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Servicio en Despoblado, el homenaje pictórico de Ferrer Dalmau a la Guardia Civil

MUNDIARIO | 09 de Octubre de 2016

Servicio en Despoblado. / Ferrer Dalmau
Servicio en Despoblado. / Ferrer Dalmau

El pintor de batallas Augusto Ferrer Dalmau vuelve a uno de sus temas recurrentes y homenajea a la Caballería de la Guardia Civil. Como primicia para MUNDIARIO analizamos exhaustivamente su estilo y desvelamos sus claves singulares.

Con motivo de la festividad de la Virgen del Pilar, patrona de la Guardia Civil, el pintor Ferrer Dalmau (Barcelona, 1964) ha presentado su último trabajo: Servicio en Despoblado. Una auténtica sorpresa porque la obra que no responde a un encargo institucional la ha realizado por amor al arte, y sobre todo, como personal homenaje a un cuerpo al que admira profundamente: la Guardia Civil.

Aún inmerso en una vorágine de encargos y exposiciones, quiso hacer un alto para dedicarse en exclusiva a este lienzo. “Hacía tiempo que no  pintaba  a la  Beneméríta  que es algo que me hace especial ilusión". Un cuerpo al que recordemos le une una estrecha relación. Es coautor  junto al Coronel Viqueira - edición espléndida de Galland Books-  de uno de los libros más interesantes y hermosos publicados sobre las Fuerzas y Cuerpos de seguridad del Estado El libro recorre la Historia de la Caballería de la Guardia Civil desde su fundación hasta 1933, un período en el que convivieron la Caballería e Infantería de la Guardia Civil. Repasa desde la uniformidad y armamento hasta las monturas de sus caballos. Hace también referencia a sus unidades montadas que prestaron servicio en campaña y la organización de las unidades para hacer frente a las crecientes demandas de seguridad, entre ellas la instrucción para el servicio a caballo y el cuidado del ganado, faceta a la que dedica este lienzo que ahora presentamos.

Recordemos también que la Guardia Civil ha  sido un tema que ya había  abordado con brillantez - el impacto de sus imágenes de la Guardia Civil en Afganistán están en la memoria de todos-. Su obra La patrulla, donada al Museo del Ejercito lleva escrito al reverso los nombres de los nuestros caídos en Afganistán  y la frase de puño y letra de Pérez Reverte "Durante siglos, en cada una de sus huellas estuvo España" . Sin que la pasión nos ciegue puede decirse que es uno de los cuadros bélicos más sobrecogedores de la historia reciente.

 

La patrulla. / Ferrer Dalmau
La patrulla. / Ferrer Dalmau

 

Aparente sencillez: craso error

Una serena escena en la que un cabo habla con un pastor. En un primer acercamiento, pudiera parecernos que es un lienzo excesivamente sobrio. Incluso, podríamos aventurar que supone una obra menor dentro de la trayectoria de Ferrer Dalmau. Craso error: la sencillez es mera apariencia. A lo largo de un concienzudo análisis desvelaremos cómo este lienzo mucho más sobrio y en el que parece  desmarcarse de otras obras del artista, esconde valores de obra maestra

Y aquí gravitan dos factores, por un lado es una impresión buscada conscientemente por el tema que trata. Pero por otro lado, la extraordinaria calidad del artista le sobredimensiona y  le conduce inexorablemente a realizar una compleja composición no exenta de dificultad. Sumado a ello, la imagen aporta multitud de sutiles y específicos matices, con la complicidad  de que sólo pueden ser captados por los miembros y amantes del Cuerpo al que va destinado.

Austeridad compositiva

Muy lejos de volver a situarnos magistralmente en sus habituales campos de batalla, (no en vano su sobrenombre es El pintor de batallas), ubica la escena en un campo de Castilla. El pintor huye de esas escenografías espectaculares de centenares de figuras que tanta pasión despiertan entre sus adeptos - y  deslumbran técnicamente  a los que no lo son- y opta por una puesta en escena aparentemente sin artificios. Es una instantánea de uno de los llamados "servicio en despoblado", uno de tantos que hacían los miembros del cuerpo  patrullando por los campos de España, asegurando su protección y defensa.  

La Naturaleza domina espacialmente el último término de la composición y gran parte de la superficie del cuadro.  Encontramos esa maestría en la representación del horizonte que tanto le caracteriza, con una gran presencia de masas nubosas y marcando el trinomio de cielo- tierra- hombres  que impregna a sus lienzos de una mística  huella existencial.

Los paisajes de Dalmau merecerían un estudio específico, pues pese a que nunca son protagonistas, sino el escenario de sus narraciones plásticas, el artista se revela como un paisajista extraordinario. Campos desolados cegados por el sol, superficies nevadas, o intensos oleajes, son de un naturalismo exacerbado, pero a la vez están cargados de emoción. La transmisión de sentimientos a través del paisaje es algo muy difícil de lograr y Ferrer siempre lo consigue y les confiere a sus lienzos una intensa carga romántica 

En este caso además, el paisaje es un importante recurso argumental: sitúa a sus protagonistas en un entorno determinado: el mundo rural y sumerge al espectador en la escena. No sólo eso, y ya va el primer matiz, imposible de captar a los profanos, indica hasta la época del año, ya que el guardia porta en el tricornio no sólo una visera, sino también la cogotera. Elementos que los guardias bien conocen y que aparecen reglamentados específicamente" visera y cogotera para servicio en despoblado".

En el segundo término, un modesto corral en el que un personaje de espaldas está encerrando un rebaño. La naturalidad con que se desarrolla la escena hace que pase casi desapercibida. Pero situar cuatro decenas de animales en movimiento agrupadas formando un todo, pero conservando la individualidad, no es un recurso baladí.

La escena central la conforman las figuras del guardia a caballo y el pastor, centro y eje de dos diagonales compositivas, en perfecto equilibrio de masas y volúmenes. Pese a que no tienen gran presencia dimensional en el conjunto del lienzo, la fuerza de los personajes y el caballo acaparan sin discusión la atención del espectador.

 

Guardia Civil 1920
Guardia Civil, 1920. / Ferrer Dalmau

 

Un grande plasmando el alma popular 

En un principio parece un lienzo sin grandes alardes, nada de esas masas de hombres heridos, pólvora rugiente de cañones, o puestas en escena con esa conjunción única y genial de hombres, elementos y paisaje que tanto caracteriza sus lienzos más conocidos. Pero en una segunda lectura, enseguida deslumbrará la magnificencia del retrato del campesino, cuyo rostro, reflejo. casi más de la profesión que del carácter responde al mejor realismo español. Sorprenderá la calidad de las texturas y materiales, parecerá olerse el cuero del zurrón y sentirse la aspereza de los tejidos y la lana de la pelliza. En el guardia admiraremos la perfección de los matices mates del uniforme,  el lustre de las botas, la exquisitez en la representación del caballo recién bruñido o el brillo de la culata y los destellos metálicos de la espuelas. Por no hablar del tratamiento animalistico de las ovejas, comparable al Bassano manierista. Las piedras, arbustos y matojos castellanos invaden el espacio de a quien contempla la escena, y le hacen sentirse inmerso en la conversación.

La gama cromática en ocres, verdes y terrosos, sin puntos rutilantes es un recurso del autor para incidir en la cotidianidad y carácter rutinario de la jornada de la escena. Solo el aúreo cromatismo del caballo sobresale  del conjunto. Un espléndido ejemplar de raza español cruzado de color castaño de capa y calzado del pie derecho, colino careto que bebe por belfo superior y cabezada con filete y bocado. De buenos huesos y alzado, nos rendimos a su belleza es arrebatadora… 

Contexto con claves para iniciados

No es un guardia genérico y un pastor. Otro de los grandes puntales de Dalmau es el rigor en la contextualización histórica, sin falta de raccord en uno sólo de sus lienzos A través de los detalles de la uniformidad Ferrer Dalmau situa la escena en un tiempo muy concreto. El cuadro representa un cabo de la Guardia civil, de caballería, lo  sabemos no sólo por el caballo, sino por la bandolera  que cruza su cuerpo de cuero amarillo anaranjado (un color que deriva de las primitivas de ante de la época fundacional), con sus tres cartucherines. Desde la época fundacional, el color principal de los uniformes fue el  azul oscuro ("dado en tina") con cuello, vivos, vueltas y bocamangas en grana. Sin embargo, ya  entonces se  prefirió el verde para algunas capotas o sobretodos que constituían la prenda de abrigo para servicios en despoblados. Un  color  que pudiera haber sido aconsejado por la mayor discreción con que así se podría mover la pareja por los campos y montes… El uniforme del cabo protagonista es "gris verde", y lleva en cuellos y bocamangas un vivo rojo, y en estas, el característico tresillo con portezuela. Los botones son plateados porque son los que se  usaron desde la fundación del cuerpo hasta el Reglamento de uniformidad de 1943, que los cambiaron a dorado para todo el ejército.

Debemos situarlo por tanto la escena en el reinado de Alfonso XIII, aunque posterior a 1922, año en que se sustituye la funda blanca del sombrero (así se denomina al tricornio en los reglamentos).Lleva en éste, visera y cogotera para servicio en despoblado. Sin embargo, la representación es anterior a 1931 pues la II República estableció otro emblema para el cuello más pequeño y sin corona. Colgada de una funda de cuero, porta  el arma que podría identificarse como una tercerola Máuser 1895,  aunque por su longitud también podría parecer el mosquetón modelo 1916.

 

Vídeo sobre Ferrer Dalmau

 

Claves narrativas al corazón de la Guardia Civil

Aunque no lo parezca, como hemos comentado las figuras sólo son una pequeña parte de un cuadro en el que domina la naturaleza. Dos protagonistas principales: el pastor y el cabo -aunque los ojos se nos vayan a la hermosura del animal y al jinete -  aparecen detenidos en el espacio y en el tiempo y parecen intercambiar unas palabras.

En principio nada mas que nos pueda llamar la atención… Sin embargo con esta sencilla escena, Ferrer Dalmau no sólo quiere reivindicar el trabajo diario del Cuerpo, sin importar las condiciones y lugares en las que tiene que hacerlo. Va mucho más allá  y llega al corazón y a lo más hondo de la esencia de la Guardia Civil y es que a través de la cuidada representación del artista,  ofrece datos " para iniciados" que no son visibles para los profanos.  

El guardia se dirige al pastor, pero pese a su posición superior, no exhibe superioridad ni altanería, sino cumplimento del deber y lealtad. Una muestra del espíritu benemérito que junto al sacrificio, la austeridad, la disciplina, la abnegación, capacidad de servicio y sacrificio, cristalizó en el lema «el honor es mi divisa». 

Porque  con “Servicio en Despoblado”  el artista no está pintando una escena cualquiera. Para darse cuenta (complicidad absoluta  de Ferrer Dalmau con el Cuerpo) habría que saber que aunque sus orígenes más antiguos puedan rastrearse en la Santa Hermandad  de los Reyes Católicos, la Guardia Civil fue fundada tras la  Guerra de la Independencia, cuando la inseguridad invadió el país sobre todo en las zonas rurales y surgieron por los caminos todo tipo de ladrones y villanos. El Duque de Ahumada  la funda en 1844, pero  no es sólo el artífice de la constitución del cuerpo, sino también de todo el soporte moral de la Guardia Civil,  cuyas bases están en la cartilla, que recoge los principios clave que debían guiar sus actuaciones. El férreo cumplimiento de estos compromisos permitió al cuerpo despejar los caminos y garantizar la seguridad de los ciudadanos.

Servirán más y ofrecerán más garantías de orden cinco mil hombres buenos que quince mil, no malos, sino medianos que fueran

El artista, conocedor a fondo de este código moral y valores de los miembros del cuerpo, los homenajea representando en una sola imagen dos de los capítulos fundamentales contenidos en la famosa cartilla. Un reglamento que los guardias se saben de memoria como antiguamente el padrenuestro .  Y es que la camaradería que destila la mirada del guardia al pastor Dalmau acerca al espectador el Capitulo I Artº15.

"Ha de procurar juntarse generalmente con sus compañeros, para  fomentar la estrecha amistad y unión que debe haber entre los individuos del Arma, aunque también podrá hacerlo con aquellos vecinos de los pueblos que por su moralalidad  y buenas costumbres  sean  apreciados y considerados en el pueblo  donde  estuviere”

Pero, sobre todo, el lienzo recoge en su totalidad la directriz contenida en el Capitulo II Servicio en los caminos  Artº 3.°" Procurarán informarse de los labradores, transeúntes, y muy particularmente de los pastores, si han visto ó llegado á sus hatos alguien, que por su persona ó mala traza inspire desconfianza ".

Ferrer Dalmau y la Guardia civil

Si han leído estas líneas con cierta atención,  podrían considerar que entre la épica y la lírica,  en la obra Servicio en Despoblado, el artista parece decantarse por el componente romántico:.. los campos de Castilla, la hermosa estampa del guardia a caballo por las estepas, los humildes pastores… .

De nuevo volveríamos a equivocarnos, porque aunque el romanticismo del lienzo es incontestable, la épica está presente tanto o más que nunca por la plasmación de los valores del coraje y el sacrificio en el trabajo diario y en la sencillez del mundo rural. Épica y lírica vuelven a convivir en simbiosis perfecta. Si no, ya no sería Ferrer Dalmau,  como ya explicamos en nuestro exitoso artículo de MUNDIARIO Excelencia épico lírica al servicio del patriotismo español.

Y es que la épica refleja las hazañas de los grandes hombres, pero no sólo se demuestran en el campo de batalla. Y éste es quizás el  mayor  homenaje del artista  al cuerpo que tanto aprecia y admira. Dejar constancia para la posteridad, con este espléndido lienzo que la Guardia Civil  es un Cuerpo que se ha ganado el respeto de españoles de todos los tiempos, gobiernos, tipo y condición, guiados siempre por los principios de un legendario código moral, bajo los valores de un lema eterno e imbatible "El Honor es mi Divisa".

 

Libro de Ferrer Dalmau
Libro de Ferrer Dalmau.
Creador de una nueva corriente pictórica
Ferrer Dalmau es un rara avis en el mundo del arte. Un pintor contra corriente, con un equilibrio fondo y forma atípico e inusual en los tiempos que corren.  La forma: una técnica  impecable y un estilo propio. El fondo: patriotismo y orgullo del pasado histórico. Sin apoyos institucionales su meteórica carrera no se ha basado en el boca a boca, sino en el ojo a ojo. La extraordinaria difusión de sus imágenes, sobre todo en las redes sociales, hizo que miles de españoles, con interés nulo por un arte que hacía mucho había dejado de interesarles, volvieran a ilusionarse con la pintura. Otros,  aún sin entender de técnica, quedaron cautivados por su fondo. Esto le ha hecho catapultarse como uno de los pintores más conocidos, pese a ser un “rancio” y navegar contra corriente. Este tirón mediático le ha hecho generar una nueva corriente de pintura histórico- militar, inédita en nuestro país, a la que se han sumado otros por distintos intereses que intentan seguir su estela con mayor o menor fortuna. De ahí su nombramiento como académico, el haber creado escuela, algo poco habitual en pintores vivos.
La calidad técnica y creativa del maestro es tan superlativa, la pasión y patriotismo con el que pinta es muy difícil de igualar. Y es que el pintor de batallas solo es uno: Augusto Ferrer_Dalmau como lo bautizó su amigo Arturo Pérez Reverte cuando escribió: “Nadie -que yo conozca- pinta en España como Augusto Ferrer-Dalmau. Con tanta honradez y con tan admirable ausencia de complejos a la hora de recuperar las imágenes de nuestro largo pasado militar”.

 

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