Arribistas, advenedizos y oportunistas amenazan el futuro de Ciudadanos

Albert Rivera, presidente de Ciudadanos.
Albert Rivera, presidente de Ciudadanos.

Los presuntos renovadores de la vida pública pueden acabar padeciendo la corrupción y el envilecimiento comunes a los viejos partidos. ¿Un mal necesario? ¿Un riesgo que hay que correr?

Arribistas, advenedizos y oportunistas amenazan el futuro de Ciudadanos

Los presuntos renovadores de la vida pública pueden acabar padeciendo la corrupción y el envilecimiento comunes a los viejos partidos. ¿Un mal necesario? ¿Un riesgo que hay que correr?

Hace sólo un año, Ciudadanos era poco más que Albert Rivera y unos cuantos diputados en el Parlament de Catalunya. O sea, algo anecdótico, marginal y periférico.

Ahora, en cambio, ante la orfandad de la población respecto a los partidos políticos tradicionales —por su desgaste, corrupción, lejanía, reiteración e inoperancia—, la formación de origen catalán se proyecta como una de las más importantes de España y capaz de gobernar en algunas autonomías y bastantes ayuntamientos.

Eso es lo positivo del joven partido. 

¿Y lo negativo?: que no hay un número de cuadros dirigentes ni de militantes capaces de ocupar tanto cargo político como se avecina. De ahí el desembarco masivo de tránsfugas de otros partidos —y no sólo de UPyD—, ansiosos de un protagonismo y de un poder que hasta ahora o no han tenido o que están a punto de perder.

Ésa es la primera debilidad de Ciudadanos: la carencia de políticos formados en la ideología del partido, en su lucha cotidiana, en la adversidad de los momentos difíciles, en la agonía de su crecimiento.

La segunda, la previsible llegada y hasta el acaparamiento de cargos por parte de arribistas, advenedizos, ambiciosos, oportunistas y demás excrecencias de la vida política: o sea, que los presuntos renovadores de la vida pública pueden acabar padeciendo la corrupción y el envilecimiento comunes a los viejos partidos.

Quizás sea un mal necesario y un riesgo que haya que correr, a expensas de que venga enseguida la necesaria corrección interna y la purga de elementos indeseables.

De momento, sin embargo, amigos sin experiencia política previa, ilusionados con colaborar a la regeneración de España desde dentro de Ciudadanos, se quejan en privado de que los tránsfugas oportunistas copan las áreas de decisión y que los neófitos bienintencionados son arrumbados por los representantes de la vieja política.

Insisto que quizá todo esto sea inevitable a corto plazo y de solución pronta y definitiva a continuación. Pero no me negarán que también es un hecho inquietante y que la redención de la vida política española no va a resultar tan fácil como algunos quisiéramos creer.

      

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