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La última cerilla de Lawrence de Arabia despide al actor Peter O’Toole

Retrato de otra despedida: adiós a la mirada azul y profunda que dio vida a Don Quijote y sobre todo a los ojos de Lawrence de Arabia... Ha muerto Peter O'Toole.

La última cerilla de Lawrence de Arabia despide al actor Peter O’Toole
Peter O'Toole.
Peter O'Toole.

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Aida Soilán

Aida Soilán

Periodista. Colaboradora de MUNDIARIO, donde escribe la serie de artículos y entrevistas Retratos.

“Queridos todos… Es hora de tirar la toalla. De jubilarme del cine y del teatro. Ya no tengo corazón para ello. Mi vida profesional en la interpretación, en el escenario y en la pantalla me ha proporcionado apoyo público, respaldo emocional y confort material. Me ha juntado con personas extraordinarias, buenas compañías con las que he compartido el lote que toca a todos los actores: éxitos y fracasos. Sin embargo, soy de la opinión de que uno debería decidir personalmente cuando es hora finalizar su estancia. Así que dedico a la profesión un adiós profundamente agradecido, y con los ojos secos. Hasta siempre”

Peter O’Toole.

 

Nos situamos en el 10 de julio de 2012, cuando el actor británico anunció su retirada de la interpretación y así comienza el retrato  de un adiós a otro de tantos que demuestra que un Oscar no es indicativo de calidad, en absoluto.

Despedimos hoy a la mirada azul y profunda que dio vida a Don Quijote, al Rey Enrique II, al Capitán Tom Cat y, sobre todo, a los ojos de Lawrence de Arabia... Ha muerto Peter O'Toole. El actor británico ha fallecido a los 81 años de edad en un hospital de Londres, según ha confirmado su agente al diario británico The Guardian. O’Toole murió el sábado en el hospital londinense de Wellington tras una larga enfermedad.

Por cierto, ya que hablamos de Lawrence…

Los divagues de costumbre, esta vez acerca de un clásico del cine británico, "Lawrence of Arabia", dirigido por David Lean y estrenado en 1962, hace ya... un increíble medio siglo. Y digo increíble porque la película se disfruta sin necesidad de adoptar la usual mirada condescendiente con que solemos rever las grandes obras de épocas pasadas, porque los aspectos geopolíticos de la historia (el nacionalismo árabe y la intervención de las grandes potencias) no han perdido actualidad sino todo lo contrario, y porque el complejo protagonista sigue resultando tan fascinante como siempre.

Existió un militar británico llamado Thomas Edward Lawrence, hijo ilegítimo de un noble, experto orientalista y amante de la cultura árabe, que fue enviado por sus superiores a Arabia en 1916 con el fin de apoyar la guerra de guerrillas con que los árabes hostigaban a los turcos, durante lo que hoy llamamos la Primera Guerra Mundial. Lawrence logró un inesperado éxito en su misión (muchas veces excediendo las órdenes que había recibido), se identificó con la causa árabe hasta el punto de resultar una molestia para todos, escribió un libro acerca de sus experiencias, y murió en 1935 en un banal accidente de tráfico en su tierra. Precisamente allí comienza la película, con su muerte y con un servicio fúnebre en la Catedral de San Pablo en Londres, tras el cual varios de los asistentes expresan puntos de vista discordantes acerca de Lawrence, siendo el más fervoroso de sus defensores un antiguo y anónimo oficial médico (Howard Marion-Crawford). Tras esta introducción no muy prometedora, la acción pasa a Egipto, entonces protectorado del Imperio Británico, donde vemos al protagonista (un extraordinario Peter O'Toole) cumplir servicios como analista de inteligencia. (La película omite un apunte importante: la tarea de Lawrence como arqueólogo en Siria, Palestina y Egipto antes de la guerra, y su vinculación con los servicios de espionaje británicos desde al menos 1913).

La luz de un fósforo en medio del desierto

La película pasa de las escenas introductorias en El Cairo a las acciones de Lawrence en Arabia con un recurso muy poderoso que pueden apreciar aquí mismo: la luz del fósforo que Lawrence apaga frente a Dryden funde con un impactante amanecer en el desierto, realzado por la fotografía de Freddie Young y la notable partitura de Maurice Jarre interpretada por la Filarmónica de Londres. La belleza del desierto es devastadora, pero es una belleza atroz, en la que acecha la muerte.

Quedaba poco de aquel fósforo pero justo antes de apagarse, sin duda, O´Toole y su profunda mirada azul pasarán a la historia junto a la esencia de Lawrence de Arabia: “No todos podemos ser domadores de leones”.