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Lamia, una tragedia aérea calculada

Las investigaciones por venir, serán importantes si no hay tapaduras; pero más lo será todavía la reflexión que necesariamente debe hacerse sobre este tipo de negocios de transporte aéreo de bajo costo, que cortan y recortan en cualquier renglón, incluido el de la seguridad.

Lamia, una tragedia aérea calculada
Accidente aéreo de Lamia. / Twitter
Accidente aéreo de Lamia. / Twitter

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José Luis Méndez La Fuente

José Luis Méndez La Fuente

Profesor universitario y abogado. Trabajó en Petróleos de Venezuela (PDVSA). Articulista de MUNDIARIO.

La penúltima tragedia de la aviación comercial, con setenta y un muertos, nos acaba de dar otra bofetada en la cara y una causa más de asombro infinito. Si hace aproximadamente año y medio, el accidente de Germanwings  en los Alpes franceses, que finalmente no resultó ser un accidente, aun revolotea en nuestras seseras, qué decir del de la aerolínea LaMia, ocurrido en una zona montañosa, próxima a la ciudad de Medellín, destino final del vuelo y  con características similares, pues al igual que el anterior tuvo, en motivos desconcertantes, la causa fundamental  de la catástrofe.

Pensar que un piloto de un vuelo internacional sea capaz de suicidarse y asesinar a más de cien personas, raya casi en lo ficticio, en el plano de lo irracional, en el acto de un loco, como en efecto lo fue. Pero que  alguien juegue a la ruleta rusa con un avión lleno de pasajeros, utilizando como gatillo el ahorro de combustible; haciendo a un lado el sentido común, las normas de autonomía de vuelo y principalmente, la seguridad de los pasajeros, es un acto criminal calculado. La diferencia, por lo mismo, entre ambas desgracias, es fácil de ver; en la primera se trataba de un demente quien la  causó. En la segunda, del acto circense de un especulador de los negocios, quien arriesgó la vida de setenta y siete personas, junto con la de él.

En el primer suceso, resulta difícil prever tal conducta caótica por parte del piloto, por más evaluaciones que se hagan. Pero en el caso de LaMia, no solo se trata de una  conducta anti normativa, pues la cantidad de combustible necesario forma parte de los patrones de vuelo, que deben aprobar la autoridades locales antes del despegue, sino aparentemente frecuente en dicha aerolínea, por lo que se extrae de las noticias internacionales. Es decir, que estamos hablando de una tragedia de culpas compartidas, donde el piloto, de quien además se dice era copropietario de la aerolínea, se lleva la mayor parte, aunque será la investigación correspondiente la que arroje las conclusiones definitivas, o eso esperamos. Por lo pronto, la propia aerolínea está responsabilizando al piloto de lo ocurrido, mientras que las autoridades bolivianas ponen sus barbas en remojo suspendiéndole la licencia y permisos de vuelo; una medida por demás tardía.

Pero más allá de  los resultados de la investigación sobre el accidente, estamos seguros que el caso LaMia va  a poner en evidencia algunas irregularidades del sistema, principalmente del negocio. Un negocio que tiene unos orígenes, no tan claros, en la Venezuela de la década pasada, cuando nació la Aerolínea Merideña Internacional de Aviación, Compañía Anónima, con el propósito de realizar vuelos regionales y aprovechar el auge turístico de Mérida, el estado andino venezolano. Ni aquí, ni en el estado nueva Esparta de la Isla de Margarita, donde también fue promocionada por el gobernador de la región como promisoria fuente de inversión y de empleo para decenas de personas, pudo arrancar LaMia, actualmente operando en Bolivia, aunque aparentemente con capital venezolano y propietarios, al menos en los medios, bolivianos. Una interrogante por aclarar, la cual tendrá que ser investigada junto con otras.

Las investigaciones por venir, serán importantes si no hay tapaduras; pero más lo será todavía la reflexión que necesariamente debe hacerse sobre este tipo de negocios de transporte aéreo de bajo costo, que cortan y recortan en cualquier renglón, incluido el de la seguridad. Adicionalmente, cabe preguntarse, hasta qué punto es válido, para operar integralmente una empresa de este tipo, arrendar el piloto, la tripulación y hasta el avión, para luego  conjugarlos, como si fueran piezas de un rompecabezas que se arman y desarman, cada vez  que surge un contrato.

¿Se trata lo de Lamia, de algo circunstancial, propio de países del tercer mundo, incluso, en el caso de Venezuela y Bolivia con gobiernos parecidos; con controles legales para operar igualmente similares, es decir laxos y permisivos en determinados casos, sobre todo si hay gente conocida? ¿O habrá que ampliar el espectro y poner bajo la lupa, a todas las empresas de aviación comercial ofreciendo vuelos a muy bajos precios?

Esperemos que esta tragedia no se recuerde solamente por la desaparición de los integrantes  de un equipo de futbol y de sus sueños, sino porque igualmente, puso ésta y otras cuestiones en la mira, impidiendo que empresas como LaMia  pudiesen volar.

@xlmlf