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Gestación subrogada: ¿vientres o personas?

La derecha política, representada por el PP y Ciudadanos está agitando un extraño debate alrededor de la gestación subrogada, eufemismo para designar lo que  popularmente se conoce como “vientres de alquiler”, denominación más  expresiva

Gestación subrogada: ¿vientres o personas?
Representación de la gestación subrogada. / embarazo10.com
Representación de la gestación subrogada. / embarazo10.com

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José Luis Méndez Romeu

José Luis Méndez Romeu

Licenciado en Pedagogía. Exdiputado y exportavoz parlamentario del PSdeG - PSOE. Exconselleiro del Gobierno de Galicia y exsecretario de Estado del Gobierno de España. Columnista de MUNDIARIO.

Según salimos de la crisis vamos descubriendo que las formaciones políticas nacidas al calor de la misma y que proponían reinventar la sociedad desde postulados que ellas mismos llamaban “transversales” o “nuevos ejes”, se han transformado en copias de sus mayores. Las categorías clásicas, derecha e izquierda, vuelven a dominar el escenario público y quienes enarbolaban las nuevas banderas son ahora los primeros en alinearse bajo la división clásica.

La derecha política, representada por el PP y Ciudadanos está agitando un extraño debate alrededor de la gestación subrogada, eufemismo para designar lo que  popularmente se conoce como “vientres de alquiler”, denominación más  expresiva. Lo hacen alegando “el derecho a tener hijos” y la libertad de las personas. Detrás de esa propuesta, la presión de distintos tipos de familia que por razones biológicas, de género o profesionales, no pueden concebir. Ni la Declaración de los Derechos Humanos ni la Constitución reconocen tal derecho, como no reconocen el “derecho a tener padres”, pretensión que ningún Tribunal podría acordar por las obvias  limitaciones que tal pretensión entraña.

No se conoce demanda alguna de colectivos de mujeres que deseen ser vientres de alquiler en condiciones altruistas. Disociar la maternidad del embarazo como se pretende, no parece ser objetivo perseguido por nadie excepto por quienes están dispuestos a cosificar el vientre femenino, prescindiendo de la mujer al que pertenece.

En una suerte de regreso a la esclavitud, el cuerpo de una persona durante nueve meses pasaría a depender de un tercero ajeno, cuyos derechos se plasmarían en un contrato a cambio de un estipendio, más o menos disfrazado de ayuda de costes o indemnización por las molestias. Los derechos trabajosamente conseguidos por las mujeres, el primero a disponer de su cuerpo, serían hipotecados. El derecho a cambiar de opinión e interrumpir el embarazo, laminado. El derecho a quedarse con su hijo, y aquí sì es suyo de forma indiscutible, obviado.

Implícitamente el debate gira sobre el mercado. La necesidad de algunas personas las hace vulnerables a comerciar con lo que tienen. Cuando su fuerza de trabajo pierde valor, todavía queda su integridad física. Una vuelta de tuerca hacia la esclavitud moderna. Que un partido como Ciudadanos, que se reclama de nuevo cuño, proponga esta regresión de los derechos de las mujeres en beneficio de personas acomodadas, retrata sus valores morales más que cualquier discurso. Que dirigentes populares como el Presidente de la Xunta de Galicia abunden en esa idea ratifica la similitud entre la vieja y la nueva política.