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Derek Walcott: una imagen imborrable, un verso que prende en la memoria

A veces un verso cambia la marcha de un día, como pensar que Derek Walcott podrías haber sido tú, como elevar el aburrimiento a un absurdo monólogo de luz.

Derek Walcott: una imagen imborrable, un verso que prende en la memoria
Obra de Erwin Olaf./ ba-reps.com/
Obra de Erwin Olaf./ ba-reps.com/

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Manuel García Pérez

Manuel García Pérez

Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED, Premio Nacional Fin de Carrera, fue coordinador del área de Sociedad y Cultura de MUNDIARIO. Docente, investigador y escritor de narrativa juvenil, su última obra es el poemario Luz de los escombros. Actualmente es columnista y crítico de MUNDIARIO.

No me quiero. Miro en el espejo del ascensor mientras desciendo a la rutinaria cadena de acontecimientos. Los imprevisibles son ya demasiado previsibles. Miro en el espejo y no soy yo. Ni ese otro hombre que escribe por temor al tedio y a la insoportable levedad de un café descafeinado. Hay que tener huevos. Un café descafeinado por la mañana es un tributo a la pereza y a los narcóticos.

Se me ocurre un verso que nunca escribió Derek Walcott: " La niebla se extiende hasta tus manos o nace de ellas". Un verso malo, nada que ver con ese barroco sutil de: "¿Por qué estos versos duermen cual sol enrejado en un césped que enjaula ufana paloma?". Es un verso que ha traducido Luis Ingelmo y emociona, aunque el barroco no sea sutil, aunque el mundo se incendie un día más por el hastío y por las máquinas de comida rápida.

Un verso construye el mundo. Un verso comienza con un verso. La lengua es otro lugar, inmediato, lejano. Derek Walcott no toma café descafeinado.

Háblame de luces y de esas leyes que te impiden expresarte como un hombre corriente, querido Derek.