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Hay redes sociales que aceptan cualquier argumento como indiscutible sin molestarse en contrastarlo

Mientras que durante siglos la humanidad se ha empeñado en la búsqueda de la verdad, hoy funcionan redes sociales donde se acepta cualquier argumento como indiscutible.

Hay redes sociales que aceptan cualquier argumento como indiscutible sin molestarse en contrastarlo
Teclas de acceso a redes sociales en un móvil.
Teclas de acceso a redes sociales en un móvil.

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Fernando Cueto

Fernando Cueto

Publicitario, escritor y bloguero. Colaborador de MUNDIARIO.

No hay más que conectarse a cualquier red social para darnos cuenta de que el caos es el auténtico dueño de internet.

El acceso a la información y la posibilidad de convertirse en medio y periodista a la vez han hecho que cualquiera pueda verter en la red noticias y bulos sin control alguno que terminan por ser tomados por ciertos sin saber por quien.

La red se ha convertido en una espantosa torre de Babel en la que cada vez con más frecuencia resulta imposible entendernos y no sólo por la veracidad o no de lo que leemos, sino por la interesada interpretación que hacemos de cada ‘noticia’ o post que se publica. Hemos abierto tantos frentes que ya no nos molestamos en intentar encontrar la verdad, si es que alguna vez nos lo propusimos. Resulta más fácil quedarnos con nuestra postura inicial.

“Nadie siente el dolor de otro, nadie entiende la alegría de otro”, sentenció Franz Peter Schubert, y en nuestra sociedad se hace evidente que esta verdad se magnifica como actitud que indefectiblemente nos coloca en un bando o en el contrario. Aquello de los ‘hunos’ y los otros, que decía Unamuno. Se ha perdido el término medio que nos permita situarnos en un contexto global en el que poder medir el alcance de lo aprehendido. Entonces es cuando el radicalismo toma protagonismo en el debate y aquel que grita más o más fuerte es quien termina por apropiarse de la verdad…aunque  en rigor no le pertenezca. Porque en una época donde la veracidad de un determinado hecho se sustenta en falsedades sólo es cuestión de encontrar el número necesario de repeticiones para sancionarla.

De todos modos, la mayoría de las personas no tiene intención alguna de verificar la autenticidad, lo que simplifica las cosas. Caminamos así hacia el abismo cultural, ahondando la brecha de la podredumbre intelectual e histórica para conformar un argumentario interesado, falaz, desastroso. Al final la tolerancia es otra palabra para la indiferencia y de esta última nuestra sociedad va sobrada. Es, aunque a algunos no nos guste, la condición humana.