¿Avala el crecimiento del PIB la política económica del Gobierno de Rajoy?

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno español.
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno español.

El análisis de las causas del crecimiento y de su distribución iluminará un debate que el Partido Popular busca simplificar, según explica este experto en un nuevo artículo para MUNDIARIO.

¿Avala el crecimiento del PIB la política económica del Gobierno de Rajoy?

El análisis de las causas del crecimiento y de su distribución iluminará un debate que el Partido Popular busca simplificar, según explica este experto en un nuevo artículo para MUNDIARIO.

A punto de resolverse el folletín heleno, salvo imprevisto no descartable de última hora, cada país podrá volver a concentrarse en su propia economía. Los augurios generales respecto a la economía española mejoran cada semana, tanto en tasa de crecimiento del PIB como respecto a la creación de puestos de trabajo, lo cual propicia los mensajes entusiastas de los respectivos portavoces de gobierno y PP.

Por qué crece España

Pero ¿por qué crece España? Primero, porque el ciclo actual ha cambiado. Siempre ha sido así y siempre será. A períodos contractivos le suceden intervalos expansivos, y viceversa. Después, por factores tanto internos como externos. El precio del petróleo disminuyó un 58% desde sus máximos de 2008, una evolución que se ha convertido en un regalo extraordinario para una economía tan dependiente de la energía exterior. Los costes de producción han agradecido ese premio inesperado que ha incidido notablemente en la competitividad de las empresas industriales españolas. Por otro lado, el euro ha perdido cerca de un 20% de su valor respecto al dólar en el último año, nuevo obsequio de los mercados a la economía española y, en concreto, a su potencial exportador.

Es cierto que ambas variables inciden positivamente en el conjunto de la Unión Europea pero también que pocos países como España pueden agradecer en mayor medida tan positiva evolución. Además de los factores externos, las particularidades propias también ayudan a explicar un crecimiento de la economía española superior al que observan los países de la UE. Y es que la crisis interna resultó más virulenta que en el resto del continente, debido a su vez a dos factores: el brutal pinchazo de la burbuja inmobiliaria y la intensidad desproporcionada de los recortes que representaron una contracción sin precedentes de la demanda interior. Si España retrocedió más que ningún país de Europa, le corresponde ahora un rebote mayor de la actividad.  

Distribución del crecimiento

Así pues, el crecimiento que observa la economía española se debe a factores cíclicos y a elementos externos. Nada tiene que ver con una posible mejora de la competitividad por operaciones de reestructuración corporativa, políticas de I+D, implantación de innovación tecnológica, ocupación de nuevos nichos de mercado o lanzamiento de proyectos estratégicos. Se trata básicamente de una recuperación de la capacidad productiva perdida. No hemos cambiado el modelo; es más, hemos reincidido en políticas contractivas que condicionarán la sostenibilidad del crecimiento una vez se alcancen las cotas de producción anteriores a la crisis.  

Una consecuencia inmediata del crecimiento es la creación de puestos de trabajo. No voy a aburrir con cifras sobradamente conocidas. Detrás de los números de contratos que se firman, se ocultan dos realidades: una inusitada precariedad y la baja cualificación de la mayoría de las colocaciones. La generación de empleo actual en España presupone que la recuperación del mercado interior será remolona y quebradiza, y que la competitividad vía innovación continuará en el mismo estado de abandono actual. Pésima noticia para el futuro del país que se confirma por otra estimación derivada de la circunstancia anterior: la creación de hogares proseguirá su pertinaz estancamiento, nueva amenaza para la economía de los próximos años.  

Macromagnitudes desequilibradas

Seguimos escarbando en ese crecimiento del PIB que pronostican desde organizaciones multilaterales hasta institutos de estudios económicos españoles. Y descubrimos que el consecuente aumento de la renta se concentra preferentemente en inversores y en empresas mientras que los segmentos medios y bajos de la población ven cómo sus ingresos se mantienen o incluso se reducen. Tras estos años de crisis, España se ha convertido en uno de los países europeos con mayores índices de desigualdad social, lo cual incidirá de nuevo de manera perversa en las opciones de desarrollo futuro.

Si hay una variable que la política económica del gobierno Rajoy haya colocado como objetivo de reconducción, ésta es sin duda la deuda pública. ¿Y qué ha pasado con la deuda? Sugiero el repaso de un artículo anterior sobre este asunto: en lugar de reducirse, ha aumentado de forma descontrolada tanto en valores absolutos como en términos relativos respecto al PIB. Hace unos días Rajoy daba muestras en una entrevista televisiva de desconocer los niveles alcanzados por la deuda pública española. Tal vez prefiera ignorarlos porque prueban el fracaso inexorable de su gestión. Añadan el record que se acaba de alcanzar del saldo de la balanza de pagos, una cifra de déficit impensable con los precios del petróleo y el tipo de cambio del euro que se mencionaban al principio del artículo.

El gobierno del Partido Popular ha gestionado la coyuntura actual como si la economía de un país fuese una cuestión de contabilidad. Su falta de visión y su nula inteligencia de carácter estratégico han propiciado que la salida de la crisis vaya a ser injusta, de pésima calidad e imposible sostenibilidad.

¿Avala el crecimiento del PIB la política económica del Gobierno de Rajoy?
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