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La donación de Amancio Ortega: ¿altruismo o puro marketing?

Marcelino Fernández Mallo | 31 de Marzo de 2017

Amancio Ortega. / RR SS
Amancio Ortega. / RR SS

La donación de 320 millones de euros en equipos oncológicos realizada por la Fundación Amancio Ortega ha recibido tantos apoyos como reprobaciones.

Así a bote pronto, debe reconocerse que la donación resulta muy importante. En la antigua moneda española, estaríamos hablando de 53.243.520.000 de pesetas.

La finalidad es igualmente loable, facilitar la curación de enfermos de cáncer. ¿En qué pueden basarse, por tanto, las manifestaciones en contra de la operación?

 

Origen de las críticas

Las críticas recibidas presentan varios orígenes. Hay quien afirma que se trata de un “lavado de imagen”, una mera operación de marketing disfrazada de responsabilidad social corporativa. ¿Necesita Amancio Ortega “lavar su imagen”? Lo cierto es que las frecuentes informaciones que vinculan al Grupo Inditex con proveedores, en particular asiáticos, que aplican condiciones de trabajo inadmisibles no favorece la reputación del millonario. Pero aun en el caso de que esta fuese la razón última sobre la que descansase la decisión, ¿supone que por ello se debe criticar? ¿Disminuye o altera en algo el efecto de la donación?

Otro de los matices que se escuchan procede del importe donado en relación al patrimonio de Ortega. Estaríamos hablando del 0,45% de su capital. Pongámoslo en términos relativos: si alguien posee un patrimonio de 600.000 euros, la donación equivalente ascendería a 2.700 euros. No conozco mucha gente que done 2.700 euros al año para fines solidarios. La valoración, además, debería hacerse a partir de las rentas y no del patrimonio. Una cosa son las inversiones y las propiedades, normalmente inmovilizados, y otra bien distinta los ingresos. Si consideramos que los ingresos anuales de Amancio Ortega rondan los 2.500 millones de euros, la donación supondría un 12,8%. Alguien con unos ingresos, digamos, de 35.000 euros, habría donado 4.480 euros. La conclusión no ofrece dudas: la cantidad asignada es importante en términos absolutos pero también en términos relativos.

Un tercer argumento sobre el que se basan las críticas a la donación de Ortega afecta al objeto de la operación. Se considera que el equipamiento sanitario corresponde, en función de las competencias transferidas, al Estado o a las Comunidades Autónomas. En consecuencia, dedicar esa cuantía a un destino que debería estar cubierto con fondos públicos no deja de ser un agasajo privado a la Administración. O dicho de otra forma: una manera de desviar y rentabilizar el “pago de impuestos”. Quienes utilizan esta argumentación, sostienen que la mejor “donación” habría de proceder de una legislación tributaria justa que exigiera un pago de impuestos a las grandes empresas equiparable al que soportan ciudadanos, autónomos y PYMES.   

 

La adecuada distribución de los fondos

Me declaro un firme partidario de la responsabilidad social de la gran empresa más allá de la liturgia ficticia que se ha creado en torno a la RSC. Creo que las corporaciones que generan grandes volúmenes de beneficio están en deuda con la sociedad, a la cual deben hacer partícipes de sus resultados. Porque en la contienda empresarial, el éxito no llega solo del acierto de los directivos; también de las condiciones del entorno y de la respuesta de la comunidad que en un momento dado decide prestarle su apoyo.

Como consecuencia del párrafo anterior, creo necesario exigir al empresario de éxito la misma responsabilidad que en la gestión de fondos públicos se requiere a los dignatarios políticos. Igual que un propietario no puede quemar su casa por tener los derechos de propiedad sobre el edificio, los empresarios no pueden dilapidar los fondos excedentarios ni distribuirlos ajenos completamente a la sociedad en la cual han desarrollado su proyecto. Es ahí donde, a mi juicio, cabe cuestionar la donación con un mayor énfasis.  

Me pregunto si es en la cura del cáncer donde se concentran las necesidades perentorias de la sociedad española actual. A pesar de los recortes, la sanidad española presenta una dotación de equipamiento médico al nivel de las economías desarrolladas y de sus socios europeos. En todo caso, si no fuese precisamente por los recortes de los últimos años, España dispondría de un mejor equipamiento. Aun admitiendo los beneficios obvios de las nuevas máquinas, ¿de verdad que es la cura del cáncer el área donde actuar con carácter perentorio?

El paro juvenil en España es del 43%. Cada 100 trabajadores menores de 25 años, 43 no encuentran trabajo. De los 57 que sí lo tienen, la mayoría soporta condiciones impropias del mundo desarrollado. Un alto porcentaje, además, se encuentra subempleado. Hay en España más de 2 millones de trabajadores con contratos temporales en fraude de ley, contratos parciales involuntarios o falsos autónomos. 120.000 españoles menores de 35 años emigraron de España en 2016, ejercicio que observó un crecimiento del 3,2% de su PIB. La economía española no genera puestos de trabajo suficientes para retener a su población, menos aún si nos referimos a puestos cualificados.

Un fondo de inversión privado de 320 millones de euros se convertiría inmediatamente en el mayor promotor de nueva actividad económica del país. En función de los sectores y tipo de proyectos en los que invirtiese, así como la estructura de capital de cada uno de ellos, sería capaz de crear en torno a 15.000 puestos de trabajo de alta cualificación. Serían 15.000 jóvenes que no tendrían que emigrar, que generarían a su vez riqueza vía consumo y que ingresarían sus impuestos correspondientes en las arcas públicas. De este modo, quizás la Administración no tuviese que esperar el aguinaldo de Amancio Ortega para adquirir el equipamiento médico necesario.

 

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