Los datos echan abajo la argumentación xenófoba del republicano Donald Trump

Donald Trump, durante la presentación de su candidatura a la presidencia de Estados Unidos.
Donald Trump, durante la presentación de su candidatura a la presidencia de EE UU.

Los argumentos del republicano Donald Trump no resisten ningún análisis serio, ya que desde el 2008 la tasa de crecimiento de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos es cero.

Los datos echan abajo la argumentación xenófoba del republicano Donald Trump

Los argumentos del republicano Donald Trump no resisten ningún análisis serio, ya que desde el 2008 la tasa de crecimiento de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos es cero.​

A las acusaciones antimexicanas de Donald Trump, la comunidad de cubanos avecindados en Miami ha prestado oídos sordos. La valencia política de esta comunidad explica su desinterés. En los Estados Unidos hablar de los latinos es hablar de los mexicanos, con toda la carga ideológica que esto supone. La razón es sencilla si consideramos que casi 7 de cada 10 latinos tienen antecedentes mexicanos. Sin embargo, los pronunciamientos antimexicanos del magnate Donald Trump tuvieron lecturas distintas en las diferentes comunidades latinas de este país norteamericano. 

Hace apenas algunas semanas el magnate norteamericano despotricó en contra de México y de los migrantes mexicanos, así como del intercambio comercial que sostienen estos dos países del norte de América. Su antipatía por México quizá se deba a negocios que no prosperaron años atrás. Pero el discurso empleado obliga a preguntarse: ¿qué racionalidad lógica y estratégica le es imputable a este emergente actor político? Al parecer las imputaciones de Trump obedecen a un premeditado cálculo político. El recurso xenófobo de inventar enemigos afuera para ganar amigos adentro intentaría ganar los votos más conservadores dentro del Partido Republicano. Al parecer, en un primer momento al menos, esta estrategia le fue útil. Los sondeos para medir las preferencias así lo evidenciarían.

Los argumentos de Trump no resisten ningún análisis serio, ya que desde el 2008, según publico el diario The New York Times, la tasa de crecimiento de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos es cero. Su propuesta de construir una barda financiada con el erario público del país azteca no sólo es torpe sino provocadora.

Para buena parte de la clase política estadounidense esto fue leído como innecesariamente beligerante e irresponsable. Especialmente cuando el voto latino podría ser definitorio en la próxima contienda presidencial. Además de los costos económicos que ya le han sido grabados a Trump por empresas y personajes distintos que se indignaron con las acusaciones del magnate. Esta solidaridad con lo mexicano no fue tan unitaria como podría creerse. Si bien el cantante cubano americano Pitbull protestó colorida y anecdóticamente durante una celebración musical, en realidad fue una voz solitaria dentro del exilio cubano.

En ciudades como Miami o Nueva York las palabras de Trump tuvieron una semántica muy variada

  

Entender esta lectura significa entender ciertos rasgos que corresponden a las distintas diásporas y comunidades constitutivas del heterogéneo mundo de lo latino en los Estados Unidos. En ciudades como Miami o Nueva York las palabras de Trump tuvieron una semántica muy variada. En el caso especifico de Miami, prevalecen los ciudadanos de origen cubano, que dicho sea de paso, gozan de un estatus migratorio muy distinto al de sus pares latinoamericanos, producto de la Guerra Fría, la cual por cierto se está tropicalizando en los últimos meses hasta el punto de la reactivación de las relaciones diplomáticas. Esta “Ley de Ajuste” les permite a los cubanos recién desembarcados en los Estados Unidos incorporarse rápidamente a la vida productiva de este país, con los derechos y obligaciones legales.

La idea de un Miami open mind poco tiene que ver con la realidad de una sociedad muy conservadora debido a su composición social. La primera gran oleada de cubanos desembarcados en Miami, a partir de la llegada de la Revolución del 59, estaba integrada por individuos mayoritariamente blancos y con recursos económicos. Los cuales se sintieron despojados por el levantamiento castrista, quien les confiscó muchas de sus propiedades dentro de la isla. Estos cubanos sentaron las bases culturales y políticas de una ciudad que crecía rápidamente.

Los emprendedores cubanos tuvieron la capacidad de construir un capital económico y político que tendría resonancia en las Cámaras de Representantes y en Washington.  Miami también gradualmente se convertiría en la Meca de las clases medias de los latinoamericanos con visado americano. Y, más importante, la urbe que abrazaría siempre al exilio cubano principalmente y, a los latinoamericanos –de distintos estratos- procedentes de países con economías quebradas. Pero también reflejaría la “calidad ciudadana” de los distintos latinoamericanos, sino su composición cultural y étnica.

Los mexicanos (y centroamericanos) de baja estatura, morenos y de rasgos indígenas difícilmente se mimetizarían en una sociedad de latinoamericanos blancos y “bien vestidos”. Este perfil de mexicanos, que buscan la invisibilidad y transitan con un perfil bajo por las calles del sur de la Florida, resienten una discriminación de baja intensidad parecida a la que padecen en su propio país por parte de los mexicanos con más recursos y, casi siempre más mestizos. Son a los que los latinoamericanos blancos les llaman indios y a quienes Donald Trump los ha declarado enemigos y un peligro para su país, a pesar de ser una parte fundamental en la economía estadounidense. Y a pesar también de realizar los trabajos que casi nadie más hace con menos dólares pero no con menos dignidad.

Los datos echan abajo la argumentación xenófoba del republicano Donald Trump
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