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El racismo es un problema que la humanidad ha arrastrado hasta el siglo XXI

Segregar, atacar, maltratar, vociferar y hasta matar, son algunas de las cosas que ocurren cuando humanos discriminan a otros humanos, por no aceptar su cultura, color, sexualidad, raza o religión.

El racismo es un problema que la humanidad ha arrastrado hasta el siglo XXI
Segregación Racial. / Pixabay
Segregación Racial. / Pixabay

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Valeria M. Rivera Rosas

Valeria M. Rivera Rosas

Licenciada en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso. Graduada de la Universidad Privada Dr. Rafael Belloso Chacín de Venezuela. Escribe en MUNDIARIO, donde es coordinadora general. Twitter: @mundiario

El racismo ha sido parte de la humanidad desde hace siglos, el Apartheid o el Holocausto son solo algunos de los episodios más oscuros que ha tenido que ver la humanidad, pero claro, causadas por ella misma. Recientemente el debate ha vuelto a tomar protagonismo gracias al nuevo Presidente de los Estados Unidos, quien no ha visto problema al atacar a aquellos que forman parte de las minorías en su país, pero que olvida que juntos son una enorme ola que podría tumbar su gran bote.

En el siglo XIX el filósofo Joseph Arthur de Gobineau realizó un manuscrito llamado ‘Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas’, que en resumidas cuentas subrayaba la supremacía blanca ante lo que él clasificaba  como “negros” y “amarillos”, en el explicaba que las mismas son “variantes inferiores de los blancos” por lo que había que imponer la “superioridad blanca, que posee la belleza, inteligencia y fuerza”.  Para él, la supervivencia de los blanco solo sería posible si no se mezclaba jamás con las razas que llamaba inferiores.

Este criterio sería utilizado por años para fomentar la filosofía racista en muchas personas, que todavía hoy está muy presente. Pero la degradación de la inteligencia humana no para allí, científicos reconocidos del mismo siglo crearon zoológicos, en los que exhibían a humanos, que ellos mismo denominaron como “bestias salvajes”. Muchos pueblos africanos fueron devastados y separados para lograr el ambicioso objetivo, en que distintas razas fueron presentadas a públicos de Alemania, Reino Unido, Estados Unidos o Italia.

La esclavitud también fue una manera de denigrar a las personas, en especial a los afrodescendientes, en Estados Unidos fue legal tener esclavos hasta 1865, pero antes de eso el maltrato a los trabajadores negros era excesivo e inhumano, vejaciones constante ocurrían por parte de los señores blancos dignas de tiempos medievales.

De igual forma, el racismo ha evolucionado en otra rama muy preocupante para los humanos, la xenofobia. Hay que tener cuidado entre ambos conceptos, puesto que el primero es hablar de la superioridad de la raza y el segundo se refiere al odio y repulsión por el extranjero.

La xenofobia es sencilla de sembrar en la mete de las personas actualmente, en parte se debe a los distintos conceptos que la persona crea a través de lo que percibe en el día a día. Los medios de comunicación tienen muchos que ver en esto, al igual que los aparatos de cultura como el cine o la música; en las noticias el humano observa los problemas que atraviesa el mundo desde su propia cultura, unos ejemplos de esto serían los chinos con su contaminación, la mayoría de países africanos con sus guerras eternas, América Latina con la ambición de sus líderes… todo esto hace que el individuo se forme una idea predeterminada sobre el lugar y sus habitantes.

De igual forma, el cine es un gran instrumento para llegar a las masas, pero a veces las formas en que son tratados algunos temas terminan condicionando una imagen que se hace generalizada. Solo hay que imaginarse una de las muchas películas que  vemos como los actores negros son los ridículos, los malos o corruptos, mientras que los blancos son los buenos y héroes; lo mismo ocurre con los latinos, quienes son retratados como vagos, ociosos o seres de poca confianza.

Un mundo en el que la información viaja constantemente es ideal, pero peligroso en las manos humanas que muchas veces termina destruyendo lo que ha logrado construir por miedos infundidos, desconocimiento o sencillamente por creerse superior y menospreciar al prójimo.