Si Colón hubiese salido de Le Havre, Francia estaría celebrando el 12 de Octubre una semana

Colón en Central Park. / Mundiario
Colón en Central Park. / Mundiario

El comportamiento autodestructivo explica lo que está ocurriendo en la España actual, encaminada por desgracia a su fragmentación, a la pérdida de su bienestar y hasta a su misma identidad.

Si Colón hubiese salido de Le Havre, Francia estaría celebrando el 12 de Octubre una semana

El comportamiento autodestructivo explica lo que está ocurriendo en la España actual, encaminada por desgracia a su fragmentación, a la pérdida de su bienestar y hasta a su misma identidad.

Si las naves de Colón hubiesen salido de Le Havre, en vez de Palos de la Frontera, Francia aún estaría celebrando el 12 de Octubre durante toda esta semana.

Resulta fácil de imaginar la fastuosa parafernalia de actos y conmemoraciones, solemnidades y ceremonias: flotas completas de modernos buques reharían el itinerario de los osados navegantes del Siglo XV, las principales potencias de hoy día estarían invitadas a compartir la celebración y abundantes réplicas de aquel acontecimiento se producirían por todo el mundo.

Si los descubridores hubiesen sido británicos, no digamos.

En ambos casos, además, como evidencia su pasado colonial y su reducida presencia americana, la brutalidad con los indígenas habría sido mayor: ellos no han tenido algo semejante a las Leyes de Indias, a Fray Bartolomé de las Casas o a las reducciones jesuitas en Paraguay para aminorarla, ni perviviría en consecuencia la mayoría indígena de Hispanoamérica. Eso, entendiendo que la dominación, la guerra y la explotación de los primeros conquistadores eran lo mismo que hacían entonces dentro de Europa los principales reinos cristianos —incluidos también los Estados Pontificios—, empeñados en inicuas y crueles confrontaciones bélicas. Era, como ahora eufemísticamente se diría, la “cultura” de la época, una lamentable actitud histórica que no se puede evaluar con criterios de hoy día.

A lo que iba: la prueba del orgullo histórico de las antiguas potencias coloniales la tenemos en la perduración de la comunidad de países francófonos en África —que en algunos casos justifica la eventual intervención bélica de la anterior metrópoli— o de la Commonwealth británica, donde Isabel II continúa siendo la monarca simbólica de quince países, entre ellos Australia y Canadá.

Aquí, en cambio, muchos se avergüenzan de nuestro pasado y hasta son capaces de afrentar el presente monárquico del país por su presunta falta de representatividad, como sucedió durante la presencia de Felipe VI en el Parlamento Europeo. ¿Alguien cree concebible un plantón semejante por parte de eurodiputados radicales de sus respectivos  países a los reyes de Dinamarca, Noruega, Suecia,… precisamente las democracias con más contenido social de todo el mundo?

Nuestro comportamiento psicótico y autodestructivo explica lo que está ocurriendo en la España actual, encaminada por desgracia a su fragmentación, a la pérdida de su bienestar y hasta a su misma identidad.

Si Colón hubiese salido de Le Havre, Francia estaría celebrando el 12 de Octubre una semana
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