La entrevista de Alsina mostró que Rajoy no es precisamente Frank Underwood

Fotograma Bienvenido Mr. Chance
Fotograma Bienvenido Mr. Chance

"Veo complicado que alguien con su falta de pericia nade en el mar de tiburones de la política y consiga, no solo salir ileso, sino imponerse como vencedor", dice la autora.

La entrevista de Alsina mostró que Rajoy no es precisamente Frank Underwood

"Veo complicado que alguien con su falta de pericia nade en el mar de tiburones de la política y consiga, no solo salir ileso, sino imponerse como vencedor", dice la autora.​

La ya célebre entrevista que Carlos Alsina hizo a Mariano Rajoy en vísperas de las elecciones catalanas, es de las pocas que merecen llamarse entrevista de cuantas le han hecho desde que ocupa el cargo de presidente del Gobierno. No fue un paripé, no fue una farsa, que es lo que son habitualmente las puestas en escena pactadas que nos hacen pasar por entrevistas. Conviene recordar al maltrecho periodismo español que lo que diferencia un panegírico de una entrevista es que en ésta el periodista trata de destapar la verdad, trata de obtener respuestas que arrojen luz sobre un tema concreto. No trata de enmascarar la realidad con respuestas pactadas que certifiquen el discurso que nos quieren vender.

Me queda la duda de si a Carlos Alsina esta entrevista-entrevista le saló de chiripa, simplemente porque sobrevaloró el nivel intelectual del entrevistado que tenía delante, y si se encontró por casualidad poniendo en aprietos al presidente. Tal vez a Alsina le estalló la incapacidad de Rajoy en las manos como a quien le estalla una granada. Se diría que el propio periodista se vio sorprendido en mitad de la entrevista por el decepcionante, asombroso, desolador, desconsolador y escaso nivel intelectual de su entrevistado. Puede que Alsina se hubiera tragado también esa leyenda forjada por quién sabe qué espurios intereses, en la que se nos vende a Mariano como un señor brillante, inteligentísimo, cuyos silencios, frases cortas, obviedades y evasivas se interpretan como signo de gran profundidad intelectual.

Cuando veo que el presidente es aclamado tras concluir que “Un vaso es un vaso y un plato es un plato”, o que  “Después del año 14 viene el año 15”, o que “España es un gran país y tiene españoles”, no puedo evitar acordarme de la película Bienvenido Mr. Chance, en la que el grandísimo Peter Sellers interpreta a un jardinero corto de luces que había vivido siempre recluido, y cuyas simplezas sobre jardinería son tomadas como metáforas inteligentísimas. Así, en un momento de la cinta en que Mr. Chance expresa con su cándida simpleza mental que tras la primavera y el verano, llegan el otoño y el invierno, y que luego vuelven de nuevo la primavera y el verano, los presentes entienden que está hablando de los ciclos económicos del país. Mr. Chance acaba convertido en político, siendo entrevistado en televisión como un gran gurú, donde sigue diciendo obviedades sobre jardinería que son tomadas por el entrevistador como frases de gran calado intelectual. Cuando muere el presidente del gobierno, los poderosos hombres que portan el féretro miran a Mr. Chance y concluyen que la mejor manera de continuar teniendo el poder, es hacerlo presidente.

Así que pregúntense quién aupó a Mariano Rajoy (que, dejémonos de bromas, no es precisamente Frank Underwood) a Presidente del Gobierno. Veo complicado que alguien con su falta de pericia nade en el mar de tiburones que es la política y consiga, no solo salir ileso, sino imponerse como vencedor.

Mientras veía a ese presidente del gobierno desorientado, balbuceante, incapaz de argumentar, recordaba a Francisco Marhuenda repitiéndonos machaconamente y con fervor religioso que Mariano Rajoy fue número uno de su promoción. Y pensé: “Coño, pues cómo será el segundo”.

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