Las dos caras del turismo: trae dinero, pero también degrada

El mundo al alcance de uno. Señales en Fornells, Menorca.
El mundo al alcance de uno. Señales en Fornells, Menorca.

El "homo turisticus" es una nueva especie invasora. Viaja por todo el mundo y, en principio, enriquece de alguna manera los lugares que visita. Pero también degrada. Es la otra cara del turismo mal llevado.

Las dos caras del turismo: trae dinero, pero también degrada

El "homo turisticus" es una nueva especie invasora. Viaja por todo el mundo y, en principio, enriquece de alguna manera los lugares que visita. Pero también degrada. Es la otra cara del turismo mal llevado.

Es una nueva especie. En la noche del lunes, el canal La 2 de la TVE emitió un documental bajo el título “Homo turisticus”, donde analizaba el turismo como la primera industria mundial de servicios, y ese incontenible deseo de viajar –a cualquier sitio– que tiene hoy toda la sociedad occidental. 

En la actualidad, con los vuelos al alcance de casi todos los bolsillos, con los paquetes turísticos adaptados a cualquier perfil de individuo o familia, todo el mundo puede, por ejemplo, “conquistar” el Everest (sin tener mucha idea de alpinismo), o dormir bajo el cielo negro y estrellado del desierto de Marruecos o ir de Indiana Jones de safari a Kenia.

Esta acumulación de experiencias personales, en principio tan diversas y enriquecedoras, debería hacer de nuestra sociedad un colectivo de occidentales preparados, tolerantes, conocedores del mundo y de las gentes, educados... Pero ¿es así? “Para saber se precisa ver o leer”, solía repetir mi padre. Veamos algunos tipos de turismo, y sus consecuencias  

DEL TURISMO “CIEGO” AL DEL “MÁS LEJOS TODAVÍA”

Existe un tipo de turismo que uno llama “turismo ciego”, que uno podría simplificar en el caso de esa familia que no sale, en sus diez días de ocio, del hotel de Cancún donde ha contratado un “todo incluido”. La economía local queda beneficiada, sin duda, pero la riqueza que debería aportar en uno el viaje es totalmente nula.

Al lado de ese “turismo ciego” hay otro turismo, el “turismo del más lejos todavía”, o sea: cuanto más lejos viajo, mejor. Después resulta que se desconoce siempre (y se infravalora) lo que se tiene cerca.

Seguimos. Hay, en tercer lugar, el peligrosísimo “turismo insostenible”, del que ya hemos hablado aquí en otras ocasiones: las filas de gente visitando por ejemplo la playa de las Catedrales en Ribadeo, aglomeraciones que dejan las piedras dañadas y el espacio violentado. ¿Qué experiencia personal les puede proporcionar la ‘conquista’ en masa de este lugar?

Y un cuarto (habría más), es el que podemos denominar “turismo ansioso”: el de los que quieren verlo todo, absolutamente todo, en sus pocos días de ocio. Un paquete que exige ponerse en marcha a las 7 AM y regresar al hotel ya de noche. No suene haber una elección personal en los destinos, solo acumulación de “lugares imprescindibles”.

Todo esto es también ese “homo turisticus” que lleva un siglo recorriendo el mundo, mas no parece haber entrado mucho el mundo en él. El turista “ciego”, el del “más lejos todavía”, el turista “ansioso” y el “insostenible” pueden hacer mucho daño, a ellos primero, pero sobre todo a los lugares que aparentemente benefician.

Las dos caras del turismo: trae dinero, pero también degrada
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