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La capacidad que tienen las redes sociales de dividirnos

Irónicamente, la forma en que las personas usan las redes sociales, y los algoritmos dentro de esos sistemas, aumentan las pasiones y llevan a las personas a extremos de polarización.

La capacidad que tienen las redes sociales de dividirnos
Facebook. / facebook.com
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Armando Diéguez

Armando Diéguez

Periodista guatemalteco formado en Ciencia Política y Literatura. Escribe en MUNDIARIO. Twitter: @mundiario

Es realmente irónico que las redes sociales ayuden muchas veces a alejarnos cuando su misión era acercarnos. Un estudio publicado a fines de octubre por el Pew Research Center, señala que las personas se vuelven cada vez más sectarias en cuanto a su opiniones en las redes sociales. En temas tan diversos como el cuidado de la salud, la inmigración, la raza o la sexualidad, las personas modernas tienen opiniones más extremas y divergentes que hace una década. 

Como cualquiera que haya participado en un debate animado sabe, una mente no puede cambiarse desde afuera: tiene que cambiar desde adentro. Si bien apelar al sentimiento es más efectivo que usar un argumento genial, nuestras creencias son como músculos: solo se fortalecen cuando se esfuerzan y desafían. Esta es una característica de la naturaleza humana, y significa que las creencias son casi invencibles: cuanto más se repiten, más se cree, y cuanto más se las desafía, más se cree en ellas.

Por lo tanto, la única forma de debilitar una creencia es dejarla pasar. Cuanto más tiempo se descarta, más débil se vuelve. Cualquier atención, positiva o negativa, actúa como combustible para el fuego. Esta es la razón por la cual las redes sociales son tan poderosas. Lo más probable es que uno de nuestros amigos o conocidos esté pensando y hablando sobre alguna de nuestras creencias profundamente arraigada en un momento cualquiera del día. 

Especialmente si estas creencias son de naturaleza política y están relacionadas con un evento destacado del momento. En el pasado, no era probable enfrentarnos constantemente con tales temas a menos que siempre tuviéramos las noticias en segundo plano. Hoy, sin embargo, no solo nos enfrentamos continuamente con atentados políticos y sociales, sino que la naturaleza personal de Facebook por ejemplo, significa que nuestras respuestas emocionales son mucho más intensas.

Si estamos de acuerdo con la declaración, artículo o video publicado, no solo nos gusta el video, también nos gusta nuestro amigo. Y, al "me gusta" o al comentar sobre el fragmento compartido, reafirmamos nuestra creencia y nuestra amistad. Por otro lado, si estamos completamente en desacuerdo con el mensaje publicado, y decidimos saltar al hilo de comentarios para "corregir a nuestro amigo", solo estamos reafirmando nuestra propia creencia e incitando a nuestro amigo a reafirmar la suya.

Es una carrera hacia el fondo, y un juego donde ambas partes se fortalecen, haciendo que la destrucción mutuamente asegurada sea el único resultado posible. Así es como ocurre la polarización. En cierto sentido, no hay forma de evitar esto. La única salida es optar por inhabilitar nuestra cuenta en cualquiera de estas redes, si es que no le estamos dando el uso apropiado, ¿podrías? @mundiario