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Elisabeta Botan, escritora y traductora, presenta su poemario Egometría

Egometría es el segundo poemario publicado por Elisabeta Botan, una edición bilingüe rumano-español que demuestra la madurez expresiva alcanzada por la autora afincada en Alcalá de Henares.

Elisabeta Botan, escritora y traductora, presenta su poemario Egometría
Portada y contraportada de Egometría. / marinacentopoema.blogspot.com
Portada y contraportada de Egometría. / marinacentopoema.blogspot.com

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Gregorio Muelas

Gregorio Muelas

Doctorado en el Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia, escritor y crítico literario y cinematográfico. Escribe en MUNDIARIO.

Egometría-Egometrie es el segundo poemario publicado por la escritora y traductora rumana Elisabeta Botan, una edición bilingüe rumano-español que demuestra la madurez expresiva alcanzada por la autora afincada en Alcalá de Henares, un trabajo integrado por setenta y cinco composiciones, en su mayoría breves.

Publicado por Limes Arca, el poemario se inicia con un prólogo de Daniel Montoly, que da cuenta de la vertiente existencial de la poesía de Elisabeta Botan, que se autodefine en la apertura del libro: “Yo soy aquella que arde en la hoguera de la palabra”. En efecto, la poeta sabe que la palabra es fuego que revivifica, de sus cenizas se erige el lenguaje.

En el poema inaugural que da título al libro, la autora define su geometría como “laberinto de cicatrices fosilizadas”. En la búsqueda de su ser se afanan estos poemas, de nuevo el verso libre es la forma elegida para expresar sus inquietudes y afirma que “la poesía es nuestro único territorio/ más allá de él no existimos” (“La quintaesencia del amor”).

Elisabeta Botan hace de la palabra principio y fin de su existencia, por ella describe el mundo como “Tierra de letras”, y en ella encuentra cobijo cuando el ser amado se encuentra ausente. Las palabras son la prolongación de su ser y del ser que ama.

La poesía de Elisabeta Botan no está exenta de romanticismo, pues a su marido dedica varios poemas (“Me duermo en tus brazos/ y me despierto en los versos del más bello de los poemas.”); y de ternura, como en “Poema para Bianca”:

 

Me abrazas, niña, con tu vuelo

del color de un brillante polvo,

y nos escapamos por el cielo

de tus dibujos

hasta los manantiales de la metáfora.

 

Pero también encontramos composiciones donde el desengaño y la pesadumbre se adueñan del verso en un discurso metapoético donde de nuevo la palabra, el poema y sus límites, establecen un marco ilusorio en forma de espejismo.

En el orden interno que organiza el poemario por secciones temáticas, destaca la que dedica a la memoria del padre, “Ocaso” e “Irremediable” tratan de exorcizar la pérdida a través de la palabra, pues ni siquiera los recuerdos “heridos y descoloridos de tiempo” le dejan volver a él.

Pero también hay lugar para la crítica social, así en “Szomna” denuncia el caso de una niña de etnia gitana que se suicidó porque su familia no la dejaba estudiar, y en “Je suis Fakhunda”, el asesinato en público de una joven afgana en Kabul.

La poesía es la materia sobre la que Elisabeta Botan vehicula todo el libro, versos, palabras, letras, con el deseo de evadirse de la retórica para hallar la esencia del poema, por eso su verso se adelgaza, así los poemas “La hija de Izmón”, “Azar” y “A mi buen amigo” adoptan la forma de cascada.

El poema es el punto de partida y de llegada, donde unas veces se identifica con el alma y otras se vuelve anhelo que le impele a escribir un “mapa de palabras” para salvarse de la muerte, de la nada.