyecto de Pablo, más temor me invade por la suerte que pueda correr el próximo alcalde o alcaldesa de Madrid. Si no es de la cuerda de Podemos o sucedáneos, naturalmente.

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