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Neuschwanstein simboliza a Alemania lo mismo que la Torre Eiffel a Francia

Este castillo bávaro representa un lugar nostálgico y de ensueño que es visitado por millón y medio de turistas cada año, de los cuales más de la mitad no son alemanes.

Neuschwanstein simboliza a Alemania lo mismo que la Torre Eiffel a Francia
El otoño en Neuschwanstein. / Achim Thomae
El otoño en Neuschwanstein. / Achim Thomae

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Miguel Barral Rouco

Miguel Barral Rouco

Escribe de turismo en MUNDIARIO.

Se ve que los alemanes tenían ganas de rentabilizar la exposición pública del Castillo de Neuschwanstein ya que, según la  web del propio castillo, a las siete semanas de la muerte del rey Luis II en 1886 abrió sus puertas al visitante de pago. Este rey, de carácter retraído, lo había construido como un refugio para poder alejarse de la vida pública y, tras su muerte, acabó convertido en una atracción para un público masivo, con más de 6.000 visitantes algunos días recorriendo unas estancias que estaban destinadas a un solo residente.

El Castillo fue construido en el siglo XIX por Eduard Riedel y Georg Dollmann, por encargo del rey Luis II, en una colina escarpada cerca de Füssen en el sudoeste Baviera, en el entorno de un pintoresco paisaje de montaña, a modo de retiro y como un homenaje al compositor Richard Wagner. Conviene resaltar, por lo que tiene de excepcional y ejemplar, que la construcción la pagó el rey con su fortuna personal y por medio de préstamos, en lugar de acudir a los fondos públicos bávaros. La construcción imita el estilo románico del siglo XIII, y en él se inspira el Castillo de la Bella Durmiente de Disneyland.

Y es que si alguien habla de un castillo de cuento de hadas, bien puede estar refiriéndose al de Neuschwanstein. Además de su indiscutible belleza este castillo está rodeado de algunas curiosidades: Su construcción duró 17 años, los que van de 1869 a 1886, y el rey Luis II, debido a su prematura muerte, solo lo habitó 172 días. Luis II creció en Hohenschwangau a 2 kilómetros de Neuschwanstein y desde niño soñó con construir un palacio en la escarpada colina que veía desde su casa. El palacio está inspirado en la música de Wagner, en especial las Sagas Germánicas. Su diseño no corresponde a ningún arquitecto sino al afamado escenógrafo muniqués Christian Jank.