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José de María Romero Barea, escritor: 'Soy un embaucador'

"No soy nada consciente cuando escribo. Lo hago de modo intuitivo, pensando en otra cosa, como pide Clarice Lispector en su largo poema Acqua viva y recoge Julio Cortázar."

José de María Romero Barea, escritor: 'Soy un embaucador'
José de María Romero Barea. / Mundiario
José de María Romero Barea. / Mundiario

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Natalia Souto

Natalia Souto

Cronista de MUNDIARIO.

"No soy nada consciente cuando escribo. Lo hago de modo intuitivo, pensando en otra cosa, como pide Clarice Lispector en su largo poema Acqua viva y recoge Julio Cortázar."

 

José de María Romero Barea (Córdoba, 1972) es profesor, poeta, narrador, traductor y periodista cultural. Colabora en MUNDIARIO y acaba de publicar la novela Haia, editada y prologada por la hispanista Marina Bianchi. Entrevistado para este periódico digital, no tiene problema en definirse: "Soy un embaucador".

- Escribes narrativa y poesía ¿Qué fue primero? ¿Qué diferencias encuentras entre escribir una novela y un poemario?

- Ninguna. Cuando escribo no sé si saldrá un poema, un cuento o una novela. A veces ni una cosa ni otra o las tres al mismo tiempo. Cuando era niño escribía cuentos inspirado por Dickens, aunque ninguno ha sobrevivido. De adolescente, poemas inspirados por Lorca, que tampoco. En común, mi gusto por corregir, suprimir, que es aún más importante que añadir palabras.

- Tus poemarios: Resurrecciones, (197)2 y Talismán forman parte de una trilogía. ¿Cuál es su nexo común o hilo conductor?

- Forman parte de la trilogía “el corazón el hueco”, el hueco que sentía hace unos años, cuando rompía todo lo que escribía. En cierta forma, los tres libros son un largo poema épico, en fragmentos: el héroe es mi voz, que se abre paso a través del silencio hasta llegar al corazón. 

- Tu primera novela “Hilados Coreografiados. Interrupciones I” se publicó en 2012, con prólogo de Fernando Iwasaki. ¿Qué tienen en común ambas novelas?

- “Hilados Coreografiados” es la primera entrega de “Interrupciones”, mi serie narrativa. Le sigue “Haia”. Mi amiga la poeta Adriana Schlittler me preguntó hace poco a qué género pertenecen. No supe qué contestarle. ¿Experimental? ¿Poético? A mí me gusta decir que son mis memorias. Por despistar, supongo. Fernando Iwasaki escribe en la contraportada que mi primera novela es poesía. No seré yo quien le lleve la contraria, aunque suelo desconfiar de ese tipo de novelas. 

 

Portada de Haia. / Mundiario
Portada de Haia. / Mundiario

 

- Acaba de aparecer tu novela “Haia”. Ha sido editada y prologada por la hispanista Marina Bianchi. ¿Cómo se gestó? ¿Tenías claro el estilo o escribías de modo intuitivo?

- No soy nada consciente cuando escribo. Lo hago de modo intuitivo, pensando en otra cosa, como pide Clarice Lispector en su largo poema “Acqua viva” y recoge Julio Cortázar en su poemario “Salvo el crepúsculo”. “Haia” se inspira en Sevilla, la única ciudad que me hace sentir escritor. La escribí en mi piso de Jesús del Gran Poder. Salía de allí para entrar en la novela y viceversa. Lo leyó mi amiga la hispanista Marina Bianchi y escribió un prólogo que es lo mejor del libro. Quisiera agradecer a Marina y a Edizioni Nuova Cultura su apoyo. Sin él, este libro jamás hubiera encontrado sus lectores.

- ¿Qué temas te preocupan y tratas en el libro?

- En la serie narrativa “Interrupciones”, Alex y Polifemo, Ruth y Haia, Anouk y Deseada, Gina, Katze y Mitze deambulan por los lugares de la ciudad, a veces sorprendidos por la brutalidad de algunas coincidencias, otras conmovidos. Yendo y viniendo, intentando atar cabos donde no los hay, buscando justicia (poética) donde no es necesario. Se dirigen, como cualquiera de nosotros, a un lugar determinado para acabar, por lo general, en otra parte. “Haia” participa de todas las coincidencias que “Interrupciones” nos depara. Juntas, forman una especie de fábula, una parábola moralista sobre la música y la experiencia.

- Si tuvieras que definirte, ¿cómo lo harías?

- Como digo en el poema VII de “(mil novecientos setenta y) Dos”, medio en serio, medio en broma, “Escribiendo no he podido evitar sentirme una especie de embaucador. Como si ocupara una silla en la que otro debería estar sentado, escribiendo palabras que no me pertenecen, que otro debería haber dicho. Y la cosa no mejora si uno deja de hacerlo”.

- ¿Cuáles son tus proyectos futuros?

- Mis dos hijas de tres y seis años.