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‘Todo esto te daré’ de Dolores Redondo, un difícilmente calificable tratamiento a Galicia

La autora critica duramente el tratamiento de Galicia en el Planeta de Novela 2016, ‘Todo esto te daré’,  de Dolores Redondo, en comparación con la exitosa Trilogía del Baztán.

‘Todo esto te daré’ de Dolores Redondo, un difícilmente calificable tratamiento a Galicia
Dolores Redondo.
Dolores Redondo.

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María Fidalgo Casares

María Fidalgo Casares

Escritora, investigadora, analista social y crítica de arte, es doctora en Historia por la Universidad de Sevilla, Colaboradora de prensa y radio. Escribe en MUNDIARIO.

El 3 de marzo los cines estrenarán El Guardián invisible, primera novela de la exitosa Trilogía del Baztán, de Dolores Redondo (Donostia 1969), el fenómeno editorial español de las últimas décadas que ha llegado a alcanzar el millón de lectores, traducido a diferentes lenguas y lo más reciente, su adaptación al cine. Un trío de novelas policiacas de trama trepidante  protagonizadas por un personaje femenino de enjundia (Amaia Salazar), con una truculenta  historia personal  que –pese a su final más que discutible–  se ha ganado con creces el favor del público.

Tras la Trilogía del Baztán, Redondo presentó al Planeta 2016 Todo esto te daré y obtuvo el primer premio y los seiscientos mil euros consiguientes. Esta novela  estaba ambientada en Galicia, y dado el tirón mediático de la autora, las autoridades gallegas le dieron todos los parabienes, incluso el conselleiro de Cultura, Román Rodríguez, presidió la presentación en Monforte (Lugo) y avaló su traducción al gallego. Algo que sorprende si se lee la novela con cierto detalle.  

 

No hay más desprecio que no hacer aprecio

Evidentemente, la gente lee muy poco y los políticos no deben ser una excepción –debería ser obligación leerse lo que van a patrocinar–. Es que si no, no se explica no sólo el bombo que se ha dado a que se ambiente en Galicia, sino sobre todo, el apoyo institucional a una obra que, precisamente por el gran tirón de la autora y su editorial, no lo necesita en absoluto.

Los que no hayan leído su Trilogía del Baztán pueden pensar que este análisis que desarrollaremos es muy radical… pero los que lo han hecho, por objetiva comparación comprobarán que esta obra ratifica a lo largo de sus páginas –de forma sutil , a cuentagotas y aunque a veces  muy poco evidente–, el refrán español "no hay más desprecio que no hacer aprecio", que  resume con contundencia la actitud hacia Galicia de Redondo como  detallaremos a continuación.

 

El estilo de la autora 

En la Trilogía del Baztán, el paisaje es tanto o más protagonista que los propios personajes. Hay un recreamiento constante en la naturaleza: bosques, árboles, piedras, rocas, musgos, caminos, trechos. viviendas rurales, … todo aparece ensalzado con adjetivos que muestran la fascinación y admiración de la autora por el paisaje de la zona. Lo mismo sucede con su arquitectura y los espacios donde viven los personajes: las calles, plazas, puentes y casas del pueblo aparecen ampliamente descritas centrándose en sus elementos puertas, maderas, chimeneas... también  la gastronomía (con  exquisitos capítulos dedicados a una panadería).

Otro de los leit motiv es la fuerza telúrica que emana de la tierra e influye sobre las personas, también aparece la mitologñia prerromana subyacente en el intringulis de los crímenes narrados.

Todo esto es el estilo de Dolores Redondo.

 

Todo-esto-te-dare

Portada de Todo esto te daré.

 

Una novela ambientada en Galicia

Dolores Redondo declaró: "la elección del escenario tiene una gran importancia en mis obras, ya que el territorio dota de fondo a los personajes".

Cuando se anunció que su novela estaba ambientada en Galicia se celebró. Lógicamente - porque es su estilo - los rasgos que aparecen ensalzados en el Baztán, dados los valores de Galicia, aparecerían multiplicados  ya que todos los elementos susceptibles de admiración por la autora, aparecen en Galicia de forma exponencial.

Una geografía polimórfica, una mitología infinitamente más rica que la vasconavarra y además ambientada en la Ribeira Sacra, una Galicia profunda llena de magia. 

Sin embargo, para estupefacción de los lectores de la trilogía, y sobre todo para los gallegos, desde las primeras páginas estas fascinaciones no solo no existen, sino que además  destila adjetivos, comentarios, indiferencias y sobre todo falta de aprecio, por no decir claramente desprecio, hacia Galicia. El topónimo de Elizondo era nombrado hasta la saciedad,.. En esta novela  en 600 páginas, la palabra Galicia aparece una sola vez, los demás topónimos, apenas de pasada que no llegarán a la decena en todo el libro.

 

Argumento: Una herencia imposible en una Galicia falconcrestiana

No vamos a destripar el argumento, pero la autora parte de una premisa falsa. Aunque se permitan licencias literarias debería documentarse antes de escribir de lo que no sabe.  En este caso no  sólo de las leyes hereditarias gallegas, sino españolas. En la novela, el protagonista,  –con su madre viva–  deja heredero universal a su pareja, algo imposible. En España, una persona casada sin hijos, viviendo alguno de sus progenitores, no puede dejar  todo a  su cónyuge, ya que los padres –en este caso de la novela, la madre– tienen una parte legítima.

Asimismo, la Galicia que presenta, ambientada en este siglo. es una extraña Galicia semifeudal falconcrestiana con caballos de carreras y manipulaciones de la justicia que no existe en absoluto y que la autora se ha sacado de la manga.

 

Arquitectura: se la refanfinfla... Veamos ejemplos

El protagonista aterriza en Lugo. Impactante muralla milenaria Patrimonio de la Humanidad –incomparable a algún monumento similar en el Baztán–. Pues bien, quien se extasiaba ante un pequeño puente de piedrecita del Baztán aquí el protagonista, que  nunca había viajado a Galicia, no hace ni un sólo comentario.

Pero es que cuando llega a la principal edificación de la novela: un extraordinario pazo del siglo XVI –según ella ha confesado está inspirado en el Pazo de Santa Cruz de Rivadulla-  de autoría de uno de los arquitectos de la Catedral de Santiago, el protagonista –alguien culto– entra con la misma emoción en  la extraordinaria edificación pétrea, de la que se entra en un vulgar apartamento alquilado. Solo descripciones del jardín, el resto ni palabra (extraño, cuando la protagonista de la trilogía se extasiaba ente la casita rural de su tía). El refulgente granito gallego para ella se resume en dos palabras: la piedra gallega  es tosca y gris.

 

Pazo Santa Cruz

Pazo de Santa Cruz de Rivadulla.

 

En el Palacio del Cardenal de Monforte, tan majestuoso que es llamado El Escorial gallego, aunque dedica bastantes páginas a lo que allí sucede y en donde dice que el protagonista pasa dos horas recorriéndolo, apenas unas letras  circunscritas a  su biblioteca ( eso sí, se detiene en los distorsionantes cables colgantes de las paredes). Aparca en la entrada del edificio, de las más impresionantes de España. Pues nada, ni una sola palabra como si se entrara en una anodino polígono industrial.

Pero ya  colmo de los colmos es cuando llega a Santiago, a estas alturas del libro, ya no esperábamos una apología de la ciudad pero que menos, en alguien que tanto ensalza una aldeíta como  Eiizondo (muy mona por cierto), semejante casco histórico le pase desapercibido. Ella había anunciado que "cambiaría los nombres de las calles pero que sería muy reconocible" . 

Y sí que cambió el nombre de una calle, pero el protagonista, una persona que se supone formada, aparca "en un solar" junto al casco antiguo (¿donde hay solares para aparcar en el casco antiguo? Pero lo que más llama la atención es que no hace ni un solo comentario de esa ciudad única. Eso sí, una disquisición sobre lo que le estorban los turistas y lo ridículos que están  cuando llueve con sus chubasqueros ( que se detiene en definir "de plástico, cual bolsas de basura"). Una autora a la que conmueven tanto las tradiciones que tanta cancha da a los cuatro semidioses del Baztán, ni la meta jacobea, ni el camino iniciático y milenario... Se la refanfinfla, no aparece ni soslayado, ni una mera referencia.

Curiosamente, sin embargo, a quien la arquitectura le ha pasado completamente desapercibida a lo largo de todo el libro,  tiene frases para el feísmo gallego (mal interpretado) , para describir un hostal cutrísimo con sombrillas de propaganda ajadas ( como si no hubiera otros y el protagonista es pudientísimo) e incluso a dormir con colchón de paja que ya ni  se ve en  documentales etnográficos de los Ancares.

 

El clima y naturaleza: siempre gris

En las presentaciones de la novela, la autora ha repetido constantemente que quería representar a las personas "en una naturaleza  feroz", otras veces ha dicho "hostil"  y en cuanto al clima ha dicho "hosco" o exigente. Exigente  es la  palabra que más ha repetido, adjetivo que jamás nadie habría utilizado para referirse a Galicia, que tiene el clima (no la climatología como dice ella) más suave de toda la península.

La novela se ambienta en el mes de septiembre entre las provincias de Lugo y Ourense. La Ribeira Sacra suele gozar de unos unos septiembres magníficos. Un maravilloso mes habitualmente de temperaturas cálidas y lluvia escasa, pues bien, a lo largo de toda la trama el clima siempre es destemplado, plomizo, desesperanzante, el cielo siempre gris. Ojo, y cuando sale el sol, ( creo que una vez en toda la novela)  avisa ella de que eso es efímero y que va a volver enseguida la lluvia...

La lluvia, tan lírica en su trilogía, aquí es molesta, incluso se inventa el adjetivo "clorado" que no sé de dónde se lo ha sacado para la lluvia y que da una sensación de química en una zona donde la primera fábrica está a muchos  kilómetros a la redonda.

El sol no aparece... pero cuando hay luna, no se lo pierdan: ¡le llama luna insignificante!

Sobre árboles y plantas, nada del embeleso de los bosques del Baztán, como mucho las gardenias que casi se las inventa porque en realidad son camelias. Ni una sola palabra de los bosques gallegos ni su variedad de especies.

 

Una mitología inexistente

"El poder espiritual de una zona es importante es mis novelas para ello tiene que reunir una serie de requisitos, como los valores arquitectónicos y un cierto aspecto místico", dice.

Pues ni palabra, salvo una minitrama en el santuario del corpiño, ni leyendas, ni dioses prerromanos, ni  animismo y panteísmo, cuando  en estos temas Galicia le da sopas con honda al Baztán  pero aquí no le vamos a criticar mucho... porque había avisado que no iba a ahondar en temas paranormales, ni brujerías, pero hombre, una cosa es no ahondar y otra lo que refleja. 

 

Graves incorrecciones territoriales

El trabajo de documentación, que comprendió numerosos viajes a la Ribeira Sacra,  dice que le llevó unos seis años. Las incorrecciones territoriales no se explican ni siendo una licencia.

El embalse de Belesar es el embalse más grande del río Miño ¡y ella  lo sitúa en Sil! y es la parte fundamental de la novela! Al queso de Arzúa le llama Urzúa, que suena muy vasco pero no tiene nada que ver.

 

Ribeira Sacra

Vamos a la Ribeira Sacra, que es lo más ponderado de la novela y por lo que supuestamente se le hacen desde Galicia tantas loas a la autora. Y es verdad que dedica un capítulo muy interesante a la vendimia de la Ribeira Sacra, pero si extrapolamos realmente  parece que el tema le interesa y lo trata con cierta profundidad... pero no hay nada gallego en ello. Podría ser la vendimia de cualquier lugar escalonado, la descripción carece totalmente de identidad y de relación con Galicia.

Ya hablamos del tiempo, pero vamos al paisaje... ese verde del que habla no existe. La Ribeira Sacra en septiembre es una sinfonía de rojos, ocres, sanguinas y amarillos de una belleza sin igual, para ella es verde ( siendo correctos habla de unas hojas rojizas tiradas). Sin rubor afirma que estuvo ¡6 años para documentarse! y no da una, ni del clima, ni del color, ni del nombre río que confunde. 

Y ya dice que admira a los habitantes de la Ribeira Sacra porque son personas que han decidido vivir en un lugar hostil o peligroso... ¿Esta señora donde ha estado?

Curiosamente la editorial coruñesa Hércules Ediciones tiene dos libros maravillosos sobre la Ribeira Sacra en una edición exquisita de textos rigurosos e imágenes espectaculares y no ha recibido ningún respaldo de la Xunta. 

 

 Libro de la Ribeira Sacra de Hércules Ediciones

Foto del Libro de la Ribeira Sacra de Ediciones Hércules.

 

Palabras gallegas

De la gastronomía gallega  solo una buena mención al pan (aunque lejos de ese éxtasis de la panadería del Baztán) y las tapas que pondera su gratuidad pero llama "consabidas tapas" casi, como si fuera en tono de reproche.

En la Trilogía del Baztán aparecen continuamente palabras vascas. Entre la gente rural que habla euskera y gallego, porcentualmente,  los gallegos barren por goleada. Pues bien, las palabras gallegas que aparecen en la novela se cuentan con el dedo de la mano.

Ella no puede argumentar desconocerlas, porque probablemente sepa más gallego que vasco, sus padres eran emigrantes y sus cuatro abuelos gallegos.  A uno de los personajes le llama la extraña palabra Toñino hasta difícil fonéticamente que nadie diría en Galicia, sino al revés Toniño.

 

¿Es complejo ante el nacionalismo?  

Una hipotética explicación estaría en los mecanismos de adaptación e integración de los emigrantes en las comunidades nacionalistas. Las raíces son fundamentales en estas ideologías y muchos hijos de emigrantes tienen que forzar su nacionalismo para sentirse integrados, aunque si estudiaran un poco sabrían que el nacionalismo les excluye.

La familia de Dolores Redondo es gallega, padre y madre son gallegos y vivían en  Pasajes, donde había un colectivo de marineros emigrantes en el que se cría Dolores Redondo Meira.

Raíces de las que en cierta manera reniega porque, aunque atribuye a su abuela gallega parte de su éxito. Suele afirmar: "mis raíces están en San Sebastián".  Tal vez la ortodoxia de los conversos explique la apología constante de la naturaleza del Baztán que hace en su trilogía y  esa indiferencia ante su tierra de origen. Ah, y cierra la novela diciendo que su hermana "le ha inculcado el amor a Galicia". Pues si no se lo llega a inculcar Dios nos libre de lo que habría escrito.

Lo dicho: "No hay mayor desprecio que no hacer aprecio".