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El marketing que inventó Velázquez convirtió al rey pasmado en ‘rey planeta’

Un total de 29 obras conforman 'Velázquez y la familia de Felipe IV', una muestra con la que el Museo del Prado repasa la historia del retrato cortesano español entre 1650 y 1680.

El marketing que inventó Velázquez convirtió al rey pasmado en ‘rey planeta’
Museo del Prado, en Madrid.
Museo del Prado, en Madrid.

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Aida Soilán

Aida Soilán

Periodista. Colaboradora de MUNDIARIO, donde escribe la serie de artículos y entrevistas Retratos.

Un rey joven e ingenuo, aturdido por la belleza del cuerpo femenino, revoluciona a la Corte por su irrefrenable deseo de contemplar a la reina desnuda. Frailes, moralistas e inquisidores debaten sobre la obscenidad de tan sorprendente antojo. Torrente Ballester añade a su juego con la Historia la apasionada y fogosa relación de un valido con su esposa, la curiosa amistad de la superiora de un convento con la puta más codiciada de Madrid y las peripecias de unos personajes reales, matizados con gracias, humor socarrón e ironía en una intrigante crónica de la antigua Corte española. En esta sinopsis de la "Crónica del rey pasmado", de Gonzalo Torrente Ballester, se dibuja un rey poco elevado, más terrenal que ligado a la cultura o al aura divina que rodeaba -y subrayo el tiempo pasado- todo lo monárquico.

Pero… si  la oruga se convierte en mariposa, o los patitos feos se convierten en bellos y esbeltos cisnes, un rey pasmado se pudo convertir para la Historia en Rey Planeta, sobretodo, gracias a los ojos de un pintor, Velázquez. 

Hoy en día tenemos las campañas de marketing, el lenguaje subliminal, el personal branding… Sin embargo, la técnica de manipular las mentes ajenas en beneficio propio ya lo ha experimentado bien y practicado mejor la Historia del Arte. Es paradójico que algo tan aparentemente tan deleznable favorezca una disciplina tan noble. Pero era eso lo que buscaban los políticos de antaño y, para que nos vamos a engañar, los de ahora también: Galones, pomposidad, intimidación. Los Carlos V, Felipe II y Felipe IV tuvieron suerte de coincidir en el tiempo con Tiziano, Rubens y Velázquez. Es posible que sin los artistas nuestra percepción de la Historia fuera bien distinta.

El Prado saca su mejor naipe: Velázquez

Un total de 29 obras conforman 'Velázquez y la familia de Felipe IV', una muestra con la que el Museo del Prado repasa la historia del retrato cortesano español entre 1650 y 1680, y en la que por primera vez se analiza la actividad como retratista desarrollada por el maestro sevillano en los últimos once años de su carrera al servicio del rey.

Tiene hueco también en esta exposición, que podrá visitarse del hasta el 9 de febrero de 2014, la labor desarrollada por sus sucesores, su yerno Juan Bautista Martínez del Mazo (su copia de 'Las Meninas' procedente de Kingston Lacy -The National Trust- se expondrá por primera vez en España) y Juan Carreño.

La profundidad del pintor y la frialdad del hombre

Lo que para Felipe IV era flema, para José Ortega y Gasset era “frialdad”. El filósofo dijo de Velázquez que “vivir para él va a ser mantenerse distante”. Y sin embargo Jonathan Brown, uno de los mayores expertos en el pintor, asegura que cuanto más estudia a Velázquez menos frío le resulta.

Parece que el genio era un hombre parco en la demostración de sentimientos. Resulta raro que el artista que supo sacar el alma de sus modelos, fuera de los lienzos tuviera un carácter frío o flemático.

Las contradicciones se arremolinan alrededor del maestro Velázquez: ahora es el más grande, el campeón de las exposiciones, el más admirado, el imán de visitantes a los museos, el protagonista del récord que en 1999 atrajo al Museo del Prado a más de 600.000 visitantes. Pero no siempre fue así: su fama estratosférica comenzó a nacer a partir del siglo XIX y debe mucho a los elogios de Edouard Manet y otros artistas, y a los viajeros románticos, como Théophile Gautier, que vinieron a España en busca de exotismo.

 

El genio más terrenal de Mingote
De todo  lo exótico y sublime me quedo con el genio más terrenal de Mingote que dibujó en su viñeta hace un par de años a Velázquez, en la misma posición en la que aparece dentro del cuadro “Las Meninas”, pero con una particularidad: El resto de personajes del cuadro, la familia de Felipe IV, no estaban situados aún en la posición final que tuvieron, sino que iban llegando hasta la estancia en la que se encontraba el pintor bajando las escaleras del fondo del lienzo.
El humorista puso en boca de Velázquez: “Hay días en los que no se me ocurre nada”…, justo antes de tener la idea que le haría pintar el cuadro más sublime -al menos para mí- de todos los tiempos.