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‘La poesía española está pasando por uno de sus mejores momentos’

Manuel García Pérez, coordinador del área de Sociedad y Cultura de MUNDIARIO, ha presentado recientemente su segundo libro de poemas, Las exploraciones, una poesía radical y de asfixiante dureza. Lo entrevistamos.

‘La poesía española está pasando por uno de sus mejores momentos’
Manuel García Pérez durante la presentación de Las exploraciones. / Facebook
Manuel García Pérez durante la presentación de Las exploraciones. / Facebook

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Judith Muñoz

Judith Muñoz

Periodista. Fue redactora del periódico Xornal de Galicia y actualmente coordina MUNDIARIO. Formó parte del equipo de la agencia Quattro Idcp y del periódico La Voz de Galicia. Es autora del libro de poesía Anhelo. @opinionadas

Manuel García Pérez es Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED, Premio Nacional Fin de Carrera (2000), es el coordinador del área de Sociedad y Cultura de MUNDIARIO. Docente, investigador y escritor de narrativa juvenil, en 2013 publicaba su primer libro de poesia, ‘Luz de los escombros’ y ahora, en 2016 ha sacado una nueva obra poética titulada ‘Las exploraciones’. Poesía radical y de asfixiante dureza son calificativos resaltados por Javier Puig, colaborador de MUNDIARIO, al respecto de esta de esta nueva obra de García Pérez. Muy en sintonía con las declaraciones de Ana Mas, pofesora de Filosofía, a este diario: "Esta nueva obra contiene 27 poemas desasosegantes, brutales, perturbadores pero,tal vez, de una belleza más depurada y contenida que en su anterior poemario".

El lector que se adentre en estos poemas no regresará indiferente.

Las exploraciones/ MGP
‘Las exploraciones’ de Manuel García Pérea. Edita Neopàtria

 

Hablamos con su autor para explorar, nunca mejor dicho, ‘Las exploraciones’ de sus últimos poemas.

— Las exploraciones es un libro de suma dureza, en donde el lenguaje usado resalta la crudeza con la que escribes. Sangre, asesinato, mutilación, oscuridad, ejecución… son solo palabras sueltas tomadas prestadas de tus poemas.

— Las exploraciones surge de varias experiencias vitales e intelectuales a lo largo de estos últimos años. Muchos de mis artículos científicos han consistido en el análisis lingüístico de los testimonios de víctimas y supervivientes de diferentes catástrofes humanas como Chernobil o el Holocausto judío. A esa clase de trabajos se unen los recuerdos de algunas historias populares de ámbitos rurales donde yo he vivido, especialmente, en La Vega Baja, en Orihuela. En estas zonas de huertas, los suicidios, los asesinatos entre labriegos o los ahogados en las acequias formaban parte de ese paisaje desolador, de un pasado que nos parece remoto, pero que está ahí, en la memoria de muchos. Todas esas voces, esas imágenes y esas leyendas han contribuido a la creación de estos textos sobre los que ahora mismo tengo sentimientos encontrados. Pero la poesía es revelación de un pensamiento, a veces oscuro y chamánico, y entiendo que era necesario que la reflexión sobre el mal y la violencia dominara la belleza de los versos.




— Los perros tienen una presencia casi constante en tus poemas, ¿qué significado tienen para ti?

— Es difícilde escrutar los significados. No entiendo la poesía como un mensaje cifrado, sino que en mí perviven los poemas como estampas o visiones. Y me abandono a esos elementos. Escribo desde la palabra, pero también desde el arrebato sereno que representa el trance, la aparición de esta clase de símbolos, a los que veo y escucho. La palabra “perro” es sonora y rotunda, y, sin que nos demos cuenta, produce en nosotros una doble sensación inquietante: el perro como animal tranquilo,noble y protector, pero al que también abandonan muchos de sus amos y, por otro lado, existe el perro como animal de caza, como ser estepario, como un mamífero que puede contraer la rabia y ser enormemente dañino para el hombre. Me cuesta mucho relacionar lo que escribo con un sentido específico de la palabra o del signo. Me gusta que la obra sea una obra inacabada que debe ultimar y definir el propio lector con su biografía de emociones personales.




— Animales y naturaleza parecen servirte casi de manera constante para construir las metáforas en tus poemas.

— Es el mundo que conozco. Es el mundo de mis lecturas y de mis visiones. Es un mundo que me permite abandonar toda clase de nacionalismo, temporalidad y costumbres en un texto. La naturaleza es intemporal y el símbolo se hace perenne en sus referentes más inmediatos. Las ilustraciones de Roberto Ferrández contribuyen a enfatizar ese significado en este libro. Lo intemporal es una cualidad que aprendí de Bacon y de los poetas alemanes. La naturaleza en mis poemas es reconocible, es un calco de la geografía que he conocido, pero al mismo tiempo parece que puede ser cualquier lugar hostil de nuestro mundo. La influencia de Rulfo se une a la de Bacon y ahí, en esa distopía, surge una necesidad de elevar el lenguaje a una clase de espacio propio donde todos permanecemos antes y después de la muerte.




— ¿El mundo real es tan desolador como en tus poemas o en tu visión hay algún horizonte de esperanza?

— Soy más racional de lo que parece a la hora de escribir. En estos poemas hay una necesidad de poner en evidencia lo dañino que puede llegar a ser el tabú del asesinato, la enfermedad y la muerte como rito. Nos negamos a aceptar esa realidad humana y, sin embargo, coexistimos constantemente con ella. La naturaleza es más violenta que lo que subyace en Las exploraciones. Tarde o temprano nos enfrentaremos a la muerte y, por mi experiencia con algunos familiares y a través de mis estudios, la resignación no es suficiente, sino que es necesaria la aceptación de que es un desenlace vulgar, sencillo y nada emotivo. De todas maneras, en Las exploraciones, también hay un espacio para la serenidad, para la quietud, para el silencio. Pero ese espacio, ese momento, es el que surge tras la extinción, el que existe ahí, cuando nosotros somos testigos de la desaparición de los otros sin que podamos evitarlo, evitar su resonancia, su sentido, su finalidad.




— Las exploraciones se siente muy personal, casi íntimo, de esa intimidad que a veces ruboriza mirar. ¿Cómo te sentiste al escribir estos versos?

— Como he dicho, tengo sentimientos encontrados. Es un poemario que rinde tributo a la memoria de los olvidados, por un lado, y, por otro, es un legado personal sobre mi visión de la existencia. Mi poemario es una manera de enfrentarme al mal, de dejar por escrito que soy consciente de la violencia del pasado y del presente, un testimonio de luz ante los desastres inexorables, pues no censuro aquello que nos hace humanos también. El mal me obsesiona como le obsesionaba quizá a Hannah Arendt. Las exploraciones es una forma de reivindicar que la destrucción, la mutilación, el asesinato y la enfermedad nos revelan que no somos nada, sino la evidencia de que, tras los logros, solamente existen seres vulnerables.




— ¿Qué esperas de tu reciente obra?

— De la poesía se espera poco o nada. Tengo mis lectores a los que siempre agradeceré el tiempo dedicado a mis textos. Como estoy leyendo en varias reseñas que se han hecho de mi libro, el poemario se caracteriza por su singularidad y por su capacidad para conmocionar dentro de una belleza oscura y perturbadora. No he vuelto a leer mi libro una vez que ha estado publicado. Siento un respeto inmenso por las voces y el mensaje que encierra y también un grado de temor a reencontrarme con las ausencias, con los rasgos fantasmales que en los poemas se perfilan.


— ¿Cómo percibes el panorama poético actual en España?

— Creo que la poesía española está pasando por uno de sus mejores momentos. Estamos en una nueva Edad Dorada. Están confluyendo diversas generaciones y todo tipo de corrientes y voces. Mientras que, en la narrativa, veo enormes limitaciones creativas condicionadas por las editoriales y el mercado, la poesía está experimentado una clase de nuevo fulgor, motivado por las consecuencias sociales de la crisis donde el poeta se convierte en una clase de insurgente, carente siempre de la presión mediática y mercantilista de la que muchos novelistas no pueden librarse. A las voces de Gamoneda, Colinas,Veyrat o Concha García nos encontramos con voces jóvenes y relevantes como las de José Daniel Espejo, Héctor Castilla, Luisa Pastor o Álvaro Giménez que, con poca obra publicada, muestran una gran actitud y talento en sus escritos.