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Las mujeres todas, se han marchado

Las mujeres todas, se han marchado

Recuerdo que tenía una frase y una sensación; sabía que quería escribir ese poema, pero no tenía más y no habría escrito más que un sólo verso frío. Pero tenía una certeza: un día escribiría ese poema. Pasaron casi dos años. Nunca perdí de vista la sensación ni se aparataba de mí. El poema iba creciendo adentro, nutriéndose, sabía que un día poseería vida propia. Por fin llegó ese día, estaba estremecido, sabía que era el momento, no debía dejarlo pasar, así como habían transcurrido casi dos años, si lo dejaba pasar corría el riesgo de perderse el ritmo exacto, la música, la revelación total. Tomé una hoja incompleta, una pluma y escribí de un sólo golpe. Tenía una alegría indescriptible, estaba en un cerro desde donde alcanza a verse el mar. Lo leí enseguida a un buen amigo. Meses después lo leería por primera vez en público.