El contagio de Teresa Romero: de la crisis del ébola al auge del esperpento

Ana Mato y Javier Rodríguez como Max Estrella y Don Latino de Hispalis.

Max Estrella podría protagonizar los acontecimientos de los últimos días. El virus ha infectado a la auxiliar de enfermería gallega y ha distorsionado la actuación de políticos y ciudadanos.

El contagio de Teresa Romero: de la crisis del ébola al auge del esperpento

Dentro de cinco años se cumplirá un siglo de la publicación de Luces de Bohemia y será por eso por lo que el esperpento está tan de moda. Valle Inclán utilizó las andanzas del literato Max Estrella por el Madrid de la bohemia para criticar la sociedad de la Restauración: una España dominada por la injusticia, la opresión y lo absurdo. Así nació un nuevo género teatral, el esperpento, que vive un inesperado auge con la crisis. Los hechos de los últimos días en la crisis del ébola constatan una segunda época dorada…

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La auxiliar de enfermería Teresa Romero se contagió del virus del ébola cuando atendió al misionero Manuel García Viejo, que ingresó en el Hospital Carlos III infectado en Sierra Leona. La sanitaria tuvo síntomas cinco días después de la muerte de García Viejo. Desde entonces, el revuelo es enorme. El caso ha acaparado las primeras planas de todos los medios. El interés popular ha ido creciendo con los días y con él, el despropósito.

1. El protocolo. Hay conceptos que funcionan como mantras. Términos genéricos que dotan de seguridad tanto al que habla como al que escucha. Todo está controlado y previsto, pensamos. Y de repente llega un contagio y pone patas arriba el país. El tan traído y llevado protocolo falla de la A a la Z. Los trajes para los profesionales son inadecuados y escasos, el curso para aprender a utilizarlos se despacha en 15 minutos, las dependencias para quitarlos son escasas, la ambulancia que trasladó a Teresa Romero no era la idónea y siguió trasladando enfermos durante horas, los vecinos del edificio en el que vivía estuvieron días sin saber qué hacer y con quién hablar…

2. La política. Falló el protocolo y los políticos perdieron la brújula por unos días. La administración fue lenta, ineficaz y opaca. Los errores de comunicación fueron enormes y, en este sentido, Javier Rodríguez, consejero de sanidad de la Comunidad de Madrid, se cubrió de gloria. No sólo culpó a la infectada de lo ocurrido sino que también la acusó de mentir. …Y aquello de que no dimitía porque él había llegado a la política bien comido porque era médico y tenía la vida resuelta quedará para el recuerdo de la gestión informativa de esta crisis. Del esperpento protagonizado debió darse cuenta el protagonista, pues acabó pidiendo a la familia en una carta. Ana Mato fue otra figura deformada por la crisis del ébola. La ministra ya venía desdibujada por el asunto aquel del Jaguar en el garaje pagado por la red Gürtel pero las comparecencias de los primeros días ante la prensa acabaron por distorsionar su imagen. Tanto que Rajoy acabó por apartarla de la comunicación de la crisis y haría bien en apartarla también del Ministerio. La actuación y la incompetencia de las autoridades sanitarias es un ejemplo de cómo agravar un problema concreto hasta el punto de darle repercusión internacional.

3. La opinión pública. Parte de la sociedad también acabó sumida en el esperpento. Max Estrella podría ser interpretado en esta obra por un político pero también muchos individuos bordarían el papel de Don Latino de Hispalis como compañero de andanzas. La verborrea en las redes sociales y en las cafeterías suele aumentar en proporción al acontecimiento. Cada domingo hay cientos de entrenadores de fútbol, miles de economistas han surgido al calor de la recesión, y ahora creo que son millones los epidemiólogos y expertos en enfermedades tan desconocidas en occidente como el ébola. Las crisis alimentan temores y buenas películas. Pasó en el crack del 29 y también en el 73. Hoy existe miedo a lo desconocido… y existe internet. En las redes sociales se trata el asunto con fruición. Se quieren conocer todas las incógnitas y todos los detalles del contagio. Y se quieren conocer ya. El concepto del tiempo en internet, la inmediatez y el efecto viral de los errores casa mal con la tranquilidad y mesura que deben presidir estas crisis. Los medios tradicionales tampoco han sido un ejemplo porque han sucumbido al sensacionalismo. Las cámaras han hecho guardia en casa de la madre de Teresa en Becerreá y han captado imágenes de la infectada en la habitación del Hospital Carlos III que rayan la vulneración del derecho a la intimidad. Y para terminar, por si la historia quedara coja, tenemos el tema de Excálibur, el perro de Teresa Romero. Había expertos partidarios del sacrificio mientras que otros abogaban por mantenerlo con vida y estudiar cómo se comporta el virus en animales. El debate alimentó el caso y la vida del animal pasó a ser asunto de Estado. Casi se hablaba más de Excálibur que de su dueña. El día de su sacrificio, cientos de personas acudieron a la vivienda para tratar de impedirlo. Hubo enfrentamientos con la policía y gritos de asesinos. No hubo tanto boato cuando, horas después, un niño de 10 años moría por ébola en las calles de Monrovia.

El mundo es una controversia, afirmó Pica Lagartos. ¡Un esperpento!, respondió Don Latino. ¡Cráneo privilegiado!, concluyó el borracho.

El contagio de Teresa Romero: de la crisis del ébola al auge del esperpento
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