Chikungunya, el virus que azota a Latinoamérica y la hace doblarse de dolor

Brigada de limpieza de criaderos de mosquito. / Foto PAHO-WHO
Brigada de limpieza de criaderos de mosquito. / Foto PAHO-WHO

El virus chikungunya fue descubierto hace 63 años en Tanzania pero aún no existe vacuna para combatirlo y no se la espera hasta al menos dentro de seis años.

Chikungunya, el virus que azota a Latinoamérica y la hace doblarse de dolor

El virus chikungunya fue descubierto hace 63 años en Tanzania pero aún no existe vacuna para combatirlo y no se la espera hasta al menos dentro de seis años.

Fiebre alta, dolor de cabeza, dolores en las articulaciones y dolor muscular. Estos son los principales síntomas que sufren aquellas personas que han sido infectadas por el virus chikungunya (el origen de esta palabra viene de la lengua africana makonde, que quiere decir “doblarse por el dolor”). La enfermedad rara vez puede causar la muerte, pero el dolor en las articulaciones puede durar meses e incluso años para algunas personas. Latinoamérica es la zona donde más se está sufriendo esta enfermedad detectada por vez primera en el área el 6 de diciembre de 2013. Pero no es en esta zona donde se inicio el virus.

Fue descubierto por primera vez en Tanzania en 1952. Tal y como explica la Organización Panamericana de la Salud (OPS) a partir de 2004 se han reportado brotes intensos y extensos en África, las islas del Océano Índico, la región del Pacífico incluyendo Australia y el sudeste asiático (India, Indonesia, Myanmar, Maldivas, Sri Lanka y Tailandia). En 2007 el virus ocasionó un brote en Italia, en la región de Emilia-Romagna, al ser trasmitido localmente por Ae. albopictus (mosquito tigre). Antes de la primera confirmación de la transmisión autóctona, en la región se habían registrado varios casos importados de viajeros que habían vuelto con el virus de Asia o África.

Aedes Albopictus. / Foto James Gathany - CDC

Aedes Albopictus. / Foto James Gathany - CDC

 

El virus del chikungunya se transmite a través de la picadura del mosquito Aedes aegypti, también causante de la transmisión del dengue y la fiebre amarilla, y que está presente en las zonas tropicales y subtropicales de las Américas. También puede ser transmitido por el Aedes albopictus que se encuentra en áreas más templadas, extendiéndose desde la costa este y estados del sudeste de los Estados Unidos hasta las provincias del norte de Argentina. Cuando estos mosquitos pican a una persona con chikungunya se inicia el ciclo de transmisión, por lo que es importante saber que el chikungunya no se transmite por el aire ni por el contacto entre personas, únicamente son los mosquitos Aedes los que, al picar a una persona infectada, transmiten el virus a la siguiente persona a la que pican.

El chikungunya sólo se sufre una vez, luego se desarrollan los anticuerpos que se encargaran de proteger a las personas. Aunque las secuelas por haber sufrido este virus pueden durar de por vida. El dolor en el chikungunya afecta manos, pies, rodillas, la espalda y  puede incapacitar (doblar) a las personas para caminar, hasta para abrir una botella de agua.

Han pasado ya 63 años desde que se descubrió por vez primera este virus en Tanzania y aún no existe vacuna. Dados los altos casos que en los dos últimos años se están produciendo en América (que pueden consultarse en la web de OPS) y su incipiente expansión a otras zonas como Europa, diferentes investigadores de distintos países se encuentran trabajando en una vacuna. El ejemplo más concreto es el de Themis Bioscience GmBH, quien ha financiado un estudio para conseguir una vacuna. Esta compañía de biotecnología fue fundada en el año 2009, tiene su sede en Viena y trabaja en el desarrollo de vacunas para prevenir enfermedades infecciosas. Principalmente se centran en el virus del dengue y el chikungunya, ambos muy parecidos pero de mayor virulencia el segundo. Themis Bioscience GmBH no prevé conseguir que la vacuna esté disponible hasta dentro de unos seis años por lo que el único sistema existente ahora para prevenir este virus es el repelente de mosquitos que prevenga la picadura del “temible” zancudo y permanecer en la noche al cobijo de mosquiteras o cedazos.

Bebé durmiendo bajo una mosquitera. / Foto PAHO-WHO

Bebé durmiendo bajo una mosquitera. / Foto PAHO - WHO

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