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OT El reencuentro: 5 claves de un éxito de audiencia y fiasco de sentimientos

OT 1 El reencuentro batió records de audiencia, pero fue un fiasco y decepcionó al público que esperaba encontrar aquella magia hoy perdida en el mundo de la televisión. Apuntamos las cinco claves de esta decepción.

OT El reencuentro: 5 claves de un éxito de audiencia y fiasco de sentimientos
Reencuentro en Operación Triunfo.
Reencuentro en Operación Triunfo.

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María Fidalgo Casares

María Fidalgo Casares

Escritora, investigadora, analista social y crítica de arte, es doctora en Historia por la Universidad de Sevilla, Colaboradora de prensa y radio. Escribe en MUNDIARIO.

Fue una oportunidad muy desaprovechada y lo peor, sin posibilidad de vuelta atrás... Lo tenían todo para atraer al público y batieron ecords de audiencia, pero jugaron muy mal unas cartas marcadas que tenían todas las de ganar. Probablemente de los casi cinco millones de esta primera entrega ya han perdido centenas de miles de espectadores de audiencia para los próximos tres programas del pack. Analizamos cinco de las claves de este fiasco "sentimental":

1) Una mala presentación

El programa debiera haberlo iniciado una voz en off con imágenes que explicaran la singularidad del programa y el porqué aquel programa hizo historia. Eso no solo hubiera puesto en situación al espectador, sino que sobre todo le hubiera hecho involucrarse en el proceso y sentirse parte activa. Pensar "fue historia y yo estuve ahí"... También pudo haber un discurso intenso e inaugural de Carlos Lozano, Nina y los profesores haciendo un balance de lo que significó aquella edición para ellos y para España... Nada de eso hubo: los concursantes aparecieron bote pronto sin introducción magistral, saludándose como si tal cosa perdiendo todo el empaque y la singularidad que se esperaba del programa. Sin ese tipo de música de fondo de carácter nostálgico que empuja a sentir y a disfrutar.

2) Un escenario muy poco acertado

Un paupérrimo escenario para un reencuentro mítico de los que formaron parte del experimento televisivo español más importante del siglo XXI. Podrían haber recreado aquel espacio tan familiar... la salita inicial con aquel gran sofá. Aquella en la que evaluaban las actuaciones, interactuaban con el público y mostraban sus personalidades. Un marco que hubiera conseguido el " traslado en el tiempo"  a los telespectadores, e incluso a los propios triunfitos.  Pero eligieron una sala  muy desangelada con un solado de baldosas hidráulicas  frías  y con una luminación muy desacertada para revivir un momento especial . El piano de Manu  Guix en absoluto invitaba al recogimiento con esa luz de mediodía y una Noemí Galera que no supo en ningún momento imprimir ni llevar la batuta de ese encuentro tan esperado.

3) Mal montaje

La narración hubiera debido orquestarse con flashback más intensos y sobre todo mucho más emocionales que fueran conectando pasado y presente. Los castings iniciales  que todos estaban deseando ver de cada uno, buscando aquellos puntos flacos de cada artista que luego irían superando con el ojo atento de millones de espectadores... fueron apenas esbozados. Muy poco del desarrollo musical, de su evolución. Si era un programa de introducción deberían haber hecho hincapié en todo ello, pero lo obviaron.

4) Desarrrollo del programa

Muy mal estructurado y sobre todo no consiguió en absoluto  la emoción que todos esperaban encontrar. Al principio del programa hubo algún atisbo de ilusión, como la canción de Chenoa, el mejor momento del programa ...pero se nubló enseguida. Se cantaron algunas de las canciones emblemáticas pero presentadas  sin pizca de gracia ni de garra por una Noemi Galera que debiera haber sido Carlos Lozano. O Nina...

Ante las baldosas de ese suelo desangelado  y ante los amigos con bromas chillonas, las intervenciones acústicas   perdían eficacia y seriedad. El coleguismo y las  risas posiblemente fueron muy naturales,  pero boicoteaban todo tipo de emoción ante los temas. Muy mal conectadas las canciones reales con las canciones que ejecutaban allí.

Los "cortos" relativos a la realidad de cada uno mucho estuvieron muy  bien narrados, pero muy poco o nada cohesionados con lo que pensaban que iba a ser su vida cuando estuvieron en la Academia que era la gracia del tema.  

5) Ninguna sorpresa

El esperado plano de Bisbal la primera vez que ve a Chenoa hubiera hecho las delicias del público, así como las miradas entre ellos... algo que no se produjo en absoluto. Los testimonios de aspectos que no se concieron en su momento como porqué eligió Rosa a los seis que la acompañaron o Eurovisión, o si les parecía justo la cuestionada victoria de Bustamente cuando el supuesto fraude telefónico, los enchufismos de los profesores, el impacto psicológico del despúes, los sinsabores  .. cosas así podían haber dado un poco más de cancha y enganchar al espectador. De hecho, en esta línea lo único reseñable " No sabía por qué a Bisbal le estaban haciendo un disco a medida. A mí me hicieron entrar en un grupo. Me estaba vendiendo porque me dijeron que así tenía que ser", recordaba Àlex Casademunt

Los jóvenes se hincharon a twitear la frialdad de Bisbal, la desafortunada indumentaria de Chenoa, los rubios farmatint de Bisbal y Tenorio, de los que no se acordaba nadie. Lógico, antes no había esos artilugios y todo se quedaba en la conversación del día después. Esa noche fue trending topic... Y pasaron una jornada divertida.

Sin embargo el público de más edad quedó muy decepcionado. Un producto que hubiera admiido todo tipo de almibarmiento, secuencias lacrimógenas, cámaras lentas, baladas envolventes, todo hubiera cabido porque era lo que ese público quería y pensaba que iba a revivir. Tenían los pañuelos preparados. Unos sentimientos que congregaban a las familias delante del televisor. Algo que ningún otro programa ha vuelto a conseguir.

Pero todo quedó en un bluff, descafeinado y aburrido, los pañuelos secos... Una pena.