En Estados Unidos no se castiga tanto la infidelidad como las mentiras que suele entrañar

# Análisis de REDACCIÓN MUNDIARIO
>> El problema más grave para David Petraeus no es que le 'pusiera los cuernos' a su esposa Holly con otra mujer, Paula Broadwell, también casada, sino el hecho de haber compartido información secreta con ella.
>> Otros altos cargos, como el expresidente Bill Clinton, cayeron por sus mentiras más que por sus infidelidades.
En Estados Unidos no se castiga tanto la infidelidad como las mentiras que suele entrañar

Bill Clinton - yes, I took this photoBill Clinton tuvo varias infidelidades. Tim Hamilton via Compfight

La infidelidad y las conductas lascivas por parte de altos cargos de la Administración estadounidense son motivo de duras represalias. Los afectados por la difusión de sus "asuntos de faldas" acaban presentando su dimisión como una forma de "autoinmolación" que acaba con sus carreras políticas mientras preserva las de sus superiores o los organismos a los que sirven. Uno de los últimos escándalos sexuales, el que afecta al ya ex director de la CIA, David Petraeus, del que se reveló que tenía un 'affaire' con su biógrafa,  Paula Broadwell, es una muestra de ello.

Sin embargo: ¿es el escándalo sexual la verdadera razón de la dimisión de Petraeus? Los expertos sostienen que no es exactamente así. En la historia de EE.UU. hubo flagrantes casos de infidelidades que no significaron el final de la carrera política de sus protagonistas. Desde los padres fundadores como Thomas Jefferson o John Adams, de los que se sabía que tenían relaciones habituales con sus esclavas, hasta el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, las infidelidades no tienen por qué forzar una dimisión. De hecho, el propio presidente Bill Clinton tuvo varias infidelidades hasta el caso Lewinsky. Y en su caso, no fue tanto el escándalo sexual como el haber cometido perjurio lo que menoscabó su crédito.

Lo mismo ocurre con David Petraeus. El problema, para sus superiores, no es que el director de la CIA, de 60 años, le 'pusiera los cuernos' a su esposa Holly con otra mujer, Paula Broadwell, también casada, sino el hecho de haber compartido información secreta con ella.

En Estados Unidos no se castiga tanto la infidelidad como las mentiras que suele entrañar
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