¿Está nuestro cuerpo preparado para adaptarse al ritmo de vida tras el parón estival?

Síndrome postvacacional.
Síndrome postvacacional.

El mes de septiembre es de muchos cambios y lo más importante es aplicar el sentido común e irnos adaptando poco a poco. MUNDIARIO le ofrece consejos básicos para volver a la rutina.

¿Está nuestro cuerpo preparado para adaptarse al ritmo de vida tras el parón estival?

El mes de septiembre es de muchos cambios. Nuestro cuerpo debe estar preparado para poder adaptarse al nuevo ritmo de vida tras el parón estival. Lo más importante es aplicar el sentido común e irnos adaptando poco a poco.

Tras el parón estival, toca volver a la rutina. Durante las vacaciones cambiamos nuestra normalidad. Nos olvidamos de los horarios, nuestras horas de sueño se ven alteradas y modificamos nuestros hábitos alimenticios. Esto hace que nuestro cuerpo sufra una serie de cambios que, tras la vuelta a la rutina, nos puedan hacer sufrir el llamado “síndrome post vacacional”.

Lo importante a la hora de volver a la rutina es no hacerlo de golpe. No debemos someter a nuestro cuerpo a un estricto régimen tras las vacaciones, si no queremos que esto nos pase factura. Debemos habituarnos al nuevo horario poco a poco. Es recomendable empezar con este nuevo estilo de vida unos días antes de finalizar nuestras vacaciones. En resumen, debemos aplicar el sentido común a la hora de retomar nuestra rutina. No somos súper héroes ni pretendemos serlo.

Nuestro cuerpo necesita volver a educarse en las horas de sueño. No se debe pasar de “me levanto sin que suene el despertador” a “a partir de mañana todos los días a las 7 arriba”. Es conveniente que empecemos por ir adelantando la hora de irnos a dormir. En vacaciones solemos alargar las jornadas hasta altas horas de la madrugada. Las elevadas temperaturas sufridas durante el día y las agradables brisas nocturnas del verano, nos invitan a alargar el momento de la cena y a dar largos paseos por los paseos marítimos de la costa (o largos paseos por la montaña, según sea el caso). Los días previos a que finalicen nuestras vacaciones, debemos intentar acostarnos más temprano. Y lo mismo ocurre a la hora de despertarnos. Sin llegar a poner el despertador, es conveniente que vayamos madrugando cada día un poquito más. Así conseguiremos que nuestro primer día de “madrugón” no sea tan duro para nuestro cuerpo.

Las comidas son otro de los hábitos que más modificamos durante las vacaciones. Nos relajamos y aprovechamos para comer todos aquellos caprichos de los que nos vemos privados el resto del año. El horario en las comidas también se ve alterado. Desayunamos más tarde, como consecuencia de que nos levantamos sin hora fija. Retrasamos la comida principal y las cenas se ven alargadas debido al agradable ambiente de las noches de verano. Además, en vacaciones “picoteamos” más y se toman más refrescos azucarados y bebidas alcohólicas que no hacemos durante el resto del año. Todo esto puede provocar que nos encontremos con la desagradable sorpresa de que terminamos nuestras vacaciones con algún kilo de más. Tras las vacaciones, nuestras comidas deben volver a estar controladas. Los primeros días es recomendable hacer algún tipo de dieta depurativa para eliminar aquellos elementos no deseados de nuestro organismo. Las ensaladas, frutas y verduras deben ser los grandes protagonistas en nuestra dieta. Las carnes y pescados es mejor consumirlos a la plancha que no en elaborados guisos con salsas llenas de calorías. Como elemento de bebida, el agua debe ser un personaje indiscutible. Todo esto ayudará a nuestro cuerpo a ir recuperando el ritmo que necesita.

Durante las vacaciones, aprovechamos para hacer aquellas actividades deportivas y aquellos hobbies que no podemos disfrutar durante el resto del año. Por eso, cuando las vacaciones se ven finalizadas, tenemos un sentimiento de abandono y desasosiego por no poder disfrutar de estos pequeños momentos de ocio. Esto no tiene por qué ser así. Debemos ser capaces de buscar actividades compatibles con nuestro día a día que nos permitan desconectar de las largas jornadas de trabajo. Estas actividades se vuelven esenciales para mantener un equilibrio emocional en nuestro día a día. El mes de septiembre suele ser un mes óptimo para empezar alguna actividad creativa o deportiva. Salir a correr un par de días en semana, apuntarse al gimnasio o realizar aquel curso de cocina que tanto nos apetece hacer, son actividades muy necesarias para que la vuelta a la rutina no nos sea tan dura. Ante todo, y para finalizar, debemos ser conscientes del cambio que se nos avecina, poder adelantarnos a dicho cambio y mantener en todo momento una actitud positiva.

¿Está nuestro cuerpo preparado para adaptarse al ritmo de vida tras el parón estival?
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