Desempleo y deuda se perfilan como los grandes retos para el año que comienza

El ministro de Economía, Luis de Guindos.
El ministro de Economía, Luis de Guindos.

Ante las dificultades que impone la deuda pública sobre las políticas de estímulo que palíen el drama del paro, se precisan medidas intrépidas sobre el ámbito privado.

Desempleo y deuda se perfilan como los grandes retos para el año que comienza

Ante las dificultades que impone la deuda pública sobre las políticas de estímulo que palíen el drama del paro, se precisan medidas intrépidas sobre el ámbito privado.

 

Estamos a punto de cerrar el sexto año de la crisis y aún no hemos sido capaces de generar un crecimiento que empiece a aliviar las secuelas del marasmo económico en el cual seguimos instalados. Por más que Rajoy y sus ministros se empeñen en proclamar la alborada de los nuevos tiempos, la cruda realidad se encuentra del otro lado de esas exiguas cifras que tanto les reconfortan.

Como bien señala Stiglitz, el acierto en la gestión de una crisis económica se determina por la confluencia de tres factores: su duración, los efectos que haya provocado y la intensidad de la salida. Los tres factores confirman clamorosamente el fracaso de la gestión. Su larga duración no tiene precedente en la historia contemporánea de Europa; los efectos están siendo devastadores en términos de desempleo, aumento de la desigualdad y pobreza; por último, la salida se está revelando precaria e incierta.

Retos para 2015

El gran desafío del 2015 será disminuir el desempleo, cifrado según la última EPA en 5,4 millones de trabajadores. Como es natural, la creación de nuevos puestos de trabajo debe incidir positivamente sobre desigualdad y pobreza. El gobierno español ha lanzado las campanas al vuelo en materia de creación de empleo cuando la realidad, de nuevo, se vuelve en su contra de manera brutal. En los últimos tres años, según los datos de afiliación a la Seguridad Social, se han destruido 774.858 empleos en España. En los últimos doce meses registrados (setiembre 2014) ha aumentado la afiliación en 215.518 puestos de trabajo. A este ritmo, se precisarían más de veinte años para absorber la ingente bolsa de paro. Pero además es imprescindible ofrecer oportunidades a los jóvenes que se incorporan al mercado laboral y recuperar los miles de emigrados durante estos últimos años.  

Así pues, España necesita crear puestos de trabajo en abundancia y eso solo se consigue con crecimiento robusto del PIB. Si analizamos la composición de la demanda agregada, el consumo interno está creciendo ligeramente pero el deterioro de las rentas impedirá incrementos sustanciales el próximo año. La inversión empresarial se muestra positiva aunque volátil, perdiendo pulso en los últimos trimestres. El comercio exterior, por su parte, vuelve a pesar en negativo pues a la ralentización de las exportaciones se ha unido el crecimiento de las importaciones. Ningún elemento de carácter privado hacer prever una reacción vigorosa de la economía española. Quedaría el sector público, del cual poco se puede esperar dado el nivel actual que ha alcanzado la deuda pública, que se mueve ya en el 100% del PIB. Y sin embargo, la Administración tiene la obligación de actuar como revulsivo pues las necesidades sociales resultan abrumadoras.

Medidas revulsivo

El año 2015 se presenta como un ejercicio crítico. Conformarse con las previsiones que oscilan entre crecimientos del 1,5 al 2% supondría prolongar la agonía de miles (en realidad, millones) de trabajadores y familias y el intolerable aumento de los índices de miseria en el país. ¿Es posible una política de estímulo dada la situación descrita y vistas las competencias parciales del ejecutivo español? Creemos que sí. Veamos:

> Medidas fiscales de promoción del empleo. Lo planteamos en alguna otra ocasión: utilícese la política fiscal para crear empleo. Defínanse los tramos tributarios no en función del tamaño de la empresa sino de su contribución a la creación de puestos de trabajo de calidad. Las empresas creadoras de empleo pagarán menos impuestos. Un esquema bien definido en esta línea solo traería beneficios a la economía española.

> Recuperación de la demanda interna. Para un aumento decisivo del consumo privado es imprescindible incidir en las rentas del trabajador. ¿Les preocupa la competitividad de las empresas? Bien, pues actúen sobre la variable beneficios en lugar de la variable coste. Promuévanse planes de retribución variable de manera que el conjunto de los trabajadores se beneficie de la positiva marcha de los resultados de las empresas. De este modo, se desplazará renta de acumulación, la que recibirían los accionistas, hacia renta de ahorro y consumo, la que percibirían los empleados.

> Potenciación de la inversión privada. De nuevo la política fiscal tendría que jugar un papel en este apartado. Las grandes corporaciones pagan un tipo impositivo extremadamente reducido debido a la llamada ingeniería fiscal que les permite el complejo entramado normativo así como la existencia de paraísos fiscales incluso dentro de Europa. Aváncese en la eliminación de este campo minado de deducciones y créese una deducción principal vinculada a la inversión.

> Otra fórmula: creen un nuevo instrumento fiscal, el impuesto-inversión podría llamarse, el cual gravaría las grandes fortunas e invertiría en nuevos vehículos de capital mixto dirigidos a nuevos proyectos vinculados a los sectores con un mayor potencial crecimiento. De esta manera, se pondría en funcionamiento el capital anquilosado que no ha hecho más que crecer incluso en estos años de recesión y los poseedores de los fondos no se verían perjudicados pues se asegurarían un retorno de las inversiones.

> Comercio exterior. El gobierno se ha empeñado en ganar competitividad vía reducción de salarios, medida cortoplacista y miope donde las haya. Los países con mejores ratios de penetración en los mercados exteriores suelen ser aquellos con mayores costes salarios, lo cual parece paradójico pero no lo es. Promuévase la motivación y el compromiso de los trabajadores, en primer lugar con esquemas de retribución variable tal como ya mencionamos, pero en segundo lugar con políticas de fomento de la innovación, la tecnificación, los programas en cooperación y la acción exterior.  De esta manera sí habrá mejorado la competitividad de la empresa española de cara a los mercados globales. Apliquen estas fórmulas también, y especialmente, en los sectores de mayor peso de las importaciones pues de esta manera disminuirá la dependencia exterior de un buen número de sectores relevantes.

> Y finalmente, la necesaria inversión pública como último componente crítico de la demanda agregada. En un artículo anterior, defendíamos con argumentos y cifras la necesidad de retomar la contratación de funcionarios públicos. Igualmente postulamos el retorno de la inversión en mejora de infraestructuras (aquéllas de uso real) y en programas con beneficio inducido y sostenible (p.ej. renovación de edificios para ahorro energético). Dada la necesidad de observación del déficit, será necesario generar un mayor flujo de ingresos. Las vías son claras: homogeneización entre rentas de capital y trabajo, aumento de la progresividad fiscal (vía impuestos directos, por tanto) y eliminación de determinados privilegios selectivos (p.ej. los que goza la Iglesia católica). Añadan a estas medidas un mayor y más eficaz control del fraude y encontrarán los fondos públicos que se requieren para relanzar el gasto público.

Las previsiones del gobierno asumen cifras de paro inaceptables para los próximos ejercicios. No incluyen estas previsiones ninguna referencia a desequilibrios sociales ni pobreza. Quizás por ello les satisfaga ese crecimiento del PIB que pronostican. Denle a la máquina de pensar porque no llega ni para empezar.

Desempleo y deuda se perfilan como los grandes retos para el año que comienza
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