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De los abanicos de papel en las escuelas al hecho de considerar a los maestros chusma

El consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid no ha cometido ningún delito, pues ha expresado lo que piensa cualquier político sobre la Educación y sus profesionales en este país.

De los abanicos de papel en las escuelas al hecho de considerar a los maestros chusma
Locomía. / RR SS
Locomía. / RR SS

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Manuel García Pérez

Manuel García Pérez

Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED, Premio Nacional Fin de Carrera, fue coordinador del área de Sociedad y Cultura de MUNDIARIO. Docente, investigador y escritor de narrativa juvenil, su última obra es el poemario Luz de los escombros. Actualmente es columnista y crítico de MUNDIARIO.

Ante la ola de calor que estamos sufriendo estos últimos días, el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid aconsejó a docentes y alumnos que fabricaran abanicos de papel para frenar los estragos de las altas temperaturas.

Saltaron las alarmas y los medios han puesto a parir al político de turno, pero el señor Jesús Sánchez Martos ha expresado con naturalidad y espontaneidad lo que piensa la mayor parte de los políticos sobre la Educación en este país. Detrás de su frívolo comentario, además de una admiración férrea a Locomía, subyace un pensamiento pedestre y malintencionado que se extiende como una plaga: los docentes se merecen lo peor; demasiado ganan para lo que hacen; que se jodan porque son funcionarios y tienen muchas vacaciones.

Detrás de las palabras del consejero, está ese inconsciente colectivo que dice que los maestros y los profesores no son más que chusma, que cuanto peor estén, mejor le irá a un país donde la formación educativa de calidad ha pasado a convertirse en un artículo de lujo para la mayor parte de las familias, que un profesor no es nada ni nadie, y, si suda junto a sus alumnos, que se joda, que se hubiera metido en política.

No es exagerado lo que digo cuando solo hace falta revisar la moción de censura para comprobar el escaso tiempo que se le dedicó a Educación. ¿Para qué? Esa falta de sensibilidad hacia el oficio de maestro y hacia la escuela es consecuencia de otra corrupción instaurada en el animal político; y no es otra que la pereza, la desidia y la ignorancia de lo que es trabajar en un aula día tras día. Lo peor de todo es el sueldazo que gana dicho consejero para que te recuerden en los anales con su " dobla, dobla, dobla y tienes el abanico", que suena a "así planchaba así, así, ...". Pero bueno, a veces ser fan de Locomía es lo que tiene, que la noche te confunde.