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¿Cabe afirmar que la maldad forma parte del ser humano?

Ha sucedido al conocer ciertos comentarios crueles sobre la muerte de Iván Fandiño.

¿Cabe afirmar que la maldad forma parte del ser humano?
Iván Fandiño. / Twitter
Iván Fandiño. / Twitter

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Alfonso García

Alfonso García

Jubilado como notario en 2012, dedica su tiempo a escribir, a la Asociación Benéfica Renacer de A Coruña y al coleccionismo de documentos financieros. Diario de Avisos, La Verdad, La Voz de Galicia, El Ideal Gallego, La Opinión, Xornal de Galicia, Xornal.com, Radio Líder, El Correo Gallego y MUNDIARIO son medios con los que ha colaborado o colabora. Publicó: Una Historia de la Banca Española a través de sus documentos, La actividad bancaria en Galicia. Desde el Catastro del Marqués de la Ensenada a la Ley Cambó (Premio Manuel Colmeiro, 2003), La Coruña en los protocolos notariales, Los pioneros del comercio en La Coruña, A mi manera: con sentido común, Calles con Historia, Las 1001 preguntas que todo abuelo debe saber responder, Creemos en la esperanza, Cruz Roja y Galicia: unidas por la historia (1864-1900), y Entre el odio y la venganza.

Una vez más, una caterva de miserables y cobardes, escudándose en la impunidad del anonimato o de una falsa personalidad, utilizan las redes sociales para exhibir su ira, mezquindad, frustración, odio, venganza y cuantos bajos sentimientos puede albergar el alma humana.

Ha muerto un joven torero, Iván Fandiño, y cualquier persona de bien se entristece con el suceso. Sólo los desalmados, siguiendo su instinto natural de maldad, pueden mofarse de algo así.

Dicen defender la vida de los seres vivos y maltratan, al menos verbalmente, a otros seres humanos. Pero yo me pregunto: ¿es sólo lo que se ve o detrás de esa postura hay un profundo desprecio a todo lo que sea genuinamente español?

Su actitud ante el maltrato animal es respetable y  legítima, si se produce en un ambiente de respeto a las opiniones de los demás y  se cohonesta con la defensa de la vida en general, ya sea de la naturaleza, ya de las personas.

Pero hay algo más en este comportamiento, digno de desprecio: la cobardía de esconder la ofensa  y el insulto gratuitos en el anonimato de las redes sociales y en la impunidad. Es decir, la falta de responsabilidad, la negativa a  asumir las consecuencias derivadas de un determinado comportamiento, como corresponde a los seres humanos. Quienes así se comportan desconocen el significado de  la  libertad responsable; en suma, lucen más irracionalidad que los animales a los que dicen defender.

Este infame uso de las redes sociales, lo vemos con demasiado frecuencia, no es una anécdota, no es excepcional: timos, pederastia, exhibicionismo, insultos, anuncios falsos o equívocos y difusión de falsedades, entre otras modalidades.

Naturalmente, no por ello se debe defender la  limitación o prohibición de su funcionamiento, pero sí debemos pedir enérgicamente  la persecución de su uso delictivo y el fomento entre   los niños de una  utilización responsable.

Me uno al sentimiento de dolor de todos cuantos lamentamos la pérdida de una vida humana y, de forma especial, al dolor de la familia de Iván Fandiño.